Groenlandia y el nuevo tablero de las relaciones internacionales

jueves, 22 de enero de 2026

22/01/2026 – La reciente tensión generada por el interés del presidente estadounidense, Donald Trump, sobre Groenlandia ha marcado un punto de inflexión en la política exterior contemporánea. Lo que comenzó como una serie de advertencias sobre la compra del territorio autónomo danés o la imposición de aranceles a Europa, derivó ayer en el Foro de Davos en el anuncio de un «marco para un futuro acuerdo» junto a la OTAN. Este giro discursivo refleja una metodología recurrente en la administración actual: llevar la confrontación al límite para forzar una posición de ventaja en la mesa de negociaciones.

Para Adrián Tuninetti, magíster en Relaciones Internacionales y docente universitario, este escenario es síntoma de una transformación profunda en las formas del intercambio global. Según el especialista, la diplomacia actual se aleja de los carriles tradicionales de acuerdos y consensos para operar bajo lógicas de presión directa. “Hoy vemos líderes globales como el propio Donald Trump hablar como un matón, estando muy lejos de lo que solía ser o lo que tiene que ser la diplomacia”, explica Tuninetti, señalando que este estilo busca imponer un orden basado en la fuerza más que en el derecho internacional.

El interés por Groenlandia no es casual, sino que responde a una visión geopolítica que recupera y adapta viejas doctrinas. La ubicación de la isla es estratégica por su cercanía al Ártico, lo que ofrece acceso a minerales críticos, nuevas rutas comerciales y una posición defensiva clave frente a Rusia. Tuninetti vincula estas acciones con una actualización de la Doctrina Monroe, ahora orientada a consolidar un área de influencia exclusiva. “América tiene que ser el área de influencia en la cual Estados Unidos tenga el 100% o maneje la mayoría de todos los resortes de poder”, afirma el analista.

Este movimiento también busca contrarrestar el avance de otras potencias en la región. El control de Groenlandia funcionaría como un contrapeso a la expansión comercial de China y como un «escudo natural» ante la presencia militar rusa. En este sentido, Tuninetti advierte sobre la existencia de una posible sintonía tácita entre las grandes potencias para repartirse áreas de dominio, donde cada líder mantiene su hegemonía en una región específica, dejando de lado las instituciones multilaterales como la ONU.

En el plano interno, el analista subraya que la agresividad de la política exterior de Trump está estrechamente ligada a la necesidad de obtener resultados rápidos ante las próximas elecciones de medio término. Con una economía que no muestra los signos de recuperación esperados y niveles de aprobación estables pero limitados, el mandatario busca consolidar su imagen de líder fuerte ante su electorado. “Está tratando de lograr ciertos acuerdos para poder mostrar a la ciudadanía de que él continúa siendo el líder que votaron”, observa Tuninetti sobre la urgencia de la Casa Blanca.

Finalmente, el escenario plantea un desafío mayor para las naciones periféricas en un mundo donde las reglas de convivencia internacional parecen estar en proceso de ruptura. Tuninetti concluye que la incertidumbre es la característica principal de este período de transición hacia un nuevo orden global. En este contexto, la imposición del poder real (militar o económico) sobre el diálogo diplomático redefine no solo la soberanía de territorios como Groenlandia, sino la estabilidad de todo el sistema internacional.

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