Jesús es el sol que encontraremos al final de nuestra vida terrenal

miércoles, 12 de diciembre de 2018
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12/12/2018 – Este martes, la profesora en ciencias sagradas María Gloria Ladislao comenzó diciendo que “la simbología del sol es masculina ya que se relaciona con los arquetipos del padre y del gobernante. El sol desde el cielo observa todo, sabe todo y se impone sobre todos, por eso representa una imagen de la justicia. El movimiento del sol en el cielo no es impredecible, al contrario, responde a un ritmo que se repite año tras año, lo cual permitió desarrollar los calendarios. Este cumplimiento exacto del ritmo solar hace que este astro esté asociado también a la idea de la ley que organiza el universo”.

Por otra parte, la especialista sostuvo que “el culto al sol como divinidad se extiende en las más diversas culturas. Y así encontramos los nombres que se le dio en distintas religiones. Los romanos lo llamaron Apolo o Febo; los egipcios le decían Ra y los griegos, Helios. En nuestra América, los incas le decían Inti y los pueblos originarios de Colombia lo llaman Pagé Abé. Las sociedades en las cuales el culto al sol fue dominante o exclusivo presentan una estructura fuertemente jerárquica. Así por ejemplo entre los incas; el inca gobernante era considerado ´hijo del sol`”.

Ladislao agregó que “para evitar la idolatría que podría surgir del contacto con el paganismo, la Biblia remarca que el sol es una criatura puesta por Dios al servicio de la humanidad. Es así que el sol responde a una ley que ha sido puesta por Dios. Es en Dios en quien están los atributos de gobierno y de ley, porque Él hace salir el sol sobre buenos y malos. En tanto que el ´Benedictus`, el himno entonado por Zacarías, quien era el padre del profeta Juan Bautista, nos presenta a Jesús como sol que llega a traer la luz sobre los que están en sombra”.

Asimismo, remarcó que “en el siglo cuarto, una vez terminadas las persecuciones del Imperio Romano, los cristianos comenzaron a celebrar la Navidad aún cuando no contaban con la fecha cierta del nacimiento de Jesús. Y decidieron hacerlo el 25 de diciembre porque ese día las religiones paganas europeas festejaban el nacimiento del sol invicto. En el hemisferio norte, esa es la noche más larga del año. Pero a partir de esa fecha, ya comienzan a alargarse los días, el sol va saliendo más temprano y se pone más tarde. Esa noche era especialmente festejada con luces y mucha alegría, porque a partir de allí, comenzaría a ´volver` el sol. Los cristianos europeos consideraron que, al no saber la fecha exacta del nacimiento del Señor, lo más adecuado era festejarlo cada 25 de diciembre celebrando a Jesús que, como dice el ´Benedictus` de Zacarías, es ´el Sol que llega hasta nosotros`, el Sol que encontraremos al final de la vida terrenal”.