lunes, 7 de abril de 2014

Día 11: Jesús es tentado en el desierto

lunes, 7 de abril de 2014
image_pdfimage_print

02/04/2014 – Nos encontramos para seguir este camino de seguimiento de Jesús, conforme a la propuesta de San Ignacio de Loyola. A partir de las dos banderas, Ignacio supone que lo queremos seguir a Cristo pero allí nos invita a que nos preguntemos si lo hacemos desde Dios o de otro modo, y por ende no lo seguimos. San Ignacio descubre que es una gran dificultad no seguir a Cristo en sus criterios, porque eso nos hace correr el riesgo de que nuestros proyectos no sean de Dios sino contrarios. Además, las dos banderas nos ayudó a conocer internamente los engaños del mal, y las características del verdadero camino.

Nuestro modo de rezar es abrirnos a la gracia que Dios quiere regalarnos, y pedirlo insistentemente. El trabajo mas arduo nuestro es disponernos y dejar que los sentimientos que vamos teniendo nos vayan conduciendo a la voluntad de Dios, rechazando lo que no nos ayuda y aceptando lo que nos conduce. De ahí la importancia a poder examinarnos, para descubrir de dónde vienen los sentimientos. Siempre después del momento de oración, deberemos anotar alguna palabra o frase.

Siguiendo la propuesta de las dos bandera veremos cómo Jesús la pelea en su corazón. Él nos acompaña en esta situación de ser probados y tentados. Jesús es tentado y Él no lo provoca sino que le llega. Todos somos tentados y tenemos dificultades. El misterio del mal siempre está presente en la vida de las personas. Jesús va a la oración, necesita encontrarse con su Padre a solas, pero sabe que también se va a encontrar con el misterio del mal, con las fuerzas que a los seres humanos se nos cruzan en la vida. Jesús también fue tentado y sacudido.

 

Jesús es tentado 

(Mt 4, 1-11 / Lc 4, 1ss) – Jesús va al desierto y va a buscar en su oración al Padre. San Ignacio nos propone un camino de sabiduría y discernimiento, y sobretodo la gracia de Dios, para resistir en la lucha interior.

Jesús está en el desierto y comienza a sentir los días de pesadez, de ayuno, de soledad…. ha rezado mucho y está cansado y es ahí donde comienza la tentación. El espíritu del mal aparece cuando tenemos la guardia baja, estamos cansados, donde el corazón se afloja un poco y estamos abatidos. Sería como nuestros atardeceres de todos los días y los atardeceres por alguna dificultad. Ahí las cosas no nos parecen llevaderas y todo se torna cuesta arriba. El comienzo de nuestra oración tiene que ser a partir de sentir que Él está con nosotros. Le pedimos gracia de conocer los engaños que podemos recibir.

Jesús frente al poder

El demonio le presenta estra situación: “si eres el Hijo de Dios di que estas piedras se conviertan en pan”. La tentación es “che el mundo anda para atrás, ¿por qué no haces algo?”. Es un poco lo que le pedimos a Dios “¿por qué no hacés tal cosas? ¿por qué yo soy así de debil?”. Es la tentación de la potencia más que del poder. Hay una provocación a que Dios se muestre fuerte. El demonio lo tienta a que se muestre como poderosos. Es la primer tentación que vamos a sentir, el poseer. En este caso el transformar todo “mágicamente”.

Y la respuesta de Jesús es propia de un judío piadoso, propio de su tiempo, y contesta como desde el último banco. Él no ostenta su figura ni su lugar, sino que habla como tenemos que hacer todos. “No sólo de pan vive el hombre”. Las cosas no nos cambian las cosas, por ende no sólo de las cosas vive el hombre sino la Palabra de Dios. Después de todo si el corazón no cambia, en realidad no hay transformación. Aquí las buenas voluntades se pierden en su propio egoísmo, por eso la escuela del despojo y de desprenderse de toda posiblidad de creernos algo es lo primero que Jesús nos enseña.

