martes, 5 de junio de 2018

A Dios lo que es de Dios

martes, 5 de junio de 2018
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05/06/2018 – Hoy en el Evangelio de San Marcos, Jesús advierte sobre la necesidad de estar atentos y saber discernir en lo concreto y en lo puntual. Astutos como serpientes y mansos como palomas, a esto nos invita las palabra de hoy, a esta actitud que Jesús una y otra vez le dice a los discípulos del modo como tienen que moverse en el mundo al que pertenecen sin ser de este mundo los discípulos están llamados a permanecer en el mundo y para eso hace falta una actitud clara de sabiduría, astucia, de inteligencia, de darse cuenta, de estar despierto, de no ser ingenuos.

 

Catequesis en un minuto

 

Le enviaron después a unos fariseos y herodianos para sorprenderlo en alguna de sus afirmaciones. Ellos fueron y le dijeron: “Maestro, sabemos que eres sincero y no tienes en cuenta la condición de las personas, porque no te fijas en la categoría de nadie, sino que enseñas con toda fidelidad el camino de Dios. ¿Está permitido pagar el impuesto al Cesar o no?. ¿Debemos pagarlo o no?”. Pero él conociendo su hipocresía, les dijo: “¿Por qué me tienden una trampa?. Muéstrenme un denario”. Cuando se lo mostraron, preguntó: “¿De quién es esta figura y esta inscripción?”. Respondieron: “Del Cesar”. Entonces Jesús les dijo: “Den al Cesar lo que es del Cesar, y a Dios, lo que es de Dios”. Y ellos quedaron sorprendidos por la respuesta.

Marcos 12,13-17

 

Hoy es uno de esos evangelios dónde al Señor quieren tenderle nuevamente una trampa y Él sabe como dar respuesta a la perspicacia, astucia y oscuridad con los que los hombres que pertenecen al mundo de las tinieblas, dirá Jesús, quieren una vez más encontrarle a Él, un lugar desde dónde poder tener para acusarlo.

¿Cuál es la trampa que le están tendiendo a Jesús? Aquí hay una indicación, hay que pagar los impuestos, ¿Lo pagamos o no lo pagamos?

La pregunta no tiene que ver con la legitimidad del impuesto, sino con la trampa que se esconde detrás de ella. Si Jesús dice, hay que pagar el impuesto, Jesús estaría como para un grupo importante en Israel diciendo, hay que reconocer al Cesar. Y por lo tanto reconocer al Cesar supone reconocer una determinada divinidad en él, esto supone como una acusación desde dentro del judaísmo que puede terminar con la doctrina de Jesús que busca ponerlo al padre Dios del que él habla en el corazón mismo de la sociedad nueva, del reino nuevo que Jesús viene a implantar. Si llega a decir Jesús paguen el impuesto, puede ser interpretado así y pueden tener para acusarlo de estar reconociendo una divinidad que no es la que Israel ha encontrado en su peregrinar desde siempre.

Si Jesús dice no paguen el impuesto, entonces se pone en contra de la autoridad, que en ese tiempo aunque no legítima, gobierna sobre el pueblo y puede ser acusado por los mismos judíos en atención a los mismos romanos, como un revolucionario, a uno que tiene dentro de su grupo a dos celotes y por lo tanto Él mismo es un guerrillero de aquella época que viene como a poner las cosas en contra del imperio y altera el orden y todo esto que gira alrededor de un discurso populista que viene como a querer a enrostrarle a Jesús su condición de ser un revoltoso popular. Jesús, pide la moneda, ¿a ver que tenemos aquí?, el rostro del Cesar, muy bien denle al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios.

Con esto está diciendo, hay que pagar el impuesto, aunque la autoridad no sea legítima y al mismo tiempo, hay que diferenciar a ese que está allí con Dios. Ese no es Dios. A Dios lo que es de Dios y al Cesar lo que es del Cesar. Si el Cesar, que es el que gobierna temporalmente, aunque no sea legítimo su modo, pide el impuesto, a él habrá que darle el impuesto.

En realidad no es el tema del impuesto lo que está en juego, sino el tema de la dignidad. ¿Quién es el que lleva adelante la divinidad?, no es el Cesar. Al Cesar lo que es del Cesar, a Dios lo que es de Dios. Esto nos permite a nosotros como a meternos en el mundo de los dioses falsos, que en este tiempo también piden pleitesía, reverencia, atención.

A Dios lo de Dios y a estos nuevos señores que quieren asumir condiciones casi mesiánicas en su lugar de preponderancia, de protagonismo en la sociedad lo que sencillamente les corresponde, si fuera un reconocimiento, un reconocimiento, si fuera sencillamente un avalar su capacidad por ser hombre o mujeres del espectáculo y se merecieran este tipo de mirada que reconoce en el arte o en el poder de presentar en lo público algo que eleva la cultura, bien, cuando sea por su condición deportiva que tienen una posibilidad, también, si fuera que son políticos destacados, que han puesto la cosa en su lugar, cosa que en este tiempo no es que sea lo que más salta a la vista también, pero tenemos como una consideración de endiosar todo cuando no tenemos contacto con el Dios directo.

Cuando se lo niega a Dios todo comienza a ocupar el lugar de Dios y todo se endiosa fácilmente. Tenemos un mundo lleno de dioses, porque Dios no ocupa su lugar. Le demos a Dios su lugar, a Dios lo que es de Dios. Y dejemos que estos otros Señores en los cuáles nosotros hemos proyectado nuestro anhelo y deseo de Dios ocupen el suyo. Un reconocimiento si fuera que lo merecen legítimo a su condición destacada, pero no endiosemos lo que no puede ser endiosado. Poner a Dios en su lugar.

Catequesis completa