El Papa pidió por la paz en Medio Oriente: “¡Recen, por favor!”

miércoles, 6 de agosto de 2014
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06/08/2014 – El Papa Francisco retomó las audiencias generales de los miércoles, tras un mes de julio en el que ha reducido sus actividades pero sin irse de vacaciones. A causa de las altas temperaturas de estos días, la audiencia se ha celebrado en el interior del Aula Pablo VI. Pocos minutos antes de las 10.00, Francisco ha llegado al atrio del aula y ha pasado saludando a los fieles procedentes de distintas partes del mundo, que llevaban sus carteles, pancartas y banderas. Miles de cámaras y tablets inmortalizaban el momento del paso del pontífice argentino y algunos se acercaban a él para poder hacerse un selfie.

Durante la audiencia, el Santo Padre ha expresado su cercanía a la población de la provincia china del Yunnan, golpeadas el domingo pasado por un terremoto que ha provocado numerosas víctimas y grandes daños. “Rezo por los difuntos y por sus familias, por los heridos y por los que han perdido la casa. El Señor de consuelo, esperanza y solidaridad en la prueba”, ha sido el deseo del Papa.

Asimismo, ha dedicado unas palabras hoy al venerable siervo de Dios Pablo VI, en el aniversario de su muerte, el 6 de agosto de 1978. Por eso, Francisco ha indicado que “lo recordamos con afecto y con admiración, considerando como vivió totalmente dedicado al servicio de la Iglesia, que amó con todo su ser. Su ejemplo de fiel servidor de Cristo y del Evangelio sea de ánimo y de estímulo para todos nosotros”.

Por otro lado, durante el saludo a los peregrinos de lengua árabe, el Papa pidió nuevamente rezar mucho por la paz en Medio Oriente.

Retomando las catequesis semanales, hoy el Pontífice reflexionó sobre la alianza de Dios con su pueblo. En el resumen hecho en español por el Papa, ha indicado: “queridos hermanos y hermanas, en la catequesis de hoy contemplamos a la Iglesia como nuevo Pueblo de Dios, que se funda sobre la nueva Alianza sellada con la sangre de Jesús. La figura de Juan el Bautista es muy significativa puesto que prepara al pueblo para recibir al Señor. De esta manera, hace de puente entre la promesa del Antiguo Testamento y la plenitud de su cumplimiento en el Nuevo. En la montaña del Sinaí, Dios había establecido una alianza con Moisés entregándole los diez mandamientos. También Jesús, sobre una pequeña colina, entrega a sus discípulos una enseñanza nueva, que comienza con la bienaventuranzas. Ella son como el retrato de Jesús, su forma de vida y el camino de la felicidad que anhela el corazón humano. Además de la nueva ley, el Señor nos invita a reconocerlo en los pobres, en los que sufren, en los que pasan necesidad. De esto se nos juzgará al final de nuestra vida. La nueva alianza consiste precisamente en reconocer que gracias a Cristo la misericordia y la compasión de Dios non rodea”.

A continuación, ha saludado a los peregrinos de lengua española, en particular “a los grupos venidos de España, México, Argentina y otros países latinoamericanos. Hoy celebramos la fiesta de la Transfiguración del Señor. Pidamos a Jesús que su gracia nos transforme a imagen suya, para que viviendo según el espíritu de las bienaventuranzas seamos luz y consuelo para nuestros hermanos. Muchas gracias y que Dios los bendiga”.

Al concluir los saludos en las distintas lenguas, Francisco ha dirigido un pensamiento especial a los jóvenes, enfermos y recién casados. “La Fiesta de la Transfiguración del Señor nos estimule a no perder nunca la esperanza, y a abandonarnos en las manos del Cristo que, sin nuestro mérito, nos ha salvado y redimido”, ha pedido el Papa.

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Este es el texto completo de la catequesis del Papa Francisco sobre “La Iglesia, nueva alianza y nuevo pueblo”:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! en las catequesis precedentes hemos visto como la Iglesia constituye un pueblo, un pueblo preparado con paciencia y amor por Dios y al cual estamos todos llamados a pertenecer. Hoy quisiera subrayar la novedad que caracteriza este pueblo. Hay una novedad que le caracteriza. Se trata realmente de un pueblo nuevo, que se funda sobre la alianza, establecida por el Señor Jesús con el don de su vida. Esta novedad no niega el camino precedente ni se opone a él, sino que lo lleva adelante, a cumplimiento.

