13/04/2026 – (Fuente: Vatican News) En su primer discurso en Argelia, primera etapa de su viaje apostólico a África, ante el Memorial de los Mártires «Maqam Echahid», que rinde homenaje a aquellos que perdieron la vida en la lucha por la independencia de la Francia colonial, el Santo Padre lanzó un fuerte llamado a la paz, al perdón y la fraternidad entre los pueblos.
“¡As-salamu alaykom! ¡Que la paz esté con ustedes!”
Con el saludo de la paz en lengua árabe, el Papa León XIV inició el primer discurso de su extenso viaje apostólico a África, dirigido al pueblo de Argelia, precedido por las palabras de bienvenida del cardenal Jean-Paul Vesco, arzobispo de Argel. Unas 5 mil personas se reunieron en el Memorial construido por el arquitecto canadiense Bruce Charles Abud, donde, en la cripta bajo las tres hojas, arde una llama eterna.
León XIV llegó allí alrededor de las 10:45, bajo un cielo plomizo y un fuerte viento. Un ministro lo recibió al pie de la escalinata del Monumento, que el Papa recorrió acompañado por dos oficiales superiores de la Guardia argelina. Llevaban en la mano una corona de flores: es el homenaje del Pontífice a este pueblo que ha luchado por la independencia, la dignidad y la soberanía de la nación. Se les dedica un momento de silencio, tras la Guardia de Honor y la interpretación de los himnos. El Papa y el ministro se dirigieron luego hacia el lado izquierdo de la terraza para admirar la vista del puerto de Argel. Luego se trasladaron al lado opuesto, donde una multitud de unas 5.000 personas esperaban el saludo del Pontífice.
Agradeciendo la oportunidad de visitar el país “como Sucesor del apóstol Pedro, después de haberlo hecho ya en dos ocasiones como hijo espiritual de san Agustín”, el Papa, en su discurso, subrayó que sobre todo, «quien viene ante ustedes es un hermano, feliz de poder renovar, en este encuentro, los lazos de afecto que unen nuestros corazones”.
El Santo Padre elogió la “hospitalidad y fraternidad” de un “pueblo joven y fuerte”, experimentada en repetidas ocasiones. Y remarcó cómo en el corazón argelino “la amistad, la confianza y la solidaridad no son simples palabras, sino valores importantes que dan calidez y fortaleza a la convivencia”.
A continuación, se refirió a la larga historia y ricas tradiciones del país, que se remontan a la época de san Agustín e incluso mucho antes de él. “Una historia dolorosa, marcada incluso por períodos de violencia” – afirmó – que el pueblo argelino superó con “valentía y honestidad”, gracias a la “nobleza de espíritu que los caracteriza”. Detenerse ante este Monumento, añadió, “es un homenaje a esa historia y al alma de un pueblo que ha luchado por la independencia, la dignidad y la soberanía de esta nación”.
El Pontífice señaló que en este lugar “recordamos que Dios desea la paz para cada país”, una paz que “no es sólo ausencia de conflicto, sino expresión de justicia y de dignidad”, y que “es posible solamente con el perdón”. La lucha verdadera por la liberación – puntualizó –será ganada definitivamente sólo cuando la paz se haya conquistado finalmente en los corazones. “Sé cuán difícil sea perdonar. Sin embargo, mientras los conflictos se multiplican continuamente en todo el mundo, no se puede añadir resentimiento al resentimiento, de generación en generación”.
El futuro pertenece a los hombres y a las mujeres de paz. Al final, la justicia triunfará siempre sobre la injusticia, así como la violencia, más allá de toda apariencia, no tendrá nunca la última palabra.
León XIV se refirió también al patrimonio único de historia, de cultura y de fe que posee cada pueblo, observando que en Argelia “la fe en Dios ocupa un lugar central”.
Un pueblo que ama a Dios posee la riqueza más verdadera, y el pueblo argelino guarda esta joya en su tesoro. Nuestro mundo necesita este tipo de creyentes, hombres y mujeres de fe, sedientos de justicia y de unidad. Por eso, ante una humanidad anhelante de fraternidad y de reconciliación, es un gran don y un bendito compromiso el declararnos con fuerza y ser siempre, juntos, hermanos entre nosotros e hijos de Dios.
«¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida?» preguntó el Pontífice remitiéndose a un pasaje del Evangelio de Mateo (Mt 16,26), y reflexionando sobre este, afirmó:
Es una pregunta fundamental para todos a la que los difuntos que aquí se honran dieron respuesta: perdieron la vida, pero en otro sentido, entregándola por amor a su pueblo. Que su ejemplo sostenga al pueblo argelino y a todos nosotros en nuestro camino, porque la verdadera libertad no sólo se hereda, sino que se elige cada día.
El Papa León XIV concluyó repitiendo las palabras de Jesús a sus discípulos, a las que llamamos Sermón de la montaña o Bienaventuranzas:
«Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia. Felices los afligidos, porque serán consolados. Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios. Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos» (Mt 5,3-10).
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