martes, 21 de noviembre de 2017

El silencio es el regalo

martes, 21 de noviembre de 2017
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21/11/2017 – En un mundo lleno de ruidos, ¿por qué nos asusta tanto el silencio hasta un punto tal que, para algunos es sinónimo de aburrimiento, pérdida de tiempo, incluso de miedo al vacío? Ésta es la pregunta que Ángela Sannuti, psicóloga e investigadora, nos invita a reflexionar en su columna semanal en el “Hoy puede ser”.

“Cultivar el silencio nos abre a una dimensión más profunda de nuestra existencia, podemos ver facetas de la realidad que antes se nos escapaban. El silencio es el que enseña y aporta el verdadero autoconocimiento, es el que sana porque es una caricia cerca del corazón. Todos estamos invitados a la aventura del silencio interior”, expresó la especialista.

“La mente es como un televisor encendido, un decir interminable de imágenes y escenas. Mucha gente está atrapada en este ruido incesante. El ruido mental es desesperante y se busca más ruido, con la ilusión de tapar el ruido propio. Las adicciones y la automedicación tienen la función de anestesiar la mente, pero no resuelven el problema de raíz”.

La rumiación mental provoca una desconección con lo esencial, pero… ¿es posible parar la mente? Ángela sostiene que así como no es posible que el pulmón deje de respirar o que el corazón deje de latir; en el caso de la mente, la clave es no quedar atrapados en los pensamientos: “La gente vive atrapada en los pensamientos y cree que eso es la realidad. Tenemos que aprender a trascender esos pensamientos y sentimientos y reconocernos más allá de ellos”.

¿Para que sirve estar en quietud?

“Quien va de prisa no puede apreciar la vida. Sólo yendo detenidamente podemos apreciar la inmensidad de la vida y la riqueza que tenemos a nuestro alrededor. El silencio nos conecta con aquello que surge de nuestra interioridad. Si no hay quietud y silencio, no puede haber paz y alegría en nuestra vida”, dijo la psicóloga.

Y luego concluyó: “Para descubrir nuestro tesoro interior tenemos que aquietarnos. El silencio, como entrada en uno mismo, como aquietamiento del ruido mental, no sólo favorece la salud si no el encuentro con nuestros semejantes”.