Constructores del bien: el legado misionero del Santo Brochero y la Beata Catalina

martes, 27 de enero de 2026

27/01/2026 – En un nuevo «Reflexiones para la Semana», nos encontramos con la hermana María Emilia Calvo, del Instituto de las Hermanas Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, quien por estos días se encuentra en misión en Benín. Recién llegada a África occidental, María Emilia vive esta experiencia como un tiempo de gracia y de encuentro, no solo con una nueva cultura, sino también con la historia profunda que une el carisma de su congregación con la figura del santo Cura Brochero.

Oriunda de San Pedro, pueblo cercano a Villa Dolores, su vida estuvo marcada desde temprano por la espiritualidad brocheriana. Esa cercanía territorial y afectiva se transformó en vocación cuando, a los 17 años, decidió ingresar a la congregación luego de realizar ejercicios espirituales en la casa de Cura Brochero. “Fue un regalo muy grande, porque ahí sentí con claridad que ese era mi lugar, ser Esclava del Corazón de Jesús”, recuerda.

Al llegar a Benín, la hermana reconoce resonancias profundas entre la misión actual y aquella que, en 1880, iniciaron las primeras Hermanas Esclavas junto a Brochero en Traslasierra. En ambos contextos, la evangelización va de la mano del compromiso social, educativo y humano. “Brochero combinaba la evangelización con el desarrollo material y educativo, y eso es lo que hoy hacen las Hermanas acá”, explica, destacando obras como escuelas, pozos de agua, graneros y proyectos de siembra.

La educación ocupa un lugar central en este legado compartido. Inspiradas en la convicción de Brochero de que la ignorancia era “la peor lepra del alma”, las Hermanas acompañan en Benín programas educativos para niños y jóvenes que no han sido alfabetizados. “El compromiso con la educación sigue siendo hoy tan actual como en aquel tiempo”, afirma.

María Emilia también subraya una dimensión profundamente espiritual de la misión: el “descalzarse” ante la tierra y la cultura que se pisa. “Cuando uno entra a otra tierra hay que descalzarse, dejarse mirar y mirar sin juzgar”, reflexiona, evocando el pasaje del Éxodo que habla de la tierra santa.

Desde Benín, su testimonio une continentes y tiempos, mostrando que el espíritu misionero de Brochero y de la beata Catalina sigue vivo. “Ellos supieron hacer esa síntesis entre el anuncio del Evangelio y la promoción humana, que nunca pueden estar separadas”, concluye.

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