Contención emocional y escucha activa ante el problema del suicidio

lunes, 8 de junio de 2026

08/06/2026 – El aumento de los casos de suicidio en Argentina vuelve a encender una señal de alarma sobre una problemática que especialistas y organismos internacionales consideran un desafío de salud pública. La Organización Mundial de la Salud sostiene que el suicidio es prevenible y que las estrategias más eficaces pasan por fortalecer las redes comunitarias, la escucha activa y la detección temprana de las personas que atraviesan situaciones de sufrimiento emocional.

Las cifras conocidas recientemente muestran una realidad preocupante: durante el último año la tasa de suicidios en el país alcanzó los 11,8 casos cada 100.000 habitantes, por encima del promedio mundial de 9,1. En apenas una década, la cantidad de muertes prácticamente se duplicó, pasando de 2.897 en 2016 a más de 5.200 casos registrados el año pasado.

Frente a este escenario, Estela Paz, coordinadora de la Pastoral de la Salud y de la Esperanza de la Arquidiócesis de Tucumán, insistió en la necesidad de derribar prejuicios y asumir un compromiso comunitario para acompañar a quienes sufren.

“Ya tenemos que tomar conciencia, pero con seriedad. Cuando vemos a una persona que atraviesa una situación de vulnerabilidad emocional, todos tenemos una responsabilidad. No podemos mirar para otro lado porque siempre hay algo que podemos hacer para ayudar a prevenir un final que nadie desea”, afirmó.

La referente pastoral explicó que uno de los errores más frecuentes consiste en creer que toda conducta suicida está necesariamente asociada a una enfermedad mental visible.

“Hay que empezar a desterrar ese mito de que el suicidio está ligado exclusivamente a una enfermedad de salud mental. A la persona que empieza a desarrollar un comportamiento suicida no se le nota a primera vista. Puede trabajar, conversar, salir, sonreír y seguir con su rutina. Pero el sufrimiento lo lleva por dentro y ese dolor se vuelve cada vez más insoportable”, expresó.

Según explicó, el sufrimiento suele estar relacionado también con la pérdida del sentido de pertenencia y con la sensación de convertirse en una carga para los demás.

“La persona empieza a sentir que no pertenece, que la comunidad no la incluye, que no es parte de ningún lugar o que representa un peso para quienes la rodean. Ese sentimiento de exclusión es profundamente doloroso y muchas veces permanece oculto para quienes conviven con ella”, señaló.

Por eso, Paz sostiene que la prevención comienza en los gestos cotidianos y en la capacidad de prestar atención a pequeños cambios de comportamiento.

“Cuando vemos que alguien ya no actúa como antes, que deja de participar, que se aísla o que modifica sus hábitos habituales, tenemos que preguntarle qué le pasa, qué está sufriendo y qué le está causando ese malestar. Esa pregunta puede abrir una puerta enorme para que la persona se sienta escuchada y acompañada”, indicó.

La coordinadora de la Pastoral de la Salud ilustró esta realidad con ejemplos sencillos de la vida diaria, donde muchas veces se naturaliza el silencio sin advertir que puede esconder un profundo sufrimiento.

“En los grupos de WhatsApp compartimos mensajes todos los días, pero a veces alguien deja de escribir, deja de saludar o desaparece del grupo y nadie pregunta qué ocurrió. Lo mismo pasa en las parroquias: un hermano deja de asistir a una reunión y nadie averigua por qué. Después nos enteramos de una tragedia y comprendemos que esas eran señales de alerta que nadie supo leer”, lamentó.

Para Estela Paz, construir comunidades más cercanas y atentas constituye una herramienta concreta de prevención. Escuchar, preguntar y acompañar son acciones simples que pueden marcar una diferencia decisiva en la vida de una persona.

En un contexto donde las estadísticas muestran un crecimiento sostenido de los suicidios en Argentina, su mensaje apunta a recuperar el valor de la corresponsabilidad y de la presencia humana: estar cerca del que sufre, interesarse por su realidad y ofrecer una escucha sincera puede convertirse en el primer paso para devolver esperanza allí donde parece haberse perdido.