Viernes, 5 de mayo de 2017

¡Ha estallado la paz! – P. Angel Rossi

Viernes, 5 de mayo de 2017
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05/05/2017 – Hoy el P. Angel Rossi compartió un mensaje sobre las distintas formas de guerra que se viven, algunas más descaradas, otras más sutiles, pero es algo que debería estar desterrado de esta civilización y sigue estando de formas mas crueles incluso que las que vemos en la televisión.

“Ha estallado la paz” es un libro de José María Gironella con una mezcla de dramatismo, de poesía y de ironía en el que presenta los años inmediatamente posteriores a la guerra.

Hablando de éste título el padre Rossi agregaba “es una expresión que a mi siempre me sorprendió, tan llena de esperanza que escribió en el contexto de la guerra civil española, y en estos tiempos es un grito que estamos necesitando urgente ¡Ha estallado la paz! que salga mañana en los diarios, en la televisión, en las radios. Lo necesitamos, porque es muy triste este milenio ya inaugurado con estos gestos “zoologicos”, que paradojicamente nos hacen retroceder dos o tres milenios. Comenzar el milenio con una humanidad que constata azorada la fragilidad de la unidad cuando no es el amor el que la gesta y el que la nutre, una humanidad desprotegida, cuya vida o muerte casi depende de lo que resulta de la pulseada caprichosa, adolescente, miserable, entre la crueldad de algún fanático fundamentalista que anda enervado, y el sadismo del frivolo sin pudor que anda a cargo del botón del mundo.

Necesitamos este grito para seguir construyendo una nueva civilizacion del amor, donde cada hombre, su felicidad y dignidad, sean el centro de nuestros esfuerzos, de nuestros desvelos personales y estructurales, y no esta locura de sacrificar vidas en pro de planes y proyectos macabros con nombres camuflados: limpieza étnica se le llamaba al genocidio, misión de paz a la masacre, y todo esto se supone que se encuadra en un nuevo orden mundial. “La verdad que a mi el primer proyecto me hace acordar a Caín liquidando a Abel y el segundo me hace acordar a Adan y Eva queriendo ser como Dios” agregó el jesuita.

La violencia es el recurso mas bajo de los mediocres -agregaba-. Se han vuelto tan ciertas las palabras de Miguel Hernandez: “Tristes guerras, si no es el amor la empresa. Tristes armas, si no son las palabras. Triste el hombre, si no mueren de amores. Tristes, tristes.

Hay que empezar a secar las lagrimas de niños y ancianos inocentes, que son los preferidos de Dios “Lo que a ellos hicieran a mi me lo hacen” (Mt 25, 40) y por quienes pronunció las palabras más duras del Evangelio: “Al que escandalice a uno de estos pequeños, mas le vale que le cuelguen del cuello una piera de molino y lo hundan en el fondo del mar” (Lc 17,1-6)

A final del 94, año internacional de la familia, Juan Pablo II en una hermosa carta a los niños de todo el mundo decía: “que la humanidad llegue a ser cada vez más familia de Dios” y nos recomendaba a nosotros los grandes “Demos a los niños un futuro de paz, es un derecho suyo y es un deber nuestro” Que nos quede claro que una sola lagrima de estos niños tiene en la balanza de Dios infinitamente mas peso que todas las toneladas de razones que pongamos en el otro platillo y que pretendan justificar estas atrocidades bélicas que estamos viendo.

¿En qué nos toca esto a nosotros? ¿Qué podemos hacer desde aquí?

Acercarnos con la oración: rezando compasivamente, suplicando para que estas lágrimas inútiles les limpien los ojos a los enceguecidos.

Envío de ayuda: algo concreto a partir de las instituciones que se movilizan para eso.

A modo de reflexión personal: es un llamado a revisar y dar un testimonio mas sólido de lo que llamaríamos nuestras “pases domésticas”, porque nosotros también, muchas veces, desatamos “microguerras”, y nuestros desprecios e indiferencias tienen algo de limpieza etnica, y nuestros comentarios son muchas veces “misilísticos”, y nosotros tambien tenemos lagrimas de niños que secar.

Culminó diciendo que “a la tumba nos vamos a llevar el amor dado y el amor recibido, “la paz es posible porque es posible el amor” gritó un día Pablo VI. Que cada uno de nosotros sea constructor de paz alli donde el Señor nos haya puesto.