Regar la vida, uno y todos los días – P. Mariano Oberlin

martes, 28 de marzo de 2017
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28/03/2017 – El Padre Mariano Oberlin es sacerdote de la Arquidiócesis de Córdoba, reconocido por su fuerte labor en Bº Müller con la comunidad, en prevención de adicciones y recuperación de adolescentes y jóvenes. Hacia fines de 2016 fue protagonista de un doloroso episodio cuando dos jóvenes lo asaltaron y su custodio, por defenderlo, terminó hiriendo y causando la muerte de uno de ellos. Tras algunos meses, Mariano volvió a escribir en su cuenta de Facebook. Allí, tomando como alusión su experiencia con una huerta, plantea que “no es facil cuidar la vida” y que ” efectivamente hay que regarla… Todos los días… Uno tras otro…”.

 

 

Texto completo

 

El tiempo en que estuve de silencio, entre otras cosas, hice una huerta.

Nunca he sido horticultor, ni conozco mucho del tema, aunque tampoco me es del todo ajeno.

Lo cierto es que teníamos un proyecto de huerta que estaba trabado, y me pareció bueno intentar reflotarlo, puesto que quizás en esto encontraba alguna clave para reflotar algunos sueños e ilusiones que en un abrir y cerrar de ojos se habían desintegrado.

He leído y escuchado muchas teorías sobre cómo trabajar la tierra, pero tengo muy poca práctica. Así es que empecé por la más tradicional, que es la que he visto que utilizan las quintas productivas que conozco.

Empecé desyuyando el terreno de a poquito. Luego fui cavando los surcos. En algunas partes aboné con chipeado de ramas y hojas, o con bosta de cabra, y en otras partes la tierra estaba hermosa, así es que no hizo falta abonar. En algunos casos puse semillas (incluso puse unas semillas que recuperé de una sandía que comimos con mi familia, y ya están dando frutos) y en otros, pequeños plantines comprados. Y de ahí en más no noté mucha más ciencia que regar y desyuyar periódicamente (más aún en este caso, puesto que no usé ningún tipo de agrotóxico ni fertilizante sintético).

No mucha más ciencia pero no mucho menos laburo.  Y esto, al principio, me parecía mágico. Movés la tierra, sembrás, regás, desyuyás, y cosechás los frutos. Pero cuando la huerta empezó a tomar forma, y ya no era un surco sino varios, y cada siembra me llevaba más tiempo del que quería dedicarle, y los yuyos se venían encima y empezaban a ahogar las plantas, y ya me dolía la cintura de tanto sacar yuyos, y todavía no se veían los frutos, ya la cosa no era tan mágica.

Y pasó que una semana no pude estar en la huerta, y a falta de riego se secaron varios surcos que recién estaban germinando y varios plantines recién plantados. Y aunque me hubiera gustado echarle la culpa a otro, el responsable de la huerta era yo.

Y entendí que no basta con tener claro que para que la huerta funcione hace falta el riego, sino que efectivamente hay que regarla… Todos los días… Uno tras otro…

Hasta que un día, casi inesperadamente, la planta explota en frutos preciosos. Primero una… después otra… y otra…
Pero aún mientras están dando frutos hay que seguir regándolas, y cuidando que no las tapen los yuyos.

Y es que no es fácil cuidar la vida.

Podemos dar cátedra sobre cómo cuidar la vida, pero si no la regamos todos los días, la vida se muere. Podemos levantar todas las banderas que se nos ocurran, defender derechos y reveses, erigirnos en paladines de la justicia, inundar kilómetros de fibra óptica con tinta cibernética esgrimiendo causas y condenado culpables desde un escritorio, pero si no estamos día a día ahí en donde la sequía agrieta la vida de nuestros jóvenes, ahí en donde las drogas, el abandono, la discriminación, el consumismo, la invisibilidad, les van secando las ganas de vivir… y aún estando ahí, si no creamos canales de riego con fuentes de agua sustentables, si no inventamos estrategias, si no ofrecemos oportunidades concretas, reales, sostenidas en el tiempo, hasta que se den los frutos e incluso cuando ya se ven los frutos, y volviendo a intentar una y otra vez mientras los frutos no aparecen, la vida se escapa. A la vida hay que regarla y mirar por ella todos los días y toda la vida.

Hoy siento que no tengo derecho a hablar de esto, pero con la huerta me di cuenta también de que, aún cuando una parte de los surcos se secó por falta de agua, hay muchos otros surcos que necesitan seguir siendo regados cada día.