20/03/25- Ser padres y madres implica dos funciones fundamentales que deben mantenerse en equilibrio: la función nutritiva, que da amor, alimento y gratificación, y la función normativa, que establece límites, reglas y hábitos. Ambas son necesarias para que los hijos crezcan emocionalmente sanos y preparados para salir al mundo. Porque la vida no es solo gratificación, también hay frustraciones y desafíos, y es en la familia donde se aprende a enfrentarlos con confianza y optimismo.
La esperanza es mucho más que un sentimiento positivo; es un estado de ánimo que nos hace creer que lo que deseamos es alcanzable y nos impulsa a trabajar para lograrlo. Pero, ¿cómo podemos transmitirles esperanza a nuestros hijos en la vida cotidiana? María Pía del Castillo, Directora Ejecutiva de la Fundación Padres, nos comparte algunas claves:
María Pía cierra su reflexión con una frase inspiradora: «Vale la alegría ser padres y madres, vale la alegría ser educadores de la felicidad. Seamos forjadores de esperanza. Mejores padres, mejores hijos, mejores argentinos.» Porque educar con esperanza no solo transforma la vida de nuestros hijos, sino también el futuro de nuestra sociedad.