04/12/2013 – Con una larga chalina blanca para protegerse del frío, el Papa Francisco presidió la audiencia pública de los miércoles en una Plaza de San Pedro de nuevo abarrotada de mucha gente. El Papa explicó el dogma de la resurrección de la carne”: “Resucitaremos como Cristo, con nuestros cuerpos glorificados, porque llevamos ya en nosotros mismos una semilla de resurrección". “En el Evangelio -explicó el Santo Padre- encontramos la aclaración: el que Jesús haya resucitado es la prueba de que la resurrección de los muertos existe”.
El Pontífice agregó que “Cristo está siempre con nosotros, viene cada día y vendrá al final. Entonces Él resucitará también nuestro cuerpo en la gloria, no lo devolverá al mundo terrenal. Viviendo de esta fe, seremos menos prisioneros de lo efímero, de lo pasajero”.
En otro orden, pidió oraciones "por las religiosas y por todas las personas secuestradas por culpa del conflicto en Siria". El Papa nvitó a las cientos de personas congregadas en la Plaza de San Pedro a rezar por las doce monjas de la ciudad cristiana de Malula, al sur de Siria, que fueron secuestradas el lunes pasado cuando los rebeldes del Frente al Nusra, vinculados a Al Qaeda, tomaron el casco antiguo de la ciudad.
Este es el texto de la Catequesis del Papa:
“Queridos hermanos y hermanas. Hoy volvemos sobre la afirmación: ´Creo en la resurrección de la carne`. Esto no es fácil de entender estando inmersos en este mundo, pero el Evangelio nos lo aclara: el que Jesús haya resucitado es la prueba de que la resurrección de los muertos existe. Ya la fe en Dios, creador y liberador de todo el hombre – alma y cuerpo-, abre el camino a la esperanza de la resurrección de la carne. Esta esperanza se cumple en la persona de Jesús, que es ´la resurrección y la vida` (Juan 11,25); que nos ha tomado con él en su vuelta al Padre en el Reino glorioso. La omnipotencia y la fidelidad de Dios no se detienen a las puertas de la muerte.
Cristo está siempre con nosotros, viene cada día y vendrá al final. Entonces él resucitará también nuestro cuerpo en la gloria, no lo devolverá al mundo terrenal. Viviendo de esta fe, seremos menos prisioneros de lo efímero, menos prisioneros de lo pasajero. Esta transfiguración de nuestro cuerpo se prepara ya en esta vida por el encuentro con Cristo Resucitado, especialmente en la Eucaristía, en la que nos alimentamos de su Cuerpo y de su Sangre. En cierto modo, ya ahora resucitamos, participamos por el Bautismo de una vida nueva, participamos del misterio de Cristo muerto y resucitado. Tenemos una semilla de resurrección, un destello de eternidad, que hace siempre toda vida humana digna de respeto y de amor”.
Religión Digital / Rome Reports
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