Martes, 16 de mayo de 2017

El don de la Fortaleza que supera a la virtud

Martes, 16 de mayo de 2017
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16/05/2017 – El pasado lunes 15 de Mayo en el ciclo Catequesis de la Iglesia Católica, Monseñor José Ignacio Munilla, teólogo español, actual obispo de San Sebastián, habló sobre el don del Espíritu Santo de la fortaleza, su relación con las virtudes y su incidencia en la esperanza ante distintas situaciones.

En primer lugar, el sacerdote resaltó la importancia de distinguir entre dones del Espíritu Santo y las virtudes humanas. “Las virtudes son parte del crecimiento y esfuerzo, sujetas a las leyes humanas y, por este motivo, limitadas. Cuando vivimos movidos por los dones de Espíritu Santo, parece que el Señor mismo ha tomado el timón de nuestra vida”, aclaró el P. Munilla. De esta manera, la fortaleza puede ser vivida a modo de virtud o de don, teniendo en cuenta que a los dones hay que pedirlos en la oración y también hay que disponerse a recibirlos bien, sabiendo que son gracia de Dios y necesitamos tener voluntad de aceptarla.

La virtud de la fortaleza se inserta especialmente en la voluntad y es infundida en el bautismo, es la que acrecienta nuestra voluntad para que no desistamos en la búsqueda de lo que Dios quiere que obtengamos, y nos ayuda a resistir los peligros y las tentaciones. Pero para que la virtud sea perseverante, no solo en un momento determinado sino siempre, se requiere un don especial del Espíritu Santo, que supera las fuerzas y capacidades humanas. “Aquí es cuando el don viene en socorro de la virtud que se queda corta”, dijo el obispo español.

El don de fortaleza tiene relación con la virtud teologal de la esperanza ya que es sobre todo la que, en situaciones difíciles, nos hace vivir con generosidad y nos da la fuerza del espíritu. “Cuando tenemos esperanza, nos sentimos guiados, conducidos. El Señor dirige el hilo de mi historia y sé que su Inmaculado Corazón triunfará”.

San Juan Clímaco, padre de la Iglesia del siglo XI, insistía en que el miedo es la manifestación de la falta de fortaleza, de la falta de fe y confianza en Dios. “Detrás de cada ‘no puedo’ se esconde un gran ‘no confío en Dios’”, dijo el P. Munilla. Además, agregó que el orgullo y la autosuficiencia nos hacen caer en el temor porque “cuando solo confías en ti mismo, tienes muchas razones para tener miedo, porque te piensas que eres el que diriges la historia de tu vida y es como para echarte a temblar porque no sabes cómo hacerlo”.

La fortaleza, como don del Espíritu Santo, ha dispuesto a los santos a lograr actos heroicos, pero no sólo se da en casos extraordinarios sino también en los casos cotidianos: se puede manifestar en la constancia y la perfección en el día a día, afrontando los proyectos con perseverancia, venciendo las tribulaciones que puedan presentarse en el camino. Sin el don de la fortaleza coronando nuestra vida, la perseverancia final no es posible.

El P. Munilla agregó que el don incide sobre atacar y resistir. Atacar en los grandes proyectos que nos propone Dios en nuestro camino, como actitud concreta del logre de la meta, y resistir las grandes dificultades y tentaciones que intentan sacarnos de este camino. “A veces es mas difícil resistir que atacar. El acto del martirio consiste más en soportar las dificultades que en ser justiciero”, dijo el sacerdote.

Para finalizar, el obispo español indicó que para poder recibir los dones del Espíritu Santo hay que tener un progreso en la vida espiritual y en la vivencia de las virtudes. Los dones se insertan en una vida de virtud intensa, lo cual implica que desarrollemos un camino de conocimiento personal en la oración con Cristo.