09/06/2026 – A pocos días de la segunda vuelta presidencial que definirá el futuro político de Colombia, la Conferencia Episcopal Colombiana volvió a hacer un fuerte llamado a la serenidad, al respeto por las instituciones democráticas y a la construcción de un clima de paz y reconciliación en un escenario atravesado por una creciente polarización política.
Los obispos exhortaron a los candidatos y a toda la sociedad a evitar los discursos de odio y las descalificaciones personales, recordando que la democracia se fortalece cuando prevalecen el diálogo, la responsabilidad y el bien común por encima de las diferencias partidarias.
El obispo de Pasto y administrador apostólico de Mocoa, Monseñor Juan Carlos Cárdenas Toro, explicó que Colombia transita un momento particularmente delicado, ya que «el país se encuentra en el camino hacia la segunda vuelta presidencial y, como parece ser una tendencia en América Latina, las opciones que han llegado a esta instancia representan posiciones diametralmente opuestas: una expresa la continuidad del actual gobierno y la otra propone un rumbo completamente distinto».
En ese contexto, señaló que si bien la primera jornada electoral transcurrió con normalidad, «toda la campaña preelectoral ha estado revestida de una tensión marcada por gestos, palabras, agresiones, acusaciones y sospechas de lado y lado, generando un alto grado de incertidumbre y una gran preocupación por lo que pueda suceder en la segunda vuelta».
Frente a ese escenario, la Iglesia colombiana insistió en la necesidad de bajar el nivel de confrontación y recuperar un lenguaje que favorezca el encuentro. En ese sentido, Monseñor Cárdenas recordó el reciente llamado del papa León XIV y afirmó que «la Iglesia en Colombia ha invitado a la mesura, a la cordura y, como ha dicho el Santo Padre, a desarmar la palabra, a luchar por tener un corazón desarmado y desarmante. Ese sigue siendo nuestro llamado a los candidatos para que den un giro al manejo de la campaña y la centren más en las propuestas de gobierno que en los ataques personales, porque la responsabilidad que tienen los líderes en el uso de la palabra puede arrastrar a quienes los siguen hacia acciones violentas que, si no se detienen a tiempo, pueden traer mucho dolor a la patria».
El prelado sostuvo que uno de los principales problemas del actual proceso electoral es que la discusión pública se ha desplazado desde el debate de ideas hacia la confrontación permanente entre los dirigentes políticos. «El acento pareciera ponerse en la descalificación personal del adversario, en encontrar la forma de deslegitimarlo moralmente, cuando en realidad eso lo único que produce es la exaltación de las emociones y el oscurecimiento de la razón y de los argumentos», expresó.
Por ello, la Iglesia reclama que los ciudadanos puedan escuchar propuestas concretas para afrontar los grandes problemas que enfrenta el país. Monseñor Cárdenas consideró que «lo que estamos pidiendo es que le permitan al pueblo colombiano escuchar argumentos serios sobre cuestiones tan sensibles como la crisis del sistema de salud, la situación laboral, el régimen pensional o la seguridad, que hoy vuelve a preocupar profundamente por la recomposición de los grupos armados en distintas regiones del territorio. No queremos ver un debate convertido en un cuadrilátero, sino una verdadera ágora de pensamiento y de argumentación donde se discutan soluciones para el país».
El Episcopado colombiano también reiteró en sus recientes mensajes que el voto debe ejercerse desde un discernimiento ético, orientado por el bien común, la justicia social, la defensa de la vida, la lucha contra la corrupción y la construcción de la paz, recordando que un cristiano no puede dejarse conducir por el miedo, el odio o el deseo de revancha.
En medio de un clima político cargado de tensiones, la Iglesia busca presentarse como un puente de encuentro entre los distintos sectores de la sociedad, alentando a vivir este proceso electoral con responsabilidad cívica, esperanza y espíritu de reconciliación, convencida de que el futuro del país sólo podrá construirse sobre la base del respeto mutuo y el diálogo democrático.