“La vasija agrietada”

martes, 8 de mayo de 2018
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07/05/2018 Compartimos una sencilla historia sobre nuestras debilidades e imperfecciones, sabiendo que, si las reconocemos con humildad, Dios puede obrar grandes cosas a través de ellas

Un cargador de agua tenía dos grandes vasijas que llevaba encima de sus hombros colgadas a los extremos de un palo.

Una de aquellas vasijas tenía varias grietas, mientras que la otra era perfecta y conservaba toda el agua al final del largo camino a pie, desde el arroyo hasta la casa de su patrón.

Cuando llegaba la vasija rota a su destino, sólo tenía la mitad del agua.

Durante dos años completos esto fue así diariamente; desde luego, la vasija perfecta estaba muy orgullosa de sus logros, pues se sabía perfecta para los fines para las que fue creada.

Pero la pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable porque sólo podía hacer la mitad de todo lo que se suponía que era su deber.

Después de dos años, la vasija quebrada le habló al aguador diciéndole así:

— Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo, porque debido a mis grietas sólo puedes entregar la mitad de mi carga y sólo obtienes la mitad del valor que deberías recibir.

El aguador, le dijo compasivamente:

— Cuando regresemos a la casa quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino.

Así lo hizo la vasija. Y, en efecto, vio muchísimas flores hermosas, pero de todos modos se sentía apenada porque al final, sólo quedaba dentro de sí la mitad del agua que debía llevar.

El aguador le dijo entonces:

— ¿Te diste cuenta que las flores sólo crecen en tu lado del camino? Siempre he sabido de tus grietas y quise sacar el lado positivo de ello. Así que sembré semillas de flores a lo largo de todo el camino por donde vas y todos los días las has regado; y por dos años yo he podido recoger estas flores para decorar mi hogar. Si no fueras exactamente como eres, con todo y tus defectos, no hubiera sido posible crear esta belleza.