Teresita comprendió que vivir el amor es la clave del Evangelio

miércoles, 23 de noviembre de 2022
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23/11/2022 – En el ciclo “Riquezas de la espiritualidad cristiana”, el párroco en Campo Gallo y rector del Santuario de Huachana, padre Juan Ignacio Liébana, continuó hablando de la espiritualidad de santa Teresita del Niño Jesús. “Ella abraza su debilidad, la de sus hermanas y su noche de fe. La insistencia en el amor, como centro del camino de la infancia espiritual, podría hacer suponer, en Teresa, una espiritualidad luminosa de constante disfrute de la presencia del Amado. Por eso, resulta extraño que, en los apuntes que escribe durante los últimos dieciocho meses de su vida, aparezcan las expresiones más crudas de un total oscurecimiento de la presencia de Dios y del paso por la más oscura de las noches. A simple vista, alguno podría atribuir esta oscuridad a la experiencia interior de una enfermedad irreversible, que enfrenta a Teresa con el límite insuperable de una muerte próxima. Sin embargo, la noche no es un accidente más en el camino de la fe, ni una fase o etapa superable, sino un elemento estructural de la misma fe, de la condición absolutamente misteriosa de su término y de la debilidad de las facultades humanas para acceder al Misterio de Dios. De hecho, Teresa da muestras de haberlo comprendido y asimilado muy pronto, integrándolo como rasgo característico de su propio caminito”, dijo el sacerdote.

“Teresita descubre el camino de la confianza. La percepción que tuvo del Evangelio ha sido una contribución muy grande a la renovación espiritual de nuestros días. Su camino de la infancia espiritual, su caminito, le valió el título de doctora de la Iglesia. ¿Cómo surge en ella esta gran intuición? Todo comenzó con la percepción de su pobreza radical, conjuntamente con la misericordia infinita del Padre. Vivir el amor es la clave del Evangelio. Pero, el secreto está en cómo lo vivimos, he aquí la genialidad de Teresita. A menudo, nos repiten que deberíamos hacer un esfuerzo para amar a los demás o para vencer una antipatía, y por eso hemos llegado a creer que el amor al prójimo dependía de nuestra buena voluntad. Es cierto; el amor fraterno exige una actividad por nuestra parte, pero tiene que situarse en las profundidades de nuestro corazón, allí donde está derramado el amor. Pasa con el amor al prójimo lo mismo que con la oración; mientras intentemos hacer que nazca fuera, con el esfuerzo de la inteligencia o de la voluntad, fracasaremos lamentablemente. Este amor no es una virtud moral. Antes de amar a Dios y a los hermanos, hay que vivir la realidad de que Dios me ama. Se trata de un amor recibido, es la vida del resucitado derramada en nuestros corazones. La caridad es siempre el fruto de la pascua de Cristo”, agregó Juani.