“La exclusión genera injusticia”, afirmó el padre Pablo Molero

lunes, 7 de marzo de 2022
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07/03/2022 – En la segunda entrega del ciclo “La discapacidad en Argentina”, el padre Pablo Molero, sacerdote del clero de Buenos Aires especialista en el tema, explicó cuál es el vínculo que hay entre discapacidad, evangelio y fe. “El ciego de nacimiento, un sordo que comienza a oír o un paralítico comienza a caminar son algunos de los milagros conocidos de Jesús. Pero los cristianos muchas veces nos quedamos con el tema del milagro y pensamos mágicamente que el tema de la discapacidad para Dios se resuelve así y nos falta darle una vuelta de rosca. Ya en el antiguo testamento, el profeta Isaías menciona esto, estos signos o milagros de que el Mesías está cerca”, reflexionó.

Antiguamente se pensaba que las personas con discapacidad cargaban con la culpa de sus padres por haber pecado, pero obviamente esto no es así. Pero Jesús viene a traer aceptación de la realidad, inclusión y a quitar prejuicios. Lamentablemente no es tan fácil aplicar esto que nos pide el Señor y seguimos viendo a la discapacidad como algo negativo, insuperable. La discapacidad nos muestra que es parte de la condición humana, como lo es que somos pasibles de enfermarnos, por ejemplo. No hay paz en el mundo si las personas no logran integrarse. Esto rige también para este tema. La exclusión genera injusticia, lo recordó muy bien san Juan Pablo II cuando visitó nuestro país. Y nuestro mapa Francisco habla mucho de la inclusión porque este tema tiene que ver con la paz cotidiana”, dijo el padre Pablo.

Luego el sacerdote porteño compartió el evangelio de Marcos en el capítulo 5, versículos del 1 al 10: “Llegaron a la otra orilla del mar, al país de los gerasenos. Apenas desembarcó, le salió al encuentro desde los sepulcros un hombre poseído de un espíritu inmundo, el cual tenía su morada en los sepulcros; y ni con cadenas podía ya nadie amarrarlo, pues muchas veces lo habían amarrado con grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y hecho pedazos los grillos, y nadie era capaz de sujetarlo. Y todo el tiempo, de noche y de día, se estaba en los sepulcros y en las montañas, gritando e hiriéndose con piedras. Divisando a Jesús de lejos, vino corriendo, se prosternó delante de Él y gritando a gran voz dijo: “¿Qué tengo que ver contigo, Jesús, Hijo del Dios altísimo? Te conjuro por Dios, no me atormentes”. Porque Él le estaba diciendo: “Sal de este hombre, inmundo espíritu”. Y le preguntó: “¿Cuál es tu nombre?” Le respondió: “Mi nombre es Legión, porque somos muchos”. Y le rogó con ahínco que no los echara fuera del país”.

“En este relato, la persona que dialoga con Jesús se presenta como alguien que ha perdido su identidad porque la comunidad misma donde vive lo violentan y quieren detenerlo. Mientras haya imposición y dominio hacia alguien, no va a haber integración. Se debe buscar que haya integración, como lo hizo Jesús con este hombre, que lo trató amigablemente. Nos resta mucho por avanzar con este tema”, cerró expresando el padre Molero.