La herencia de Pedro y Pablo

viernes, 4 de julio de 2014
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04/07/2014 – El P. Ángel Rossi en relación a la reciente fiesta de San Pedro y San Pablo, nos presenta un comparativo de la vida de ambos, grandes pilares de la Iglesia, y hombres frágiles y de barro. Contemplándolos a ellos, viendo sus vidas, uno puede, como diría San Ignacio, "reflectir para sacar provecho". Algo tienen sus vidas para decirnos e iluminarnos. Contemplando a éstos dos pilares de la Iglesia, pedimos por el Papa Francisco.

San Pedro

A Pedro Jesús lo eligió desde el comienzo. "Cuando Simón va a ver a Jesús le dice: tu eres Simón, hijo de Juan, tu te llamarás Cefas, que significa piedra. El Señor lo llamó y lo distinguió desde el comienzo y lo fue formando: primero en la fe, la oración y hasta en la humildad. Muchas veces lo corregía, incluso delante de la comunidad "me negarás tres veces" y cuando Pedro le dice que no suba a Jerusalén, Jesús que un ratito antes le había dicho "bienaventurado" ahora le dice "Aléjate de mi Satanás"… lo corrige también en la autoridad del servicio, cuando en el lavatorio de los pies Pedro se niega a que Jesús le lave, le insistirá pasándole la posta, la jarra, el agua y la palangana delegándole su servicio y la herencia de su autoridad. También lo forma en la caridad hacia los demás "apacienta mi rebaño". Lo forma en el seguimiento incondicional y en la amistad. La última pregunta que Jesús le hace es ¿me amas Pedro?. En el fondo el test decisivo, incluso para purificar la traición de negarlo, no es el curriculum, cuántos títulos, si es inteligente sino el amor: ¿Pedro me amás, a pesar de todo?. 

San Pablo

Y el otro es Pablo a quien el Señor llama abruptamente. En el camino de Damasco pasa de perseguidor a apóstol, y lo incorpora a la Iglesia a pesar del rechazo de la comunidad. Ante el rechazo de Pedro y los discípulos, Pablo vuelve a su pueblo a hacer lo que venía haciendo. Pablo fue formado en la contradicción, en la persecución de afuera y de adentro. Pablo fue formado en medio de calumnias, malos entendidos, falsas acusaciones, distancias y celos. Cuando uno leer el himno de la caridad en Corintios 13, más que una linda poesía, es una caridad probada y sufrida.

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Dos hombres diferentes con un mismo amor

A ambos los une un profundo amor al Señor y la cruz. Pablo va a decir "no me hablen sino de Cristo y Cristo crucificado"; Jesús le dirá a Pedro "cuando eras joven ibas a donde querías y cuando seas grande te llevarán a donde no quieras" hablándole de la cruz. El P. Ángel Rossi tomó una reflexión de Clemente Sobrado C. P.

Dos hombres diferentes.
Dos llamadas diferentes.
A Pedro, Jesús le llama mientras recoge las redes.
A Pablo, Jesús le llama mientras va persiguiendo a los cristianos.
Dos momentos bien diferentes y dos actitudes distintas.
Pedro, el hombre del Lago sin mayores prejuicios.
Pablo, el hombre que lleva el corazón de resentimientos contra todo lo que suene a Jesús.
Ninguno de los dos fue llamado en el Templo.
Ninguno de los dos estaba rezando y leyendo la Palabra.

Para Dios no hay espacios especiales.
Incluso, a Dios no lo importan los momentos.
Ni siquiera las actitudes o disposiciones del corazón.
La gracia de Dios llama cuando menos lo esperamos.
La gracia de Dios llama, incluso cuando le estamos rechazando.
La gracia de Dios cuando toca el corazón hace que dejemos barcas y redes.
La gracia de Dios cuando toca el corazón hace que todos los resentimientos den paso al grito de “¿Quién eres, Señor?”

El poder de la gracia es más que todos los problemas y dificultades.
La gracia de Dios es capaz de actuar en los sencillos.
La gracia de Dios es capaz de actuar también en los rebeldes y resentidos.

Pedro se encuentra con el Jesús que comienza su predicación.
Pedro sigue a Jesús por los caminos polvorientos.
Pedro tiene que pasar por los momentos difíciles de la Pasión.
Pablo se encuentra con el Jesús resucitado.
Pablo se encuentra con el Jesús que sigue vivo en la Iglesia.

Pedro será la piedra firme sobre la que Jesús edificará su Iglesia.
Pablo será el misionero que abre la Iglesia a la gentilidad.
Pedro será el que da unidad a la Iglesia.
Pablo será el que funda las pequeñas iglesias entre los gentiles.
Pedro será el pastor del rebaño.
Pablo será el que hace misionera a la Iglesia.
Pablo será el misionero peregrino capaz de enfrentarse con los suyos y con los gentiles y que no temerá pasar por infinidad de dificultades y sufrimientos.

Es que cuando:
Se ha descubierto la verdad de Jesús, ningún obstáculo es capaz de detenernos.
Se ha aceptado la verdad de Jesús y del Evangelio, no hay camino que nos impida llevar la verdad.
Se ha descubierto y a aceptado a Jesús, las vidas se ponen a su servicio.

Hombres distintos.
Con llamadas distintas.
Con caminos distintos.
Pero unidos en el mismo ideal de Jesús y del Evangelio.
Pero unidos en que los dos son capaces de entregar sus vidas por el Evangelio.
Caminos diferentes que terminan en un solo camino, el del martirio.

Dos milagros de la gracia.
Dos milagros de la gracia que nos hablan de las posibilidades de Dios en nosotros.
Dos milagros de la gracia que nos hablan de que para Dios nada hay imposible.
Dos milagros de la gracia que nos hablan de lo que cada uno podemos ser.
Dos milagros de la gracia que nos hablan de que cada uno tenemos nuestro camino.
Dos milagros de la gracia que nos hablan de que siendo diferentes: Hay un Jesús que nos une y entusiasma.
pablo dirá “No quiero saber otra cosa que a Jesús, y este crucificado”.
Hay un Evangelio que nos une y nos abre a la esperanza.
Hay una Iglesia que nos une y nos compromete en su acción misionera.

¿Alguien puede decir que él no sirve?
¿Alguien puede decir que él no puede?
“Todo lo puedo en aquel que me conforta” dirá Pablo