Fuente: @VaticanMedia
01/12/2025 – El Papa León XIV dedicó su primer gran discurso en el Líbano a las autoridades, a los representantes de la sociedad civil y al Cuerpo Diplomático, reunidos en el Palacio Presidencial de Beirut. El mensaje del Pontífice, que comenzó con la bienaventuranza «¡Bienaventurados los que trabajan por la paz!», hizo un llamado a ser constructores de paz en medio de las complejas circunstancias que vive el país. Tras los encuentros privados con los Jefes de Estado y de Gobierno, el Papa rindió homenaje a la fuerza de «un pueblo que no se rinde» y que sabe «renacer con valentía» ante las pruebas.
Ante un auditorio que presenció la firma del Libro de Honor y la simbólica plantación del «Cedro de la Amistad,» el Papa León XIV afirmó que la paz es una obra que exige «continuo recomenzar,» tenacidad y perseverancia, ya que «el compromiso y el amor por la paz no conocen el miedo ante las aparentes derrotas.» Dirigiéndose directamente a los líderes del país, el Pontífice enfatizó la riqueza de la sociedad civil libanesa, llena de jóvenes capaces de expresar sueños y esperanzas. Les instó a que se pongan «al servicio de su pueblo» y hablen «una sola lengua: la lengua de la esperanza que hace converger a todos en un constante comenzar de nuevo.»
Como segunda característica para ser artífices de paz, León XIV habló de la necesidad de recorrer el «arduo camino de la reconciliación.» Explicó que las heridas personales y colectivas requieren años para sanar, y que la reconciliación duradera solo crece junto a la verdad y con un objetivo común. En este sentido, recordó a las autoridades que la diplomacia y una cultura de la reconciliación necesitan que las instituciones reconozcan «el bien común por encima del bien parcial.» El Papa insistió en que «La verdad más grande de todas es que estemos juntos insertados en un proyecto que Dios ha preparado para que seamos una familia.»
El tercer aspecto abordado fue el valor de permanecer en la patria, un desafío para el Líbano ante la «hemorragia de jóvenes y familias que buscan un futuro en otros lugares.» Aunque reconoció que los libaneses en la diáspora aportan aspectos positivos, el Pontífice animó a los líderes a trabajar para que «permanecer en la patria y colaborar día a día al desarrollo de la civilización del amor y de la paz sigue siendo algo muy loable.» Además, el Papa dedicó un reconocimiento especial a las mujeres, a quienes considera «imprescindibles trabajadoras por la paz,» debido a su capacidad específica para «custodiar y desarrollar vínculos profundos con la vida, con las personas y con los lugares.»
Finalmente, el Santo Padre usó la cultura libanesa de la danza y la música para ilustrar el sentido más profundo de la paz. Concluyó su discurso señalando que la paz es un don que viene de Dios y que «es como un movimiento interior que se derrama hacia el exterior.» Concluyó su mensaje de esperanza con la siguiente frase: «Quien baila avanza con ligereza, sin pisar la tierra, armonizando sus pasos con los de los demás. Así es la paz: un camino movido por el Espíritu, que dispone al corazón a escuchar y lo hace más atento y respetuoso hacia el otro.»
Fuente: Vatican News.
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