Viernes, 16 de junio de 2017

Por la confirmación, testigos del evangelio

Viernes, 16 de junio de 2017
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16/06/2017 – A partir del Catecismo de la Iglesia Católica seguimos reflexionando en torno a los sacramentos. Hoy, confirmación y eucaristía.

“Todos quedaron llenos del Espíritu Santo”
Hechos 2,4

 

 

¿Qué es la Confirmación?

La confirmación es el sacramento que completa el Bautismo y en el que recibimos el don del Espíritu Santo. Quien opta libremente por una vida como hijo de Dios y bajo el signo de la imposición de las manos y la unción con el crisma pide el Espíritu de Dios, recibe la fuerza de ser testigo del amor y del poder de Dios con sus palabras y obras. Es entonces un miembro pleno y responsable de la Iglesia católica. [1285­1314]

Cuando un entrenador manda salir al campo a un futbolista, le pone la mano en el hombro y le da sus últimas instrucciones. Así se puede entender también la Confirmación. Entramos en el campo de la vida. Se nos imponen las manos. Por el Espíritu Santo sabemos lo que debemos hacer. Nos ha motivado profundamente. Su envío resuena en nuestros oídos. Sentimos su ayuda. No queremos decepcionar la confianza que ha puesto en nosotros y vamos a ganar el partido para él. Sólo tenemos que querer y escucharle. 0119-120

 

¿Qué dice la Sagrada Escritura acerca del sacramento de la Confirmación?

Ya en el Antiguo Testamento el pueblo de Dios esperaba que el Espíritu Santo se derramaría sobre el Mesías. Jesús llevó una vida en un espíritu especial de amor y en total unión con su Padre del cielo. Este Espíritu de Jesús era el “Espíritu Santo” que anhelaba el pueblo de Israel; y era el mismo Espíritu que Jesús prometió a sus discípulos, el mismo Espíritu que descendió sobre los discípulos cincuenta días después de la Pascua, en la fiesta de Pentecostés. Y nuevamente es el mismo Espíritu Santo de Jesús quien desciende sobre aquel que recibe el sacramento de la confirmación. [1285­1288, 1315]

Ya en los Hechos de los Apóstoles, que se escribieron pocos decenios después de la muerte de Jesús, vemos a Pedro y a Juan en “viaje de Confirmación”; ambos imponen las manos a nuevos cristianos, que antes “solo estaban bautizados en el nombre del Señor Jesús”, para que su corazón se llene del Espíritu Santo. O113-120, 310-311

 

¿Qué sucede en la Confirmación?

En la confirmación el alma de un cristiano bautizado queda marcada con un sello indeleble que sólo se puede recibir una vez y que marca a esta persona para siempre como cristiano. El don del Espíritu Santo es la fuerza de lo alto en la que esta persona realiza la gracia de su Bautismo a través de su vida y es “testigo” de Cristo. [1302­1305, 1317]

Confirmarse quiere decir hacer un “contrato” con Dios. El confirmando dice: Sí, Dios mío, creo en ti. Dame el Espíritu Santo para pertenecerte totalmente, para no separarme nunca de ti y para dar testimonio de ti toda mi vida en cuerpo y alma, con hechos y palabras, en los días buenos y en los días malos. Y Dios dice: Sí, hijo mío, yo también creo en ti, y te concederé mi Espíritu, me doy yo mismo. Te perteneceré totalmente. No me separaré de ti nunca, ni en esta vida ni en la eterna. Estaré en tu cuerpo y en tu alma, en tus hechos y palabras. Incluso cuando tú me olvides, yo estaré ahí, tanto en los días buenos como en los malos. 120

¿Quién puede ser confirmado y qué se exige a quien solicita la Confirmación?

Todo cristiano católico que ha recibido el sacramento del Bautismo y que está en “estado de gracia”, puede ser admitido a la confirmación. [1306­1311,1319]

Estar en “estado de gracia” quiere decir no haber cometido ningún pecado grave (pecado mortal). Por un pecado mortal el cristiano se separa de Dios y sólo puede ser reconciliado de nuevo con él mediante la Confesión. Un (niño o joven) cristiano que se prepara para recibir la Confirmación se encuentra en una de las fases más importantes de su vida. Por ello hará todo lo posible para comprender la fe con su corazón y con su inteligencia; pedirá el Espíritu Santo a solas y con otros; se reconciliará de varios modos consigo mismo, con las personas de su entorno y con Dios; aquí tiene su sentido la Confesión, que acerca también más a Dios aun cuando no se haya cometido ningún pecado grave. 0316-317

 

¿Quién puede administrar la Confirmación?

El sacramento de la confirmación es administrado normalmente por el obispo. Si fuera necesario, el obispo puede encomendárselo a un sacerdote. En peligro de muerte cualquier sacerdote puede administrar la Confirmación. [1312- 1314]

 

 

 

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¿Qué es la Eucaristía?

La Sagrada Eucaristía es el sacramento en el que Jesús entrega por nosotros su Cuerpo y su Sangre: a sí mismo, para que también nosotros nos entreguemos a él con amor y nos unamos a él en la Sagrada Comunión. Así nos unimos al único Cuerpo de Cristo, la Iglesia.[1322,1324,1409]

Después del Bautismo y la Confirmación, la Eucaristía es el tercer sacramento de la iniciación cristiana. La Eucaristía es el centro misterioso de todos los sacramentos, porque el sacrificio histórico de Jesús en la Cruz se hace presente durante la transubstanciación de un modo oculto e incruento. De este modo la celebración eucarística es “la fuente y cima de toda la vida cristiana” (Concilio Vaticano II, Lumen gentium [LG 11]). A ella está orientado todo; más allá de ella no hay nada mayor que se pueda alcanzar.

Cuando comemos el pan partido, nos unimos con el amor de Jesús, que entregó por nosotros su cuerpo en la Cruz; cuando bebemos del cáliz, nos unimos con aquel que en su entrega derramó incluso su Sangre.

Nosotros no hemos inventado este rito. Jesús mismo celebró con sus discípulos la Última Cena y anticipó en ella su muerte; se dio a sus discípulos bajo los signos de pan y vino y exhortó a que, desde entonces, y después de su muerte, celebraran la Eucaristía: “Haced esto en memoria mía” (1 Cor 11,24). 126,193,217

 

 

¿Cuál es la importancia de la Eucaristía para la Iglesia?

La celebración de la Eucaristía es el centro de la comunidad cristiana. En ella la Iglesia se convierte en Iglesia. [1325]

No somos Iglesia porque colaboremos a su sostenimiento, porque nos llevemos bien unos con otros o porque casualmente hayamos caído en una comunidad, sino porque en la Eucaristía recibimos el Cuerpo de Cristo y continuamente somos transformados en el Cuerpo de Cristo. 126, 217

 

 

Padre Javier Soteras