Debemos decir si al llamado de Jesús sin poner condiciones

miércoles, 4 de octubre de 2006
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Mientras iban de camino uno le dijo, te seguiré a donde quieras que vayas.  Jesús le contestó:  los zorros tienen guaridas, los pájaros del cielo nidos, pero el hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.  A otro le dijo:  Sígueme, le contestó Señor, déjame ir antes a enterrar a mi padre.  Jesús le respondió:  deja que los muertos entierren a sus muertos, tu ve a anunciar el Reino de Dios.  Otro le dijo:  te seguiré Señor, pero déjame despedirme primero de mi familia.  Jesús le contestó:  el que pone la mano en el arado y mira hacia atrás no es apto para el Reino de Dios.
Lucas 9, 57-62

Lucas recuerda a su comunidad las condiciones para seguir al Señor y aquí se pone de manifiesto que no es cualquier cosa seguir al Señor. Hay un relato muy interesante en la palabra de Dios donde Jesús se encuentra con un joven que admirado por el Señor, por la manera de obrar del Señor y sus criterios que dice:  Señor que tengo que hacer para heredar la vida eterna. Un joven dice el Evangelio. Era un joven pudiente que tenía muchos bienes. El Señor le dice: tienes que cumplir los Mandamientos. Cuáles? le dice el joven. Jesús le mencionó los Mandamientos: Amarás al Señor tu Dios, honrarás a tu padre y a tu madre, no matarás, no robarás, etc. El joven sintió que tenía algo que ver con Jesús y entonces lleno de entusiasmo e impulso dice: pero Señor eso lo cumplí desde mi juventud como diciendo yo ya me puedo considerar tu discípulo. El Señor dice el Evangelio: lo miró con profundidad, lo miró y lo amó dice la Sagrada Escritura. Es una expresión muy importante, muy fuerte, muy clara. La mirada del Señor que ama es la mirada que llama. El llamado es un llamado de amor. El sentir el llamado del Señor a vivir un seguimiento, un discipulado de Jesús, es un llamado de amor. Esa mirada se posó sobre el corazón, no sobre los ojos temporales, físicos del joven. Y Jesús lo miró y lo amó dice la Palabra y le dijo: si quieres ser felíz y pleno anda y vende todo lo que tienes dáselo a los pobres después ven y sígueme. Y dice que el joven se fue entristecido porque tenía muchos bienes. Me quedo pensando en ese texto porque las condiciones para seguir a Jesús. Este hombre se acerca al Señor y le dice que lo seguirá a donde quiera que vaya, muy entusiasmado con impulso, unas ganas de ir detrás del Maestro. El Señor le habla claro, lo zorros tienen sus guaridas, las pájaros del cielo sus nidos pero el hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza. Seguir al Señor es cosa seria, es darle la vida en serio, implica un acto de confianza no un acto sino una vida que se entrega y aprende a confiar permanentemente. Confiar va a significar poner la vida en El. Porque El nos va a llamar a andar su camino. La confianza será la donación completa a la persona de Jesús, no a una causa, no a una ideología, simplemente a un estilo de vida y mucho más que un estilo de vida, mucho más que un pensamiento, que una filosofía de vida, mucho más que pensar en la felicidad, en el placer, es algo maravilloso porque es algo que tiene que ver con el encuentro con la mirada de Jesús y por lo tanto encuentro con el corazón del Dios encarnado, que lleno de compasión y misericordia me invita a ser partícipe de esa mirada, de esa compasión y de esa misericordia y eso es solo por un don que empieza por el llamado que El hace: no son ustedes los que me han elegido a mi sino que yo los elegí y los destiné para que vayan y den fruto y ese fruto sea duradero. El Señor habla claro, y los elegí para que sean como yo. Tienen que aprender a vivir en manos de la Providencia. Confiar en la Palabra de Jesús significa poner la vida en El, vivir de los impulsos del Señor, vivir del estilo del Señor, de la manera de pensar y de sentir y un corazón abierto a la voluntad del Padre. Por eso es necesario absolutamente y esencialmente en el seguimiento de Jesús, para ser discípulo de Jesús, aprender el camino de la confianza, es decir aprender a donar completamente nuestra vida identificándonos con la persona de Jesús que no es una causa ni una filosofía sino la persona del hijo de Dios que me amó y se entrego por mí como cantaba Pablo enloquecido e impresionado lleno de estupor por la obra del Señor en su vida