Este tiempo de pobreza nos hace acordar a algo que nos dice Francisco en la exhortación evangélica en el punto 234. Son las tentaciones que el Papa nos señala especialmente: “La unidad prevalece sobre el conflicto”. Es lo mismo que Jesús está haciendo ahora, está haciendo prevalecer la unidad propia y la de su Padre. Las cosas nos dispersan y nos hacen perder el horizonte, por ambición. El horizonte es lo que nos mantiene unidos, y mientras tengamos el resto de los elementos en función de el, podemos estar unidos. Es como una familia, ver quién tiene la razón nos parte y nos disgrega y si encima le dejamos lugar a las emociones, es peor. Apostar a la unidad es tener este despojo de poder decir “no me interesa tener la razón, lo mejor es lo que sea mejor para todos y esa es la unidad”.

Jesús apuesta a esa unidad interior que hace a la unidad de todo. Muchas veces tuvo que agachar la cabeza a pesar de muchas estupideces y ceder espacio a los poderosos con sus mentiras para que prevalezca el mensaje de amor y unidad entre Dios y los hombres. Preguntarnos nosotros si en verdad nos jugamos por nuestra unidad interior o si apostamos más a las cositas, a no mostrarme que perdí. A Jesús no le interesa, y muchos se han desilucionado de Él. Lo que a Él le importa es lo que Dios ve en el corazón.

El tiempo es superior al espacio (222): “Darle prioridad al tiempo es ocuparse de iniciar procesos más que de poseer espacios. El tiempo rige los espacios, los ilumina y los transforma en eslabones de una cadena en constante crecimiento, sin caminos de retorno. Se trata de privilegiar las acciones que generan dinamismos nuevos en la sociedad e involucran a otras personas y grupos que las desarrollarán, hasta que fructifiquen en importantes acontecimientos históricos. Nada de ansiedad, pero sí convicciones claras y tenacidad”. Educar, ayudar, formarse y acompañar procesos eso es lo verdaderamente fructífero con marchas y contramarchas pero sin perder el horizonte.

Jesús no se pone ansiosos, sabe que la tentación viene, que las personas no siempre lo van a entender, y sin embargo nos acompaña igual.

 

Jesús frente a la vanidad

En la segnda tentación, el dominio apunta a que Jesús caiga en su vanidad. Le dice “tirate que los ángeles, dice la escritura, te van a sostener”. Sería un “vos sos poderoso, sos el Hijo de Dios, salí volando y de paso te van a creer. Vos sabés con qué hacerlo. ¿Por qué no mostrarle al mundo quien sos y listo?”. Pero Jesús sabe que ese no es el estilo de Dios ni el suyo. Jesús fiel se mantiene en su lugar. Es el Hijo, y nos viene a mostrar que Dios nos ama como un Padre y no necesita que nos hagamos dioses sino simplemente alegrarse con que compartimos su amor. Él, en todo caso, necesita mostrarnos que siendo hijos es la única forma. Y le dice simplemente: “No tentarás a Dios”.

Para muchos de nosotros, esta situación, sería una humillación. Son esas ocasiones en las que podríamos hacernos valer, y mostrarnos muy dotados en lo que hacemos. No está mal, lo que no está bueno es “creernoslá”, como si exhibirse fuera la única forma de convencer. Jesús no vino a convencer sino a mostar un camino de seguimiento.

Jesús contesta con cierto dejo de humillación. Es lo que San Ignacio nos propone como respuesta a la vanidad: irnos al mazo, aceptar que somos impotentes, que los caminos de Dios son otros. Es la humillación de renunciar a la propia impotencia. El Papa Francisco nos dice que “la realidad es más que la idea” (231). “Esto supone evitar diversas formas de ocultar la realidad: los purismos angélicos, los totalitarismos de lo relativo, los nominalismos declaracionistas, los proyectos más formales que reales, los fundamentalismos ahistóricos, los eticismos sin bondad, los intelectualismos sin sabiduría”. Todas esos son idealismos, en cambio Jesús se planta en la realidad. Él es misericordioso, propio de un Dios que está encarnado. Somos débiles y está bueno aceptarlo así. Muchos se escandalizan cuando viven emociones fuertes, situaciones que no puede afrontar, y sin embargo forma parte de la vida. Animarse a decir: acepto mis límites. En este caso, la tentación es a pasar los límites.

