26/03/2026 – (Fuente: Vatican News) En un encuentro con el Centro Nacional de Trasplantes italiano, el Santo Padre define la donación como “un acto profundamente humano y solidario” y recuerda que donar órganos no es solo un acto médico, sino “un gesto de generosidad extrema, donde una persona puede dar vida a otros incluso después de morir”.
Hace 70 años, el beato don Carlo Gnocchi dio la primera donación de órganos en Italia, un gesto histórico que permitió a dos jóvenes recuperar la vista. Esta mañana, ante miembros del Centro Nacional de Trasplante, el Papa León XIV ha conmemorado este desinteresado gesto: “El beato don Carlo Gnocchi pidió que sus córneas fueran extraídas después de su muerte y trasplantadas a dos jovencísimos asistidos de su Obra, quienes pudieron volver a ver. Aquel gesto, realizado en un contexto todavía carente de una normativa orgánica, suscitó una amplia reflexión en la sociedad italiana y contribuyó a iniciar un camino de definición legislativa”.
La orientación moral de la Iglesia
Pocas semanas después, el Papa Pío XII ofreció una primera orientación moral, reconociendo la licitud de la extracción de órganos con fines terapéuticos, siempre respetando la dignidad del cuerpo humano y los derechos de las personas implicadas. Desde entonces – asegura el Papa – “la Iglesia ha acompañado el desarrollo de la medicina de los trasplantes, reconociendo su valor e indicando, al mismo tiempo, los criterios éticos necesarios”.
Después, el Pontífice ha destacado el progreso alcanzado por la Red de Trasplantes italiana, fruto de décadas de investigación científica y dedicación humana “cuyos resultados han sido reconocidos internacionalmente” y ha recordado la encíclica Evangelium vitae de San Juan Pablo II que recuerda que la donación de órganos es una expresión concreta de fraternidad: “es una acción que une la generosidad del don con la responsabilidad moral que lo acompaña”.
El rechazo a la mercantilización del cuerpo humano
El Papa también recuerda lo que dice el Catecismo de la Iglesia Católica, cuando afirma que “la donación de órganos después de la muerte es un acto noble y meritorio y debe ser fomentado como manifestación de generosa solidaridad” pero a su vez marca un límite ético claro frente a posibles abusos: “es necesario vigilar siempre para evitar cualquier forma de mercantilización del cuerpo humano y garantizar a los trasplantes criterios justos y transparentes”.
Por otro lado, León XIV retiene que “la medicina de los trasplantes nos recuerda que la relación de cuidado, de confianza y de responsabilidad recíproca constituye una condición imprescindible para que el trasplante pueda realizarse” y explica que “la misma posibilidad de salvar vidas mediante los trasplantes depende de la generosidad de los donantes”.
Promover la cultura de la donación desde la fe
Su exhortación final es a una investigación científica “llamada a desarrollar soluciones cada vez más eficaces para responder a la necesidad de órganos y a las exigencias de los pacientes”. En este sentido, subraya que es necesario que este compromiso avance siempre junto con una reflexión responsable, “para que el progreso científico permanezca orientado al bien integral de la persona y al respeto de su dignidad”.
Por último, pide a las instituciones y al mundo del voluntariado que se enfoquen en la información y sensibilización “para que pueda crecer una cultura de la donación cada vez más consciente, libre y compartida”.
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