La misión social de la familia: un amor que sale al encuentro

jueves, 27 de noviembre de 2025

27/11/2025 – ¿Puede una familia transformar la sociedad? Esta fue la pregunta que abrió un nuevo encuentro del ciclo Buscadores de Sentido, en Radio María Argentina, junto a la psicóloga y logoterapeuta Patricia Farías. En tiempos donde el individualismo parece imponerse, Patricia nos invita a mirar a la familia no solo como un refugio emocional, sino como un auténtico motor social y espiritual, capaz de irradiar paz, valores y esperanza más allá de sus paredes.


La familia: iglesia doméstica que sale, abraza y acompaña

La Iglesia nos recuerda que la familia es una iglesia doméstica: un espacio donde se aprende a amar, perdonar, escuchar y comenzar de nuevo. Sin embargo, Patricia advierte un riesgo frecuente: quedarse encerrados en nosotros mismos. Cuando una familia solo se protege puertas adentro, se estanca, pierde fecundidad y se vuelve incapaz de acoger la riqueza del otro.

En cambio, una familia abierta —como la que propone el Papa Francisco— es capaz de recibir, dialogar, escuchar, y sobre todo, derrarmar amor y esperanza en su comunidad: en la escuela, el club, el trabajo, el barrio. Porque lo que se vive en casa, tarde o temprano, se refleja afuera.


Transmitir valores sin miedo: fe, perdón y diálogo

Patricia subraya que no debemos avergonzarnos de vivir nuestra fe en lo cotidiano: rezar juntos, bendecir la mesa, pedir perdón, acompañar al que sufre, celebrar lo que al otro le alegra. Estos gestos sencillos, repetidos en la intimidad familiar, construyen una identidad sólida que después se proyecta como testimonio social.

La psicóloga también advierte: El peligro de encerrarse es creer que tenemos todas las respuestas.

Una familia que no dialoga, que no escucha, que no incorpora miradas distintas —como las del yerno, la nuera o quien piensa diferente— se vuelve rígida, infecunda y aislada. Por el contrario, la apertura genera crecimiento, aprendizaje, y nos permite enseñar a los hijos la empatía, la humildad y la capacidad de integrar diferencias.


Empatía: escuela del corazón

La familia es el primer taller donde se aprende a mirar al otro. Según Patricia, la empatía no se predica: se practica. Aparece cuando el hijo escucha a su hermano, cuando el padre acompaña una dificultad, cuando alguien se sienta a explicar una tarea escolar sin apuro. El gran enemigo de esta virtud es la aceleración cotidiana, que nos roba el tiempo de escuchar con atención y corazón abierto.

Una familia empática produce relaciones más sanas y resilientes. Y quienes aprenden a comprender al otro en casa, están mejor preparados para construir una sociedad más fraterna y menos fragmentada.


Conclusión: familias que contagian sentido

La familia no está llamada a ser una isla. Está llamada a ser levadura en la masa, semilla de diálogo, cuna de valores, espacio de reconciliación y paz. Cada gesto cotidiano vivido en clave cristiana —aunque parezca pequeño— tiene la fuerza de transformar nuestro entorno.

Porque no nos salvamos solos, recuerda Patricia Farías: nos salvamos siempre en comunidad. Y la familia es el primer paso hacia una sociedad más humana, más justa y más fraterna.