León XIV en la Jornada de la Vida Consagrada: «Los religiosos son fermento de paz donde retumban las armas»

martes, 3 de febrero de 2026

03/02/2026 – En el marco de la XXX Jornada Mundial de la Vida Consagrada, el Papa León XIV presidió una misa en la Basílica de San Pedro centrada en el papel de los religiosos dentro de la sociedad actual. Durante la celebración, que comenzó con el tradicional encendido de velas, el Pontífice destacó que la misión de quienes profesan los consejos evangélicos es ser testimonios de que Dios está presente en la historia. Ante los 5.500 asistentes, el Papa instó a los consagrados a actuar como fermento de paz en contextos marcados por la distancia entre la fe y la vida cotidiana.

En su homilía, León XIV subrayó que la vida religiosa ofrece una perspectiva necesaria sobre el tiempo y la eternidad. Según explicó el Santo Padre, esta vocación, «con su sereno desapego de todo lo transitorio, enseña la inseparabilidad entre el más auténtico cuidado de las realidades terrenas y la amorosa esperanza en las eternas». Para el Pontífice, este equilibrio permite a los misioneros ocuparse de las necesidades humanas sin perder de vista el fin último de su entrega.

Según informa Vatican News, el Papa también rindió homenaje a los fundadores de las familias religiosas, señalando que su legado impulsa a los consagrados a estar presentes en diversos escenarios, desde el silencio de los claustros hasta la precariedad de las calles. Destacó que muchos de ellos se han convertido en «presencia orante en ambientes hostiles e indiferentes», actuando como un soporte humano y espiritual en lugares donde predominan el abandono o la degradación social.

Uno de los puntos más relevantes del mensaje fue el reconocimiento a quienes permanecen en zonas de conflicto. León XIV afirmó que las comunidades religiosas reclaman la sacralidad de la vida incluso «donde resuenan las armas y donde parecen prevalecer la prepotencia, el interés y la violencia». Según el Papa, estas personas no huyen, sino que se mantienen como un signo elocuente de esperanza en medio de la guerra, convirtiéndose en «braseros para el fuego del Fundidor» a través del servicio y la oración.

Asimismo, el Pontífice recordó que la Iglesia católica pide a los consagrados ser profetas que anuncien la presencia del Señor y preparen su camino. Al citar la figura bíblica de Simeón, enfatizó la importancia de mantener la mirada fija en los bienes futuros para iluminar el presente. Esta labor profética se traduce en mostrar al mundo, mediante el perdón y el amor sin medida, que es posible superar los conflictos y trabajar activamente por la fraternidad universal.

Finalmente, la jornada concluyó con un llamado a la evangelización a través del testimonio personal y comunitario. El Papa León XIV reafirmó que cada persona, especialmente los más vulnerables como ancianos, enfermos y presos, constituye un «santuario inviolable» de la presencia divina. De este modo, la vida consagrada se presenta como una invitación constante a despertar al mundo, demostrando que el cuidado de lo humano y la esperanza cristiana son dimensiones inseparables en la construcción de la paz.

Fuente: Vatican News.