miércoles, 16 de mayo de 2018

Rabino Skorka: Bergoglio-Francisco siempre habló y habla con un lenguaje profético

miércoles, 16 de mayo de 2018
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El histórico abrazo del papa Francisco, el rabino Skorka y el dirigente musulmán Omar Abboud, ante el Muro de los Lamentos, en Tierra Santa, en 2014.

 

El rector del Seminario Rabínico Latinoamericano, Abraham Skorka, amigo personal del Papa, dijo, en diálogo con Radio María Argentina, que desde que conoció al entonces arzobispo porteño Jorge Bergoglio, le llamó la atención la capacidad para hablar del presente “desde el dolor de los que sufren”, como hacen los profetas. Y recordó que “siempre” esas palabras fueron usadas e interpretadas por los diarios para la política partidaria.

Skorka conoció a Bergoglio a fines de la década de 1990, cuando fue invitado a participar del Tedéum en la Catedral de Buenos Aires, por el 25 de Mayo, en representación de la comunidad judía. “Recuerdo -comentó Skorka- que me preguntó de qué club era hincha, y como yo soy de River y él de San Lorenzo, me hizo una chanza futbolera”.

El rabino, que es profesor honorario en la Universidad del Salvador, y doctor honoris causa de la Universidad Católica Argentina, entabló una profunda amistad con el hoy papa Francisco, al punto de compartir iniciativas relacionadas con el diálogo interreligioso, un programa de radio y hasta la edición de un libro “Sobre el Cielo y la Tierra” que, con el nuevo pontificado, fue traducido a varios idiomas.

Consultado sobre las virtudes de Bergoglio, Skorka respondió: “Yo siempre le dije que él hablaba un lenguaje profético. Recuerdo que le decía: ‘Usted habla como un profeta y en los diarios aparece todo explicado a través de la política’. El profeta es sensible al dolor de cada persona, es de lo que Bergoglio siempre tocaba en sus homilías”.

 

Abrir los corazones

El rabino se reconoce hoy como un amigo personal del Papa, y siente por él una profunda admiración. “Sin lugar a dudas que Dios ha unido nuestros caminos de vida. Yo estoy en contacto permanente con él a través de e-mail o por teléfono; seguimos haciendo cosas y planeamos cosas, pequeñas y grandes cosas, para dejar documentos y gestos para la posteridad en este caminar juntos a favor del diálogo”.

En este camino, Skorka advirtió otras virtudes y habilidades del primera papa argentino: “Bergoglio tiene un don muy especial para abrir los corazones de las personas -explicó-; el don de acercar a la gente, de tirar abajo todo tipo de muralla, de eliminar todo tipo de visión asimétrica entre las personas”. Y agregó: “Cuando apenas lo conocí, yo lo miraba con esta asimetría normal que había entre él, el arzobispo de una de las diócesis más importantes del mundo, y yo, pero él me abrió la puerta para eliminar esa asimetría, y comenzamos a hacer un camino juntos en la vida, muy juntos en la peregrinación histórica del Papa a Tierra Santa, y espiritualmente muy unidos cuando él estuvo en el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau, un campo de la muerte…recuerdo que previo a su visita a ese lugar, él me llamó por teléfono y me dijo ‘yo quiero saber que usted está allá, quiero sentirlo cerca’… Y recuerdo que me tocó explicar a los periodistas aquel silencio del Papa, un silencio que habló más que mil palabras”.

Entre los gestos cercanos que ha compartido con el Papa, Skorka citó el caso de un libro sobre una investigación sobre los experimentos que hacían con judíos en los campos de concentración del nazismo. El rabino relató que le pidió al Papa que prologara ese libro, y Francisco le pidió que lo firmaran los dos.

Acerca de ese gesto profundo de paz, de alcance mundial que significó el abrazo que el Papa compartió con el líder musulmán Omar Abboud y el propio rabino, ante el Muro de los Lamentos, en Tierra Santa, Skorka señaló: “Fue un momento especial en mi vida, en nuestras vidas, en el que tratamos de plasmar un mensaje a través de un gesto que quede para siempre, como el papa Francisco suele decir. El gesto de que nuestra amistad, nuestro afecto es un ejemplo de que se puede, de que se puede mantener bien alta la esperanza de un mundo mejor, de entendimiento, un mundo con más afecto y mucho menos odio”.