Una argentina asumió la presidencia de Uniapac Latinoamérica

lunes, 15 de junio de 2026

15/06/2026 – La empresaria argentina Silvia Bulla fue designada como nueva presidenta de Uniapac Latinoamérica, la red que reúne a las asociaciones cristianas de dirigentes empresariales de la región, en el marco del 29° Encuentro Anual de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE). Su nombramiento representa un reconocimiento a una trayectoria marcada por la promoción de un liderazgo inspirado en la Doctrina Social de la Iglesia y comprometido con el desarrollo humano integral.

Uniapac, fundada en 1931 en Bélgica y con sede en París, agrupa actualmente a asociaciones de empresarios cristianos de 40 países y representa a más de 45.000 ejecutivos y dirigentes empresariales en todo el mundo. Su misión es impulsar una visión de la empresa como una verdadera vocación de servicio a la persona y a la sociedad.

Al referirse a la responsabilidad que acaba de asumir, Bulla expresó que su gestión estará profundamente confiada a la protección de la Virgen María. «La Virgen es mi socia, me acompaña en todas las cosas difíciles que me toca emprender. En la ceremonia de traspaso de mando me consagré a la Virgen de Guadalupe, patrona de toda América, para que me acompañe en lo que ella quiera que yo emprenda y para que haya grandes conversiones entre los empresarios del mundo y en particular de Latinoamérica», afirmó.

La nueva presidenta recordó que la organización tiene una larga historia vinculada a la evangelización del ámbito empresarial y explicó que nació con el propósito de llevar los principios cristianos al mundo de los negocios. «Nuestra misión es ser misioneros también del mundo del empresariado, llevar la Doctrina Social de la Iglesia a nuestras propias empresas y contagiar a la sociedad, porque como empresarios cristianos tenemos mucho para decir en este momento tan complejo que vive el mundo», sostuvo.

En ese sentido, destacó que la irrupción de las nuevas tecnologías plantea enormes desafíos éticos para quienes tienen responsabilidades de conducción. «Hoy el mundo necesita tanto pensamiento ético. Nuestras naciones necesitan que los valores se pongan por sobre todas las cosas y en eso somos imprescindiblemente humanos. Los valores, los principios y las decisiones que tomamos desde nuestras convicciones jamás podrán ser reemplazados por la tecnología», aseguró.

Bulla también reflexionó sobre la necesidad de integrar la dimensión espiritual con la actividad económica cotidiana y afirmó que el empresario cristiano no puede vivir ambas realidades por separado. «El empresario no puede ser una persona cuando va a misa el domingo y convertirse en otra distinta cuando comienza su trabajo el lunes. Tenemos que vivir con integridad y llevar adelante nuestra vocación empresarial desde la fe, siendo siempre la misma persona», manifestó.

La dirigente consideró además que Argentina constituye una verdadera escuela de liderazgo debido a las dificultades que ha atravesado en las últimas décadas. «Nuestro país nos entrena para enfrentar desafíos muy complejos. Muchos empresarios argentinos triunfan en el mundo porque aprendieron aquí a liderar en contextos difíciles y a construir siempre con otros. Nadie se salva solo; el empresario tampoco se salva solo, sino junto a la comunidad empresarial y junto a quienes forman parte de sus equipos», señaló.

Respecto del papel que deben asumir las empresas en la actualidad, Bulla afirmó que es posible compatibilizar productividad con una mirada profundamente humana. «Aquellas empresas que se enfocan solamente en el lucro se pierden la riqueza de la humanidad. Cuando las personas son puestas en el centro y participan de las decisiones, la creatividad y la innovación florecen de otra manera. Lo verdaderamente humano sigue siendo insustituible», indicó.

Finalmente, invitó a emprendedores, profesionales independientes, comerciantes, ejecutivos y jóvenes estudiantes a acercarse a ACDE y participar de sus espacios de formación y espiritualidad. «Creemos que ACDE también es un lugar de evangelización. La transformación de la sociedad comienza por la conversión de los corazones y desde allí podemos llevar el Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia a nuestra tarea cotidiana, construyendo empresas más humanas y comprometidas con el bien común», concluyó.