León XIV abandona Guinea Ecuatorial, concluye el viaje apostólico por África

jueves, 23 de abril de 2026

23/04/2026 – (Fuente: Vatican News) Tras diez días de visita a cuatro países, el Papa se despide partiendo con su comitiva a las 12.53 horas (hora local) a bordo del ITA A330-900neo que le llevará, en poco más de seis horas de vuelo, desde el aeropuerto de Malabo a Roma-Fiumicino.

Un viaje largo e muy intenso, desde los lugares agustinos de Argelia, con la comunidad cristiana que sigue defendiendo una fe basada en el servicio, el diálogo y el martirio, hasta el África negra de Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial, donde esta mañana ha celebrado la misa de clausura ante 30 000 fieles, un tercio más de lo previsto. Una misión que concluye hoy, 23 de abril, con el regreso desde el aeropuerto internacional de Malabo, a unos diez kilómetros del estadio, a Roma-Fiumicino, donde aterrizará con el vuelo ITA A330-900neo tras poco más de 6 horas. En la antigua capital de Guinea Ecuatorial, la interpretación de los himnos y las tradicionales guardias de honor en presencia del vicepresidente de Guinea Ecuatorial, el saludo a las delegaciones. A continuación, el despegue a las 12.53 (hora local).

África, un gran tesoro

León XIV abandona el continente africano, al que tanto le importaba acudir como primer viaje de su pontificado —si no hubiera «heredado» lo que ya su predecesor Francisco tenía en mente realizar y a lo que se vio obligado a renunciar, en Turquía y el Líbano—, llevándose consigo, como dijo en el saludo al final de la celebración, «un tesoro inestimable de fe, esperanza y caridad». Historias, rostros, testimonios, «alegres y dolorosos», que son fuente, admite, de «abundante enriquecimiento» tanto a nivel personal como en su calidad de Sucesor de Pedro.

De los conflictos olvidados a la confianza en los jóvenes

Manteniendo siempre una mirada amplia sobre las regiones que sufren a causa de las guerras y la violencia, el Pontífice ha tenido la oportunidad de arrojar luz estos días sobre los tantos conflictos olvidados de África, de advertir sobre las lógicas que los desencadenan y alimentan, de exhortar sobre todo a las nuevas generaciones a encontrar todas las energías necesarias para reapropiarse de su propio futuro con sentido de la responsabilidad, confianza, dignidad y libertad. El resultado es un panorama que hay que asimilar, el de una África a menudo considerada un monolito indistinto, destinataria exclusiva de ayuda. Sí, se necesita pan, pero África es un don en sí misma. Leone lo ha experimentado, lo ha contemplado, lo ha contado.