viernes, 10 de agosto de 2018

¿Quién fue la beata Laura Vicuña, el lirio de la Patagonia?

viernes, 10 de agosto de 2018
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10/08/2018 – La Dra. Silvia Correale, Postuladora y abogada argentina en Roma, compartió la vida de la Beata Laura Vicuña, la hija que ofreció la vida por salvar a su mamá. Dijo que “Es un testimonio de santidad juvenil, que merece ser conocido, porque maravilla que siendo tan pequeña, haya tenido la capacidad de ofrecer su vida para que su madre viviera según los principios del evangelio”. “Es increíble que una criatura de once años, que un niño pueda manifestar una madurez espiritual tan grande”, expresó Silvia Correale.

Laura Vicuña, nació en Santiago de Chile, el 5 de abril de 1891 y murió en Argentina el 22 de enero de 1904, a la edad de sólo 13 años. El Papa Juan Pablo II la beatificó el 3 de septiembre de 1988.

El Padre salesiano Marcelo Angiolo Melani, Obispo Emérito de Neuquén, Ex miembro de la Comisión de Vida Consagrada y miembro de la Comisión episcopal de Pastoral aborigen, en diálogo con Radio María Argentina dijo sobre la beata que, “Se separaron los padres y la madre con las dos hijas, cruzaron a la cordillera, llegando a la parte de Argentina, cerca de Junín”. “Allí mandó a sus hijas al colegio de María Auxiliadora, y allí Laura, principalmente, empezó a querer mucho a Dios y a la Virgen María bajo la advocación de María Auxiliadora”, relató el Padre Marcelo.

“La madre tuvo que aceptar una vida no tan buena con ese estanciero y eso le creó muchos problemas de conciencia a Laurita, mucho dolor”. Y agregó que “Aún así continuaba estudiando y poniéndose más al servicio de las demás compañeritas que tenía en el colegio, era una niña muy buena, muy aplicada en el estudio”, indicó. “A Laura no la recuerdan porque vivía muy simplemente, llevaba una vida muy escondida”, compartió el Padre Melani.

Por su parte, Silvia Correale afirmó que le tocó mucho la amabilidad de la beata, “esa capacidad de relacionarse con los demás, siempre tan servicial, con sus compañeras, con las profesoras, con las religiosas, siempre disponible, sincera, estamos hablando de una niña de la escuela primaria”, indicó Silvia.

Sobre su historia familiar, Silvia indicó que “Tuvo una vida difícil, porque su papá murió cuando ella tenía dos años, su mamá convivió con un hombre que era un estanciero, en una zona inhóspita de la Patagonia, la madre logra que este señor les pague el internado en las hermanas salesianas y desde pequeñas vivieron lejos de la madre, fue una situación familiar realmente muy dura”.

Recordó también las palabras del Papa Juan Pablo II durante la fiesta de beatificación en septiembre de 1988, quien utilizó la frase de Lucas, para describir a la beata: Te doy gracias Señor del cielo y de la Tierra que has escondido estas cosas a los sabios y se las has revelado a los pequeños.

Otra de las invitadas para hablar sobre la vida de esta niña santa, fue la hermana Elda, de la Parroquia María Auxiliadora, encargada de la revisión de la historia de Laura Vicuña, quien comenzó diciendo que, “Muere mártir por su familia. Muere mártir también defendiendo su dignidad personal y de su madre. Hoy podemos considerarla como representante de todos los chicos y chicas que sufren los mismos males u otros peores quizás, como es el acoso sexual, como lo es la pérdida de la familia, el padre biológico Domingo Vicuña era golpeador, luego un hombre que hace pareja con su madre, en Argentina cuando cruza la cordillera, se encuentra con un hombre que es violento, que es el alcohólico. Él era un hombre rico”.

Lautita es una protagonista de la sabiduría de Dios y de la fortaleza del Espíritu Santo. Se defendió de un hombre que realmente, un hombre dado a la bebida, a la buena vida y al mucho dinero que tenía. Creo que hay mucho para aprender de la vida de Laura. Tomando el caballo y saliendo a la cordillera para salvarse de un hombre de esa calamidad, como era Manuel Mora”, indicó la hermana Elda.

Finalmente la Dra. Silvia Correale indicó que “Ella es una intercesora importante para todas las personas que puedan tener problemas de este tipo. La llamaban el lirio de Junín de los Andes, la azucena, un alma purísima que se inmoló por el bien de su mamá, y que logró que su mamá dejara de convivir con este señor y viviera santamente hasta su muerte. Es un ejemplo hermosísimo”, concluyó Silvia.