Jesús luz del mundo

viernes, 16 de diciembre de 2016
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alegria23

16/12/2016 – Vamos de camino y en la noche una luz nos guía. Jesús, es la Luz del mundo y nos dice que ha venido a compartir esa luminosidad con nosotros y nos pide que la hagamos presente con nuestra vida.

 

“Porque la Vida se hizo visible, y nosotros la vimos y somos testigos, y les anunciamos la Vida eterna, que existía junto al Padre y que se nos ha manifestado. Lo que hemos visto y oído, se lo anunciamos también a ustedes, para que vivan en comunión con nosotros. Y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo”.

1 Juan 1,2-3

El Apóstol Juan, en su primera Carta, nos anuncia con alegre entusiasmo que la “Vida”, es decir, la vida divina, la vida eterna, Dios mismo como Vida, “se manifestó” (1 Jn 1, 2). La Vida se puede alcanzar, se puede “ver” y “tocar”. Este es el contenido esencial del mensaje evangélico, en el que insiste de modo especial Juan. Es el misterio de la Encarnación, el misterio del Verbo “que se hace carne”, y viene a “habitar entre nosotros”. Es el misterio de la Navidad, que celebraremos dentro de pocos días y la que vamos preparando desde lugares íntimos como la vida familiar y también en lo público ganando territorio con la luz. Una luz no puede ser guardada debajo del cajón. Esa luminosidad que trae la presencia del Señor, no la podemos esconder y estamos llamados a sacarla a la calle para que ilumine a todos. Antes que maldecir la noche encendamos una pequeña luz.

La suerte de la humanidad está llamada a verse reflejada en el Dios viviente. Ahora Dios hecho carne refleja como nadie la plenitud de la humanidad y en Él hay claridad y luz. Es la luz que atrae a los magos de oriente que se dirigen hacia el pesebre movidos a lo que en la noche de Belén acontece; una luz que envuelve a los pastores y los guía a donde les dijeron que está escondido el misterio de Dios envuelto en pañales; una luz que va a generar confusión en el poder porque Herodes no soporta en la oscuridad de sus modos la presencia de esta luz que lo violenta.

Esta luz no queda desapercibida, y el Señor lo dirá con claridad “ustedes son luz del mundo y sal de la tierra”. La presencia del cristiano testimoniando la vida de Jesús urge en medio de un mundo con muchas sombras y violencia. El Señor trae una luminosidad que nos invita a encarnar en nuestras vidas. Este testimonio en el mundo de hoy busca ser silenciado y escondido, pero cuanto más mártires hay más se acrecienta esta luz.

Una vela encendida madura ante los vientos se acrecienta. Hay madurez de vida en Cristo en nosotros para poder con mayor decisión y determinación, como pueblo radiomariano, animarnos a exponer la vida en Cristo saliendo de lugares íntimos para ir a lo público.

Entre el consumismo sin valor ni trascendencia y lugares atravesados por el dolor y el crimen organizado, tenemos que reaccionar y traer la claridad de Jesús donde hay desesperanza. Una luz no está para ser metida debajo de la mesa sino para ser expuesta y colocada en lugar alto para que su luz llegue a todos. Es tiempo de liberar esa luz que hay en nuestro corazón para acompañar a un pueblo que espera de la gracia del consuelo, la gran profecía de estos tiempo. 

Vamos de camino y en la noche una luz nos guía. El pueblo de Israel cuando peregrinaba en la noche en el desierto recibió la luminosidad de una columna. Era presencia de Dios que lo sostenía en la marcha y lo guiaba a la tierra prometida. Mientras iba siendo liberado de la esclavitud y del poder del Faraón, el pueblo encontró en la noche desierto estas columnas de fuego que lo guiaban en el camino. Para nosotros esa luz es anticipo y profecía de la Luz del mundo, Jesús, quien nos dice que ha venido a compartir esa luminosidad con nosotros y nos pide que la hagamos presente con nuestra vida. 

Se dan hoy y se darán siempre hasta el fin del mundo varias formas de presencia de Cristo entre nosotros: en la liturgia, en la Palabra, en el pequeño y en el pobre. Necesitamos ojos para ver y oídos para escuchar. Necesitamos comunión de vida con Dios, porque qué es en efecto la vida de gracia en medio nuestro sino una presencia de luminosidad que nos refleja al Cristo escondido en el corazón la humanidad.

Tenemos que anhelar y pedir que la próxima Navidad sea un crecimiento de este espíritu de fraternidad y de vida en Cristo.  “Déjense iluminar dócilmente por la luz de la fe, ábranse con sencillez y con confianza a las enseñanzas del evangelio y a la vida de la iglesia en este tiempo de Navidad” dice el Papa Francisco. La verdad de estas enseñanzas nos permiten vivir intensamente la realidad de la Navidad y nos va a permitir en este tiempo expresar con el apóstol Juan ver y tocar la vida, la vida que es luz  y que está escondida en una humanidad sufriente que pelea porque aparezca lo mejor que está por venir. Lo que está por venir es lo mejor y esa es la expectativa del adviento en la que esperamos un nuevo nacimiento del Señor en nuestros caminos. 

El pueblo de Israel era guíado por columnas de fuego en su paso por el desierto. Jesús que se define como luz del mundo, nos invita a ser uno con Él. La promesa que Jesús tenía para nosotros en el Espíritu se hace luz cuando reciben el Espíritu Santo cada uno de los discípulos en Pentecostés. Cuando somos bautizados uno de los signos es encender desde el cirio pascual la vela que representa al cristiano llamado a ser luz del mundo. Por lo tanto, esto de encender una vela y hacerlo público en estos días cercanos a la Navidad, no es nada menos que poner en su lugar nuestra fe bautismal. Somos incorporados a la vida de la familia de la iglesia y desde allí acompañar a un mundo que busca horizontes nuevos. Mientras las noches buscan instalarse alrededor nuestro elevemos la luz de Jesús y que cada día una velita encendida nos muestre ese camino.

 

Padre Javier Soteras