El joven se fue triste porque tenía muchos bienes, éste es un caso. El caso de hoy es que éste se acerca para decirle que lo quiere seguir, pero el Señor le advierte la dificultad. En realidad tendríamos que hilar un poquito más fino en poder decir una palabrita de esto. En nuestro tiempo tenemos todos una profunda necesidad de elegir nosotros, de decidir lo que queremos y eso nos parece muy legítimo, pero me parece que sentimos el llamado que Dios nos hace debemos descubrir y comprender que la elección nuestra de vida es la elección que hacemos a partir de un llamado. Si no existe un llamado no puedo hacer la elección. El hombre de hoy centra mucho en su cuestión personal la necesidad de sentir y de decidir, de sentirse dueño de su destino, pero quizás esa profunda necesidad responde a una profunda carencia. Esa es la expresión de una experiencia de vacío, de un hombre que se está acostumbrando a hacer su cultura sin Dios. Entonces el hombre decide que es lo bueno, se sumerge en su individualismo, en su mirada personal, trae la conducta al sentido del bien, lo trae reducido a su propio sentir, pensar y querer, entonces el hombre siente que el decide su vida. Por supuesto que el hombre decide su vida. Este es el misterio del Cristianismo. En el Cristianismo siempre el hombre decide su vida. Dios siempre manifiesta su voluntad. El hombre siempre decide, sea que acepte el llamado o sea que rechace el llamado, pero tiene que recibir el llamado. Muchos quieren seguir a Jesús de cerca pero no tienen la vocación. Muchos son los llamados, dice el Señor,, pero pocos son los escogidos. Pocos son elegidos. Yo he conocido muchos compañeros. En mi pueblo tenía un compañero en el Seminario. Era un muchacho muy piadoso, muy bueno. Los dos éramos de condición muy humilde. El como era muy piadoso iba adelante mío un año en el Seminario y la gente de mi pueblo lo ayudaba económicamente y a mí no me ayudaban mucho porque yo era muy pícaro, muy inquieto. Ibamos a la Teología, nos faltaban unos pocos años para ordenarnos y mi compañero sale un día de la pieza y me dice mira Mario, me voy del Seminario. Yo lo abracé y lo felicité y el me dijo: yo pensaba que te ibas a enojar conmigo y yo le dije: no hermano, me alegro que hayas encontrado el camino. Creo que una de las cosas más lindas después de nacer y vivir en éste mundo es encontrar el sentido de la vida. Pero hay que saber que ese sentido de la vida lo da Dios. Es Dios el que llama y que el Señor me llamó a mí a la vida consagrada y a mi amigo le pidió que formara una familia. Ahora tiene siete hijos. Hace poquito fui a su casa y lo encontré tan felíz con su familia porque había encontrado su vocación y me acordé de aquel momento cuando le dije: te felicito porque por ahí no iba su vida, en el Seminario. No todos los signos externos son signos del llamado de Dios, hay que hacer un discernimiento, hay que escuchar a Dios porque Dios es el que habla y si nos escuchamos a nosotros mismos vamos a hacer de todo, pero si lo escuchamos al Señor vamos a hacer precisamente lo que tenemos que hacer. Seguirlo al Señor significa poner su vida completa. Por eso se entiende que los que nos consagramos al Señor dejamos todo. No tenemos donde reclinar la cabeza, no tenemos que llenarnos de riqueza, tenemos que ser pobres, castos y obedientes sobre todo que es la mayor de las virtudes.

