Jueves, 26 de octubre de 2017

La soberbia en la espiritualidad

Jueves, 26 de octubre de 2017
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26/10/2017- Continuando con el espacio de Espiritualidad Ignaciana y el Discernimiento en la vida cotidiana, el Padre Fernando Cervera, sacerdote jesuita, reflexionó en “Que venga tu reino” sobre la soberbia.

“Cuando discernimos la alegría no podemos no pensar en los impedimentos” nos dijo el Padre Cervera. Propone “poner la mirada en esta actitud de encerrrase en uno mismo, a veces casi inconscientemente y de proteger zonas del corazón donde la tristeza anida, u otras cosas, hacen que la alegría no se pueda asentar”.

En varias partes del Evangelio Jesús critica la actitud del fariseo, más allá de la cuestión histórica. “Hace una  critica más profunda”.  No necesariamente los fariseos se creían “todo”. “La hipocresía de la cual habla Jesús es la de creyendo sevir a Dios, vivir su fe, termino teniendo actitudes en contra de la fe, y de este mismo Dios que quieren servir”. Es decir, “se adueñan de algo que presta servicio al ego de de uno y no está dirigido a Dios ni al amor, ni  a los hermanos”.

“La sombra de la soberbia se encuentra en todos nosotros” nos dijo el Padre Cervera y que “no sólo puede ser el  cumplidor, también puede ser transgresor. La letra de la ley no me afecta al saber cómo es mi futuro, tampoco las amenazas sirven”.

Una estructura de pensar y vivir

Lo común es pensar que en “personas religiosas no se da mucho” la soberbia. Sin embargo, puede ser que “en su modo de actuar termina de ser soberbia” porque “usamos la fe gratuita de Dios”  para “sentirnos distintos, mejores”.

Para el Padre Cervera es porque “en el fondo tenemos una secreta envidia de la actitud trangresora desafiante del otro que no nos animamos o nos da mucha bronca que aquel que obra mal le vaya bien”. Y ahí es donde se encuentra “uno de los principales cuestiones que afectan a nuestros hermanos” porque “se cuela la tristeza de no entender esa misericordia porque estoy muy asentado en mi seguridad, en mi práctica”. Es decir, “refugiarse en el cumplimiento para sentirse justificado, sentirse bueno. Cuando en realidad estoy dudando y me olvide del verdadero Evangelio”. Para San Ignacio “el indicio de un compromiso con Jesús es la humildad. Es sumamente exigente, es la garantía de que esa alegría del Evangelio está verdaderamente”.

 

Nada nos viene bien

El Padre Cervera también nos habló de la insatisfacción que “brota de cierta soberbia, es como una falta de Fe, de confianza, de que las cosas se puedan disfrutar”, porque “parece que Dios nos ha creado, pero no nos da la capacidad de disfrutar”.

“Es muy soberbio, esto de que “si no lo obtengo ya no existe” porque es una insatisfacción frente a un Dios que se manifiesta y en vez de verlo a Él , quiero ver que puede hacer Dios por mi y como me repercute a mi”. No nos permite que veamos “el don y la gracia”.

Entonces tenemos actitudes como  “hacemos cosas buenas pero la situación no cambia. Todo es imperfecto. Y se ve en las caras de amargura”. También sucede cuando se habla de la Iglesia “todos son problemas, no hay nada para alabar”. Para San Ignacio justamente la alabanza a Dios es muy importante.

 

¿Como detectamos la soberbia?

“Si no nos detenemos a pensar, no hay forma que se pueda detectar” nos dijo el Padre Cervera.

“Los elementos del discernimiento son la oración y el examen”, cualquiera sea el momento que uno pueda tener para leer su propia vida. “Poder ver cómo se ve el buen humor y mal humor, y ahí tengo que detener. ¿Qué pasa que me amargo cuando veo este tipo de noticias? Capaz hay una insatisfacción atrás, una ira atrás”. A veces terminamos pensando que tenemos razón para enojarnos y sentirnos mal, hasta darnos cuenta que “en realidad no es lo que sucede afuera sino la posición que uno ha tomado”. Identificar que esos sentimientos “que se mueven son algo raro. Esto soy yo, no lo que sucede. ¿Que hay detrás?”.

Es fundamental “entender que se va a dar en los tiempos y modos que Dios quiera”. Porque “muchas veces no crece en vida porque nuestra forma de llevar el Evangelio, es cerrada en consignas, en impronta, que son buenas pero no es lo que Dios quiere o el ser humano puede en ese momento”. También porque “nos dejamos llevar por pretensiones e ilusiones que uno se hace”. Tenemos que seguir más el ritmo de Dios que el nuestro. “Dios está trabajando”.

“Siempre todo es mejorable, por supuesto. ¿Puede hacerse algo más? Por supuesto. Pero no por la ansiedad de hacer todo perfecto”. Es entender que “si Dios va por ahí  buscar por ese lado” y que “los logros son lentos”.

Tenemos que estar atentos a “los signos de desolación, que a veces no son tan estridentes, ni oscuros, sino más sutiles”. El Padre Cervera lo simplifica como “ese gustito a ácido que nos va dejando la vida”, si se repite y se convierte en un “espíritu de queja”. Sobre todo porque “de cierta amargura de cosas que queremos hacer bien pero no nos salen o no son como queríamos”, aparecen en nuestra vida diaria. Precisamente “la alegría de San Ignacio es la paz, de lo que Cristo sufrió y padeció”.

Podés escuchar la entrevista completa haciendo clic en la barra de audio debajo del título