19/05/2026 – (Fuente: Vatican News) La encíclica de León XIII, promulgada el 15 de mayo de 1891, guía todavía hoy a mantener en el centro los principios éticos frente a los cambios que estamos viviendo a nivel social, económico y tecnológico. Padre Giacomo Costa, acompañante espiritual de las Acli: “La Doctrina social de la Iglesia pide que nunca sean olvidadas las personas concretas, sobre todo las más frágiles”.
Han pasado 135 años desde su promulgación, pero la Rerum Novarum de León XIII constituye un instrumento aún muy válido para afrontar la evolución social, tecnológica y económica en curso con la mirada del Evangelio, de la solidaridad, del bien común y del desarrollo humano integral. “Cada época tiene sus cosas nuevas, pero la pregunta sobre la dignidad del hombre permanece siempre la misma”, afirma el padre Giacomo Costa, acompañante espiritual de las Acli nacionales y colaborador de la Secretaría general del Sínodo. “Una pregunta fundamental —prosigue— para todo compromiso y toda lectura de la realidad por parte de todos los creyentes y de todos los cristianos”.
Fue el Papa Pecci quien inauguró esta perspectiva de observación arraigada en la fe con la intención de no dejar atrás a nadie y de permitir a cada uno contribuir a la definición de este cambio. “León XIII —precisa el padre Costa— había comprendido que la Iglesia no podía observar desde lejos todos los procesos de la época: la revolución industrial, la emergencia de la cuestión obrera, la acumulación de riquezas en manos de pocos, la desintegración progresiva de los vínculos sociales”. De esta atención se desarrolló la doctrina social de la Iglesia. Y también el Concilio Vaticano II señaló la necesidad de concentrar mayormente la atención en los signos de los tiempos.
Por su parte, el Papa León XIV, al día siguiente de su elección, encontrándose con los cardenales, explicó que había elegido este nombre precisamente para proseguir por el camino trazado por su predecesor. “Hoy —dijo— la Iglesia ofrece a todos su patrimonio de doctrina social para responder a otra revolución industrial y a los desarrollos de la inteligencia artificial, que comportan nuevos desafíos para la defensa de la dignidad humana, de la justicia y del trabajo”.
La encíclica insiste mucho en la dignidad del trabajador como persona y no como mera mercancía. Sin embargo, hoy, en una economía dominada por algoritmos, plataformas y automatización, ¿cómo se puede concretar este principio cuando millones de puestos de trabajo corren el riesgo de desaparecer? “Sin duda —responde el padre Costa— la Iglesia no dice cómo hacerlo y no ofrece soluciones. Pero ayuda a recordar que la técnica nunca es neutra y que toda innovación lleva una cierta idea de humanidad, de sociedad, de bien común”.
¿Qué humanidad estamos construyendo a través de estos instrumentos y estos cambios? Según el religioso, la enseñanza de la Iglesia ayuda a plantearse preguntas de este tipo ofreciendo puntos de referencia al afrontar los grandes temas en las diversas épocas. “Esto para que en las perspectivas económicas y tecnológicas se integre también la cuestión ética de modo central, tratando de respetar a todos y por lo tanto de construir juntos una humanidad sostenible”.
El discurso toca inevitablemente la dimensión política, como el mismo Papa León XIV recordó durante su reciente viaje a África y en particular en el discurso a las autoridades, el cuerpo diplomático y la sociedad civil en Guinea Ecuatorial pronunciado el pasado 21 de abril. “Es tarea ineludible de las Autoridades civiles y de la buena política remover los obstáculos al desarrollo humano integral, del cual el destino universal de los bienes y la solidaridad son principios fundamentales”.
A este propósito —advierte el padre Costa— “la doctrina social no ofrece un programa político prefabricado y no pretende sustituirse a la política, pero pide que no sean olvidadas las personas concretas, sobre todo las más frágiles. Es un instrumento esencial que pregunta continuamente si el crecimiento está produciendo más dignidad, más justicia, más paz y más posibilidades de vida buena para todos”.
También León XIV, siempre en Guinea Ecuatorial, citando la Rerum novarum, subrayó que hoy la exclusión representa el nuevo rostro de la injusticia social. Y añadió que la misión de la Iglesia es “contribuir a la formación de las conciencias, mediante el anuncio del Evangelio, la oferta de criterios morales y de auténticos principios éticos, en el respeto de la libertad de cada individuo y de la autonomía de los pueblos y de sus gobiernos”.
El objetivo de la Doctrina social —siguiendo siempre las palabras del Papa— “es educar para afrontar los problemas, que son siempre diferentes, porque cada generación es nueva, con nuevos desafíos, nuevos sueños, nuevas preguntas”.
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