15/04/2026 – (Fuente: Vatican News) Este 15 de abril, en el marco de su 3º Viaje Apostólico a África, en su primer discurso en Camerún, ante las autoridades, los representantes de la sociedad civil y el Cuerpo diplomático, el Papa León XIV recordó los desafíos que aun afectan al país e hizo un nuevo llamamiento en favor de la paz. «El mundo tiene sed de paz […]. ¡Basta ya de guerras, con sus dolorosos cúmulos de muertos, destrucciones y exiliados!».
“Que Dios bendiga a Camerún, sostenga a sus dirigentes, inspire a la sociedad civil, ilumine la labor del Cuerpo diplomático y conceda a todo el pueblo camerunés —cristianos y no cristianos, responsables políticos y ciudadanos— acoger el Reino de Dios, construyendo juntos un futuro de justicia y de paz”, este es el deseo que manifestó el Papa León XIV a las autoridades, a los representantes de la sociedad civil y al Cuerpo diplomático de Camerún, este 15 de abril, en el Palacio Presidencial de Yaundé, en su primer discurso de la segunda etapa de su Viaje Apostólico Internacional a África.
Al iniciar su discurso, en la Sala de Reuniones del Palacio de la Unidad, el Santo Padre agradeció la cálida acogida que le brindaron y señaló que es una alegría encontrarse en la denominada “África en miniatura”, nombre con el cual se conoce a Camerún por la riqueza de sus territorios, sus culturas, sus lenguas y sus tradiciones.
“Esta variedad no es una fragilidad; es un tesoro. Constituye una promesa de fraternidad y un sólido fundamento para construir una paz duradera”.
A los cameruneses, el Pontífice les dijo que llegaba “como pastor y como servidor del diálogo, de la fraternidad y de la paz”; y que su visita expresa el afecto del Sucesor de Pedro por todos los cameruneses, así como el deseo de animar a cada uno a proseguir, con entusiasmo y perseverancia, en la construcción del bien común.
“¡Cuánta hambre y sed de justicia! ¡Cuánta sed de participación, de horizontes, de decisiones valientes y de paz! Es mi gran deseo llegar al corazón de todos, en particular de los jóvenes, llamados a dar forma, también política, a un mundo más justo. Deseo además manifestar la voluntad de reforzar los lazos de cooperación entre la Santa Sede y la República de Camerún, fundados en el respeto mutuo, en la dignidad de cada persona humana y en la libertad religiosa”.
Trabajar por la unidad y la justicia
Y al recordar la visita de sus predecesores a Camerún, el Papa León XIV señaló que, “esos momentos marcaron su historia nacional, como exhortaciones exigentes al espíritu de servicio, a la unidad y a la justicia”. Y entonces, el Papa invitó a preguntarse:
“¿En qué punto nos encontramos? ¿De qué manera ha dado fruto la Palabra que se nos ha anunciado? ¿Y qué queda por hacer?”.
Citando a San Agustín, el Pontífice subrayó la responsabilidad que tienen los gobernantes de un país, que deben de estar a “un servicio lleno de bondad”.
“Desde esta perspectiva, servir a la propia patria significa dedicarse con mente lúcida y conciencia íntegra al bien común de todo el pueblo: de la mayoría, de las minorías y de su armonía recíproca”.
Y al señalar que, hoy, Camerún como muchas otras naciones, está atravesando pruebas complejas. Las tensiones y la violencia que han afectado a algunas regiones del noroeste, del suroeste y del extremo norte han provocado un profundo sufrimiento: vidas perdidas, familias desplazadas, niños privados de la escuela, jóvenes que no ven un futuro.
“Detrás de las estadísticas hay rostros, historias y esperanzas heridas. Ante situaciones tan dramáticas, a principios de este año invité a la humanidad a rechazar la lógica de la violencia y de la guerra, para abrazar una paz fundada en el amor y la justicia”.
Luego, explicando la frase que está marcando su pontificado, el Papa León explicó que la paz tiene que ser “desarmada y desarmante”. “Una paz que sea desarmada, es decir, no basada en el miedo, la amenaza o el armamento; y desarmante, porque es capaz de resolver los conflictos, de abrir los corazones y de generar confianza, empatía y esperanza”.
“La paz no puede reducirse a un eslogan: debe encarnarse en un estilo, personal e institucional, que repudie toda forma de violencia. Por eso reitero con fuerza: «El mundo tiene sed de paz […]. ¡Basta ya de guerras, con sus dolorosos cúmulos de muertos, destrucciones y exiliados!». Este grito quiere ser un llamamiento a la voluntad de contribuir a una paz auténtica, anteponiéndola a cualquier interés particular”.