 

Jesús frente a la soberbia

Por último, Jesús es tentado a la soberbia. El demonio le dice “si me adorás…” que sería “si nos unimos, si negociamos, entonces vas a tener todo esto”. Es verdad, los sujetos ambiociosos y hábiles pueden tener todo. Es lo que nos propone el demonio. Podés sentirte un rey, un ganador, un héroe… Es un ideal falseado, y suponen un camino peligroso. Jesús dice “sólo al Señor tu Dios adorarás”. Él sólo se arrodilla a su Padre porque sólo pone su confianza en Él. Es lo que decíamos el primer día de ejercicios en relación a la reverencia. ¿A quién adorás? ¿en quién ponés tu confianza?. Es una invitación a no confiar en los ídolos y mucho menos en nuestro propio yo. Curiosamente mientras más soberbios somos, más desesperados estamos. Cuánto más nos la creemos es porque muy impotentes nos sentimos en el fondo.

Poner nuestras propias tentación junto a Jesús y vivirlas con Él. Sentir su silencio, cómo le cruje el estómago por el ayuno, cómo comienza a inquietarse, cómo le tiembla el corazón y cómo te tiembla a vos. Aparecerán nuevas tentaciones en la vida de Jesús: los fariseos que lo provocan, Pedro que le dice que no vaya a la cruz. Será tentado hasta el extremo, por ende no tengas miedo, Él está con vos en tus tentaciones. A nosotros nos toca estar con Él, e ir aprendiendo de a poco ésta sabiduría.

Nos dice Francisco que “el todo es superior a las partes”. No te dejes engañanar, no te juegues por una partecita sino al mejor bien al más grande. Jugate por lo mejor. “El todo es más que la parte, y también es más que la mera suma de ellas. Entonces, no hay que obsesionarse demasiado por cuestiones limitadas y particulares. Siempre hay que ampliar la mirada para reconocer un bien mayor que nos beneficiará a todos. Pero hay que hacerlo sin evadirse, sin desarraigos. Es necesario hundir las raíces en la tierra fértil y en la historia del propio lugar, que es un don de Dios. Se trabaja en lo pequeño, en lo cercano, pero con una perspectiva más amplia. Del mismo modo, una persona que conserva su peculiaridad personal y no esconde su identidad, cuando integra cordialmente una comunidad, no se anula sino que recibe siempre nuevos estímulos para su propio desarrollo. No es ni la esfera global que anula ni la parcialidad aislada que esteriliza” dice el Papa Francisco en el 235. Tentaciones como éstas y muchas, nos ayudan a crecer. Por eso lo que en verdad nos muestra Jesús que no es siendo fuertes y teniéndola clara como vencemos, sino el amor humilde. Poco a poco, privilegiando las metas importantes, el tiempo y el bien común más que las partes. Si no es por amor que Jesús lo hace no tendría sentido. El ama y nos muestra el camino del amor. Para Jesús se vive en la humildad y la modestia.

Acercate a Jesús que es tentado como vos y que te ofrece su propia vida para que vos no te sientas sólo en la lucha. Nos dice San Pablo: “Todo sumo sacerdote es elegido de entre los hombres. Él mismo es nombrado para representar a su pueblo ante Dios, y ofrecer dones y sacrificios por los pecados. Puede ser indulgentecon los ignorantes y extraviados, ya que él mismo está sujeto a las debilidades humanas” Hb 5, 1-2. Yo también puedo decirme durante el día: Jesús está sujeto a la debilidad humana, puedo pasarla mal, pero Él me acompaña.

Que a través de las tentaciones podamos crecer en el seguimiento de Jesús.

 

P. Fernando Cervera

 

Resumen del ejercicio

+ Ponerse frente a la mirada de Dios

+ Pedir gracia de "interno conocimiento de Jesucristo para más amarlo y mejor seguirlo"

+ Materia de la oración: el texto de las tentaciones de Jesús (Mt 4, 1-11 Lc 4, 1ss)

+ Coloquio

+ Exámen de la oración