viernes, 2 de noviembre de 2018

Diego Fares: “El mandamiento es el de la misericordia, no el de polarizar”

viernes, 2 de noviembre de 2018
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02/11/2018 – Consultado sobre la situación del país y sobre “nuestros cansancios” por las batallas espirituales, morales y políticas, el sacerdote jesuita invitó a los cristianos a “ponerse en el plano más alto, en el fin último, que es la misericordia, para no polarizar, sino para unir”.

En diálogo con Radio María, puso como ejemplo los gestos del papa Francisco. “Sus gestos -dijo- son de misericordia. Mandar un rosario a una presa, si se lee como un gesto de misericordia, no es dañino. Si solo hay dos polos: los justos y los corruptos, darle un rosario a un corrupto es corrupción (…). El rosario se puede enviar tanto al que está suelto como al que está preso. Para que los dos recemos. El papa se mueve en el ámbito del mandamiento principal: Amar a Dios y al prójimo”.

El padre Diego Fares, diferenció los tipos de cansancios a los que nos enfrentamos: “Cansancios hay de todo tipo. Hay cansancios buenos, como cuando uno termina la jornada después de haber trabajado bien y regresa, molido, pero satisfecho y con ganas de estar en casa. Y cansancios malos. Entre estos malos cansancios hay uno particular que es el de estar perdido en medio de estas polarizaciones de ideas enfrentadas. La polarización cansa. Uno escucha un tema y ya se cansa, porque se sabe que va a ir a parar a un callejón sin salida. Tener ideas contradictorias instaladas -en la cabeza y en el país- cansa infinitamente”.

“Es importante tener en cuenta -dijo el sacerdote-, que cuando hay tantas polarizaciones, cuando se toman tantas posturas absolutas, que quieren eliminar al otro, estamos ante una cuestión mental, sostenida a propósito por alguien a quien le conviene, no ante la realidad”.

Ante la pregunta sobre cuál debe ser nuestra actitud frente a la polarización, el sacerdote invitó a “poner la fuerza en plantear mejor las cosas, hay que escuchar más, gritar menos, buscar ampliar el propio punto de vista y comprender que detrás de alguien que insulta, hay alguien cansado, herido, desilusionado, con miedo”.

Al contrario, si uno entra en la discusión, corre el riesgo de contagiarse y contradecir “con el mismo odio que quería combatir. No sirve discutir con el que tiene el virus de la polarización. Las señales del virus se ven en la fiebre: en el tono que usa, en el lenguaje, en las ironías, en el insulto y el ninguneo. Hay que ir a dar testimonio de un mayor servicio a los más pobres, no quedarnos peleando con los que nos atacan”, agregó el sacerdote.

Finalmente, el padre recomendó escuchar la “dulce voz de Jesús”: “Tenemos que parar el oído para escuchar quién habla con ese tono. Rezar es ir a escuchar al que nos habla en este tono y hace que «sintonicemos» con él y hablemos a la gente en el dialecto materno, el de la Virgen, el de nuestra Madre la Iglesia, el de nuestros buenos pastores. Esa es la actitud: partir de la oración que nos cambia el lenguaje y, al hablar distinto entre nosotros, cambia la realidad”.