La mirada del Papa se extiende al papel de los políticos, a la capacidad de gobernar, que «significa amar a la propia patria y a los países vecinos», «escuchar verdaderamente a los ciudadanos, valorar su inteligencia y su capacidad para contribuir a la construcción de soluciones duraderas a los problemas». Desde esta perspectiva, «la sociedad civil debe considerarse una fuerza vital para la cohesión nacional», porque es capaz de apoyar, intervenir y aliviar tensiones, pero, sobre todo, es capaz de formar conciencias, promover una cultura de diálogo y respeto por las diferencias.
“¡Camerún también está preparado para esta transición! Asociaciones, organizaciones de mujeres y jóvenes, sindicatos, ONG humanitarias, líderes tradicionales y religiosos: todos desempeñan un papel insustituible en la construcción de la paz social”.
Mujeres artífices de paz
«Quisiera destacar con gratitud el papel de las mujeres», afirma el Pontífice, consciente de la discriminación que sufren, pero a pesar de ser víctimas de prejuicios y violencia, «siguen siendo incansables constructoras de paz». Pide que se les reconozca plenamente.
“Su compromiso con la educación, la mediación y la reconstrucción del tejido social es incomparable y representa un freno a la corrupción y al abuso de poder. Por ello, su voz debe ser plenamente reconocida en los procesos de toma de decisiones”.
Otro punto clave del discurso del Obispo de Roma es la «transparencia en la gestión de los recursos públicos y el respeto al Estado de derecho». Por esta razón, hace un llamado a «un examen de conciencia y un valiente paso adelante», recordando que la estabilidad surge de instituciones justas y creíbles que jamás deben ser motivo de división.
“La seguridad es una prioridad, pero siempre debe ejercerse con respeto a los derechos humanos, combinando rigor y generosidad, con especial atención a los más vulnerables. La paz auténtica nace cuando todos se sienten protegidos, escuchados y respetados, cuando la ley constituye una barrera segura frente a la arbitrariedad de los más ricos y poderosos”.
Para el Papa, el testimonio y la vida de quienes gobiernan son fundamentales y están intrínsecamente ligados a la colaboración entre los distintos órganos y niveles administrativos del Estado al servicio del pueblo, especialmente de los más pobres, y a una vida de integridad.
“Para que florezcan la paz y la justicia, es necesario romper las cadenas de la corrupción, que desfiguran la autoridad y la despojan de su autoridad. Debemos liberar nuestros corazones de esa sed de ganancia que es idolatría: la verdadera ganancia es el desarrollo humano integral, es decir, el crecimiento equilibrado de todos los aspectos que hacen de la vida en esta tierra una bendición”.
Según León XIV, Camerún cuenta con los recursos humanos, culturales y espirituales necesarios para superar las dificultades y los conflictos y avanzar hacia un futuro de estabilidad y prosperidad compartida. «El compromiso común con el diálogo, la justicia y el desarrollo integral», explica, «debe transformar las heridas del pasado en fuentes de renovación».
Profetas de paz
Respecto a los jóvenes, «la esperanza del país y de la Iglesia», el Papa hace un llamado a invertir en su educación, formación y emprendimiento, pues «es la única manera de frenar la fuga de talentos maravillosos hacia otras regiones del planeta». Es también el camino para combatir las plagas de las drogas, la prostitución y la apatía, «que devastan demasiadas vidas jóvenes, de una manera cada vez más dramática». La espiritualidad de los jóvenes, afirma, es una energía «que hace preciosos sus sueños, arraigados en las profecías que nutren sus oraciones y sus corazones».
“Las tradiciones religiosas, cuando no están distorsionadas por el veneno del fundamentalismo, inspiran profetas de paz, justicia, perdón y solidaridad. Al fomentar el diálogo interreligioso e involucrar a los líderes religiosos en iniciativas de mediación y reconciliación, la política y la diplomacia pueden recurrir a fuerzas morales capaces de apaciguar tensiones, prevenir la radicalización y promover una cultura de estima y respeto mutuos”.
Finalmente, el Pontífice recordó el compromiso de la Iglesia Católica en Camerún con la educación, la sanidad y las causas benéficas, que pretende continuar «sin distinción», colaborando con todas «las fuerzas vitales de la nación para promover la dignidad humana y la reconciliación».
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