Hay una figura muy significativa, que actúa como una unión entre el Antiguo y el Nuevo Testamento: la de Juan Bautista. Para los Evangelios sinópticos es el “precursor”, el que prepara la venida del Señor, preparando al pueblo a la conversión del corazón y a la acogida de la consolación de Dios ya cercana. Para el Evangelio de Juan es el “testigo”, ya que nos hace reconocer en Jesús al que viene de lo alto, para perdonar nuestros pecados, y hacer de su pueblo su esposa, primicia de la nueva humanidad. Como “precursor” y “testigo”, Juan Bautista juega un papel central en toda la Escritura, ya que hace de puente entre la promesa del Antiguo Testamento y su cumplimiento, entre las profecías y su cumplimiento en Jesucristo. Con su testimonio, Juan nos muestra a Jesús, nos invita a seguirlo, y nos dice en términos inequívocos que esto requiere humildad, arrepentimiento y conversión. Es una invitación que hace a la humildad, al arrepentimiento y a la conversión.

Como Moisés había estipulado la alianza con Dios, en virtud de la Ley recibida en el Sinaí, así Jesús, desde una colina junto al lago de Galilea, entrega a sus discípulos y a la multitud una nueva enseñanza que comienza con las bienaventuranzas. Moisés desde la Ley en el Sinaí, y Jesús, el Nuevo Moisés, desde la nueva Ley en la orilla del lago de Galilea. Las Bienaventuranzas son el camino que Dios muestra como respuesta al deseo de felicidad inherente en el hombre, y perfeccionan los mandamientos de la Antigua Alianza. Estamos acostumbrados a aprender los diez mandamientos, seguro, todos vosotros los sabéis. En la catequesis los habéis aprendido. Pero no estamos acostumbrados a aprender las bienaventuranzas. Vamos a probar a recordarlas y grabarlas en nuestros corazones. Hacemos una cosa, yo diré una detrás de otra. Yo digo una y vosotros repetís.

Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.

Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los que buscan la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.

Bienaventurados seréis cuando os injurien, os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos porque vuestra recompensa será grande en los cielos.

¡Muy bien! Pero hacemos una cosa, os doy una tarea para casa, una tarea para hacer en casa. Coged el Evangelio, el que lleváis con vosotros, recordad que debéis llevar siempre un pequeño Evangelio con vosotros en el bolsillo, en el bolso. O el que tenéis en casa. Tomad en Evangelio y en los primeros capítulos de Mateo, el 5, están, están las bienaventuranzas. Y hoy, mañana, en casa, leedlo. ¿Lo haréis? Y no lo olvidéis porque es la Ley que nos da Jesús. ¿eh? ¿Lo haréis? Gracias.

En estas palabras está toda la novedad traída por Cristo. Y toda la novedad de Cristo está en estas palabras. De hecho, las Bienaventuranzas son el retrato de Jesús, su forma de vida; y son el camino de la verdadera felicidad, que también nosotros podemos recorrer con la gracia que Jesús nos da.

Además de la nueva Ley, Jesús nos enseña también el “protocolo” sobre el que seremos juzgados: porque al final del mundo seremos juzgados. ¿Y qué preguntas se harán allí? ¿Cuáles serán estas preguntas? ¿Cuál es el protocolo sobre el que se juzgará? Es lo que encontramos en el capítulo 25 del Evangelio de Mateo. 25. Hoy la tarea es leer el quinto capítulo del Evangelio de Mateo, donde están las bienaventuranzas. Y también leer el 25, donde está el protocolo, las preguntas que nos harán el día de juicio.

No tendremos títulos, créditos o privilegios para situarnos. El Señor nos reconocerá si nosotros lo hemos reconocido en el pobre, en el hambriento, en el indigente y marginado, en quien sufre y está solo. Y este es uno de los criterios fundamentales de verificación de nuestra vida cristiana, sobre la cual Jesús nos invita a medirnos cada día. Yo leo las bienaventuranzas, pienso como debe ser mi vida cristiana y después hago el examen de conciencia con este capítulo 25 de Mateo. Cada día. He hecho esto, esto, esto. Nos hará bien, porque son cosas sencillas pero concretas.

Queridos amigos, la nueva alianza consiste precisamente en esto: en reconocer, en Cristo, envuelto de la misericordia y de la compasión de Dios. Es esto que llena nuestro corazón de alegría, y es esto que hace de nuestra vida un testimonio bonito y creíble del amor de Dios para todos los hermanos que encontramos cada día. Recuerden la tarea: leer el capítulo 5 y el capítulo 25 de Mateo.

Zenit