15/06/2026 – Hay paisajes que guardan el eco de la historia, caminos donde el silencio del monte parece susurrar los nombres de quienes forjaron la patria. Para entender el legado del general Martín Miguel de Güemes, no basta con leer los manuales escolares; hay que recorrer los senderos de tierra y cornisa que transitaron sus gauchos.
El doctor Abel Cornejo —abogado, historiador y autor de libros fundamentales como La mirada de Güemes— nos invita a desandar una ruta que conecta el paisaje salteño con la memoria viva del héroe nacional. A solo 45 minutos de Salta Capital, sobre la Ruta Provincial 45, se despliega un itinerario histórico que se conserva en un estado excepcional gracias al respeto y cuidado de los propios lugareños.
El viaje espiritual comienza en la densa vegetación de la Cañada de la Horqueta. Allí se erige un monolito levantado en 1934 en el sitio exacto donde el prócer pasó sus últimos diez días de agonía tras ser herido por las tropas realistas. El lugar fue señalado originalmente por el nieto de un gaucho de su confianza. Antes de que se construyera el monumento de piedra, los criollos ya se internaban en el monte para prenderle velas a Güemes, un santo popular de la causa independentista. Murió bajo un sevil colorado un sábado 17 de junio de 1821, a los 36 años, desatando el dolor de sus milicianos, quienes se abalanzaron sobre su camastro para conservar pedazos de su uniforme como reliquias sagradas.
Siguiendo el camino se llega a Finca La Cruz, una imponente casona que conserva el 70% de su estructura original intacta y que sirvió como su cuartel general de operaciones. Desde este punto estratégico, ubicado en una altiplanicie a más de 2.000 metros de altura, Güemes y sus gauchos dominaban visualmente el Valle de Lerma para cortar los suministros y el agua de los invasores españoles. La casona fue escenario de batallas feroces; solo durante la cuarta invasión realista llegaron a librarse 19 combates simultáneos en sus alrededores en un solo día.
El circuito cierra en la histórica capilla de El Chamical, construida en 1818 por orden del propio general. Fue allí donde recibió su primera sepultura antes de iniciar un largo peregrinaje de descansos finales que culminaría, un siglo después, en el Panteón de las Glorias del Norte en la Catedral Basílica de Salta. Hoy descansa junto a su esposa, Carmen Puch, quien murió de tristeza pocos meses después que él tras pasar sus años de matrimonio huyendo por los montes para proteger a sus hijos.
La Ruta Güemesiana no es solo turismo; es un puente hacia una identidad. El doctor Abel Cornejo sintetiza lo que estos sitios históricos nos susurran al oído: «El legado de Güemes está basado sobre tres valores muy importantes: la austeridad, el coraje y la firmeza de sus convicciones». Un héroe cuya huella sigue marcada a fuego en la tierra salteña.