16/06/2026 – El mundo digital dejó de ser únicamente una herramienta de comunicación para convertirse en un verdadero espacio de encuentro humano. Allí, donde millones de personas trabajan, estudian, se informan y construyen vínculos, también la Iglesia descubre un territorio de misión.
En el programa Solo por Hoy conversamos con Soledad Oliva Carreras, integrante del Equipo de Comunicadores y Misioneros Digitales de Schoenstatt, quien participó activamente en la organización del Encuentro Internacional de Misioneros Digitales y Comunicadores realizado en el Santuario de Nuevo Schoenstatt, en Florencio Varela.
Bajo el lema inspirado por el Papa León XIV, “Vayan a reparar las redes”, el encuentro reunió a más de un centenar de comunicadores, influencers católicos, agentes pastorales y referentes de distintos países de América para reflexionar sobre la presencia de la Iglesia en la cultura digital.
Uno de los conceptos centrales compartidos durante las jornadas fue comprender que la evangelización digital no consiste simplemente en llenar internet de mensajes religiosos.
“No se trata de llenar de contenido las redes; se trata de habitar una cultura”, explicó Soledad, retomando una de las enseñanzas más importantes transmitidas por monseñor Lucio Ruiz, secretario del Dicasterio para la Comunicación de la Santa Sede.
La cultura digital, señaló, no debe ser demonizada ni aceptada ingenuamente. El desafío consiste en conocerla, comprenderla y transformarla desde los valores del Evangelio.
Consultada sobre los principales frutos del encuentro, Soledad destacó tres aspectos fundamentales.
El primero fue el valor de la comunidad. Muchos comunicadores y creadores de contenido desarrollan su misión en soledad, frente a una pantalla. Encontrarse personalmente con otros evangelizadores digitales permitió experimentar una verdadera cultura del encuentro.
El segundo fruto fue la renovación de la conciencia de misión. El reconocimiento de la Iglesia hacia quienes evangelizan en ambientes digitales ayudó a reafirmar que esta tarea no es una moda pasajera, sino una necesidad pastoral del tiempo presente.
Finalmente, destacó la importancia de la formación permanente y del cultivo de la vida espiritual.
“No se puede trabajar para Dios sin Dios”, resumió, señalando que la oración y el discernimiento son indispensables para sostener una presencia auténticamente evangelizadora en las redes.
La expresión que dio nombre al encuentro fue profundizada a partir de la imagen evangélica de los pescadores.
Según explicó Soledad, reparar las redes implica afrontar los desafíos propios del ecosistema digital actual: la agresividad en los comentarios, la cultura del odio, la sobreexposición, el agotamiento emocional y la dependencia de las pantallas.
Pero también supone recordar que existe una vida más allá de internet.
El desafío no es solamente lanzar las redes para anunciar el Evangelio, sino también saber repararlas cuando se dañan y, llegado el momento, dejarlas para volver al encuentro real con Dios y con los demás.
Uno de los temas que surgió con fuerza durante el encuentro fue la responsabilidad de cada usuario dentro de la cultura digital.
Soledad recordó que hoy nadie es simplemente consumidor de contenidos. Todos producen, reproducen y comparten mensajes. Por eso, la misión digital no está reservada a influencers o especialistas.
Cada comentario, cada publicación y cada mensaje compartido pueden convertirse en una oportunidad para sembrar fraternidad.
En ese sentido, señaló que uno de los grandes desafíos actuales es aprender a responder con misericordia, evitar juicios apresurados y promover una comunicación más humana.
“La transformación de las redes sociales comienza también por la manera en que comentamos y nos relacionamos con los demás”, afirmó.
Otro de los grandes interrogantes abordados fue cómo anunciar el Evangelio en plataformas dominadas por algoritmos y lógicas comerciales.
Para Soledad, es importante comprender que las redes sociales son solo una parte del continente digital. Existen otros espacios igualmente valiosos para comunicar: podcasts, blogs, newsletters, plataformas de mensajería y contenidos audiovisuales de larga duración.
Reducir toda la comunicación a Instagram o TikTok significa limitar las posibilidades de encuentro.
La clave está en ampliar la mirada y descubrir nuevos formatos que permitan profundizar el diálogo y generar vínculos más auténticos.
La búsqueda de aprobación, seguidores y métricas es una tentación presente para cualquier comunicador. Sin embargo, una de las frases que más resonó durante el encuentro fue compartida por monseñor Lucio Ruiz: “Prefiero diez influencers con un seguidor cada uno que un influencer con diez seguidores”.
La enseñanza apunta a recordar que detrás de cada interacción existe una persona concreta. Cuando la misión se comprende desde el vínculo y no desde los números, las estadísticas dejan de ser el criterio principal de valoración.
Para Soledad, la respuesta es clara: todos pueden ser misioneros digitales. No todos están llamados a convertirse en influencers o creadores de contenido, pero sí a vivir su vocación misionera en los espacios digitales que frecuentan diariamente. Un mensaje enviado por WhatsApp, un contenido compartido con prudencia o una palabra de aliento en una red social también pueden convertirse en instrumentos de evangelización.
Por eso, junto con la formación técnica, resulta indispensable cultivar la oración, el discernimiento y la conciencia de que toda comunicación cristiana debe orientarse a la gloria de Dios y al servicio de los hermanos.
El Encuentro Internacional de Misioneros Digitales y Comunicadores dejó una certeza: la misión continúa también en el continente digital. Y allí, en medio de algoritmos, pantallas y conexiones permanentes, la Iglesia está llamada a construir puentes, generar comunidad y reparar las redes para que vuelvan a ser espacios de encuentro, fraternidad y esperanza.