Dice el Señor: Sígueme, y el otro le contestó, déjame ir a enterrar a mi padre. Jesús le respondió: deja que los muertos entierren a sus muertos, tu ve a anunciar el Reino de Dios. La presencia de Dios no significa decir no a las obligaciones. Seguimos teniendo padre, madre, hermanos, seguimos siendo miembros de la sociedad, seguimos teniendo responsabilidades y deberes. Sigue siendo un deber para el que escucha a Dios el cumplimiento de los Mandamientos: honrar a tu padre y a tu madre. No tiene que ver con el acto físico de no enterrar al padre que ha muerto. Se refiere a otra cosa el Señor. Tiene una simplificación. Yo diría quiénes son los muertos? Los insensibles a la llamada de Jesús. Ellos son los que podrán enterrar a los muertos. Cuantas veces yo diría estamos demorando la respuesta al llamado de Dios porque tenemos demasiadas responsabilidades, o nos asumimos demasiadas ataduras o porque creemos que somos indispensables en tal cosa o tal otra .El ejemplo de enterrar a los muertos es fuerte pero vale para decir que Jesús es más que enterrar a los muertos. Jesús es una opción de vida. Es una opción a la que uno consagra la vida y toda la persona de uno envuelta en la persona de Jesús para una configuración. Pero si seguimos a la persona de Jesús no solo vamos a enterrar a los muertos sino que vamos a resucitar a los muertos. Si seguimos a Jesús no solo vamos a cumplir los deberes naturales sino que vamos a contar con la fuerza de la gracia, con la novedad del Reino de Dios, y Dios da la vida a los que han muerto, pero enterrar a los muertos, esa expresión que la tomé de un autor que dice así: insensibles. Los muertos son los que son insensibles a la llamada de Jesús, esos son los que enterrarán a los muertos. En el Evangelio tiene un sabor a totalidad, tiene un sentido de absoluto que toca esa capacidad radical que tiene el corazón de consagrarse a algo que vale la pena en la vida. Todos necesitamos vivir cosas valiosas e importantes en la vida. El llamado que hace el Señor es un llamado a quemar las naves. Vos venís de tu seguridad, de tu barquito, de tu país y te vas y te caes en una isla. Eso es escuchar el llamado. Llegar a otra ribera. A una islita donde no tienes a nadie y tienes la tentación de volverte porque hay que empezarlo todo. No tengo seguridad, no tengo elementos, no conozco a nadie, tengo miedos, me siento superado. Ese es el llamado del Señor. Entonces es como quemar las naves. Para seguir a Jesús hay que estar dispuesto a quemar las naves. Quemar las naves quiere decir que llego, piso la nueva ribera que no conozco, me apoyo en una nueva seguridad que no es mi seguridad, no es mi mundo, me doy vuelta, saco los fósforos, hecho un poco de kerosene a las tablas de mi barca y le prendo un fósforo para que se encienda y se destruya y se hunda en ese mar que dejé atrás, en esa historia que dejé atrás. Seguirlo al Señor es cambiar de historia, es cambiar desde todos los grados que tiene para cambiar una persona rotundamente, y no hay que tener miedo de la totalidad, porque no se puede vivir no solo sin un sentido de la totalidad sino sin una elección concreta que haga que nuestra vida sea una respuesta fiel al llamado. Darlo todo como Jesús, esa es la propuesta.

No se pueden hacer cosas hacia el futuro si no se asume el pasado. Eso es una cuestión psicológica. Mal podemos emprender cosas nuevas si no hemos terminado bien las anteriores. Eso produce problemas más graves interiores, así que todo a su momento. Un momento para cada cosa. Hay que saber enfrentar las cosas para poder ir adelante. Eso es humanamente. Pero también hay un llamado del Señor en el que le entreguemos nuestra vida cuando lo seguimos. Si escuchamos el llamado, si le decimos si a Dios en nuestra vocación fuera cual fuera la vocación o el lugar que Dios nos llame y le decimos si en serio, no tengamos miedo de entregarnos todo. Mirar atrás significa que muchas veces queremos recuperar lo que hemos dado. Muchas veces nos pasa como al pueblo de Israel que primero se quejaba porque era esclavo de Egipto, cuando salió de Egipto tuvo que caminar por el desierto y entonces decían “ cuando éramos esclavos por lo menos comíamos carne, la pasábamos mejor”  y entonces la tentación de volver atrás. El llamado del Señor, ser generoso con Dios. No tengas miedo de dar lo mejor de vos. Dalo con alegría. Renueva tu donación. Renueva cada día ese si que le dijiste a Dios y ese Dios te dirá si cada día.