La fe vivida en la familia

miércoles, 7 de octubre de 2015
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07/10/2015 –  “Si tuvieran fe, del tamaño de un granito de mostaza, le dirían a este cerro: Quítate de ahí y ponte más allá, y el cerro obedecería. Nada sería imposible para ustedes” Lc  17, 20

 

La fe suele estar presente en nuestras familias, a través de algun miembro en particular, que la arraiga y la transmite, sobre todo cuando llega el tiempo de las dificultades.  La fe nos hace dar pasos increíbles, “mueve montañas”.

El grano de mostaza es la mitad de la cabeza de un alfiler, sin embargo cuando crece se convierte en un gran arbusto. Con ésto el Señor nos dice que con muy poco, Él puede hacer mucho. En medio de escenarios muy complejos, de mucha poquedad, el Señor nos dice que podemos movernos mucho más allá. Él nos invita a luchar, a sostenernos en el combate, viviendo en medio de los hermanos testimoniando el rostro de fe.

En María nos regaló a una gran testigo. Ella es testigo y maestra. Es en su sí donde vemos cómo se pueden mover montañas. ¿Cómo puede ser si yo no convivo con ningún varón?. Que se cumpla en mí lo que has dicho, como diciendo que sea tu voluntad y tu fuerza la que obre. Ella tiene grandes deseos en Dios, sin embargo ella se abandona y se deja guiar porque como dice el ángel “el Espíritu Santo descenderá sobre tí y el poder del Altísimo te cubrirá con su manto”. Ella, como hojas secas movida por el tiempo, se deja llevar y su fe crece entregándose. María comprende el misterio de vida que se esconde detrás del anuncio que ha recibido y sale presurosa a ver a su prima Isabel, que sabe por el ángel que está embarazada, y que está viejita y necesita su cuidad.

“Apenas oí tu saludo el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz de tí por haber creído” dice Isabel. La alegría viene de creerle a Dios no sólo de creer en Dios. Dios siempre se nos revela en el silencio, para eso la oración y la escucha atenta de lo que Dios dice, para adherir desde el alma a lo que Él nos pide. Este camino de gozo y alegría en el que el Señor le hace librar a María todas sus fuerzas interiores dejándose llevar por el viento del Espíritu, es el que somos invitados a vivir hoy.

Quizás ya somos creyentes, pero podemos creer aún más, dar más pasos a los ya dados. Si bien la fe está dada para ser recibida en la tradición recibida, la auténtica tradición no es conservar la fe en un frasquito, sino que es viva y la fe crece cuando se comunica. Por eso acrecentar el don creyente en mi alma supone, como en el caso de María, ponerme en salida. Por eso estamos llamado a ser una comunidad en salida.

Propuesta Alpha en Radio María

Estar en salida no siempre supone hacer muchos kilómetros. Por ejemplo, en este tiempo, estamos proponiendo desde la Radio generar espacios de encuentro en la mesa de mi casa. Invitar a tus amigos que nunca escucharon hablar de Jesús, a esta propuesta Alpha. A veces Dios nos baja la intensidad de la luz de creer para que sepamos cuán valiosa es y cuánto necesitamos regalarla a otros. La fe siempre es respuesta a preguntas existenciales, sino, decía Pablo VI, es un barniz que va por arribita.  La fe no es para sabiondos sino para quienes saben que no hay tiempo de perder y como San Pablo dicen “ay de mí si no anuncio el evangelio”.

Alpha Radio Maria

La fe cimiento de la casa

En ellos se da lo de la casa construida sobre roca, porque soplan los vientos, se sacuden las tormentas, aparece la muerte como horizonte bien cercano y la persona está entera, incluso mejor de alma que cuando estaba “normal”. Son rocas vivas que testimonian una fe que nos edifica. Que bueno encontrar esos lugares donde agarrarnos, lugares de fe, donde se respira en lo profundo esta presencia de la que hablamos hoy. Por lo general, esas personas tienen una profunda relación con María. Y porque son profundamente Marianas, son hombres y mujeres en Cristo. La auténtica piedad mariana nos ancla el corazón en Jesús, que es la Roca.

Sería bueno que podamos pasar por el corazón esas personas que en su dolor están firmes, que ni hablan de su enfermedad, no por esquivar el dolor, sino porque guardan el misterio, saben que su herida habitada por el don de Jesús es signo de una pascua que se abre para otros, y eso necesita ser bien cuidado. Son testigos del sanador herido, Jesús. “Soy yo, mírenme estás son mis manos, este es mi costado. Tóquenme, soy yo mismo” les dice Jesús, “tengan paz”. Es el que fue subido a la cruz el que ahora sana, el que trae una paz capaz de lanzarnos hacia adelante, poniendo la mirada en Aquel que vendrá “¿Qué hacen mirando al cielo?”.

Es tiempo de mirar hacia adelante y salir, liberar las fuerzas resucitadas que están en nosotros y animarnos a decirnos que no todo tiene que estar prolijito y en orden para seguir. Jesús con sus llagas nos muestra cómo en medio de la crisis se puede hacer mucho bien. “Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, anuncien la buena noticia” es el legado final de Jesús.

Jesús no pidió que guardaran sus enseñanzas con cuidado para que no se mezclara ni perdiera, sino que la fe se acrecienta cuando se comparte. Encerrada en sí misma la iglesia se enferma. Por eso el Papa Francisco dice “prefiero una Iglesia accidentada que una enferma de cerrazón”. 

Dios le pide al padre de la fe, Abraham, sal de tu tierra. Mira el cielo, contempla las estrellas, así será tu descendencia. Abraham era anciano y no tenía ni un hijo. Y creyó. No es que creyó en Dios, sino que le creyó a Él, escuchó lo que le decía y adhirió. No es cuestión de edad la fe, no se puede decir ” a mí se me pasó la hora”, sino miremos a Abraham, al Papa Francisco. Dios elige los escenarios, asique nos dejemos llevar hasta donde Dios nos quiera conducir. Animate a salir, no tengas miedo. El Resucitado, el sanador herido, cuando dice “tengan paz” agrega “no tengan miedo”. Es el miedo el que no nos deja salir. Dejemos entonces que sea el Resucitado el que nos confirme en la fe, el que nos hable al corazón, el que nos ponga en salida y nos haga testigos del evangelio como Francisco, con novedad, viviendo el evangelio a fondo y sin máscaras, en autenticidad. Nadie te va a preguntar cuánto sabés, si tu fe aunque chiquita, si es auténtica, convoca. Con un poquito de mostaza somos capaz de mover montañas de sinsentido, de angustia y sin rumbo.

Padre Javier Soteras