02/02/2026 – La Quebrada de Humahuaca se viste de gala y devoción cada 2 de febrero para honrar a su Santa Patrona, Nuestra Señora de la Candelaria. Esta festividad, que trasciende las fronteras de Jujuy para alcanzar la Puna y el norte de Salta, representa una de las manifestaciones de fe más profundas y coloridas del Noroeste Argentino.
En diálogo con el profesor Luis Orlando Vega, docente y referente de la cultura local, se desandaron los orígenes de esta devoción que late en el corazón de Humahuaca desde hace siglos. «La veneración se remonta aproximadamente al año 1600», explica Vega, destacando que la imagen actual, datada en 1640, guarda una leyenda mística: tras aparecer en una laguna, la imagen regresaba allí cada vez que intentaban trasladarla, lo que llevó a los pobladores a secar el espejo de agua para construir el templo en ese sitio sagrado.
La festividad no es solo un acto litúrgico; es una simbiosis cultural donde el rito católico abraza las costumbres originarias. El calendario festivo inicia el 23 de enero con la «bajada de la Virgen» de su camarín, momento en que los promesantes le obsequian nuevos mantos en agradecimiento por milagros concedidos.
Uno de los momentos más impactantes ocurre durante la Víspera de las Candelas. Tras la misa, se realiza el tradicional «Baile del Torito». En este ritual, hombres cargan estructuras de toros adornadas con pirotecnia que, al estallar, simbolizan la sumisión del mal ante la divinidad. Al compás de las bandas de sicuris, el pueblo acompaña la procesión en una atmósfera de música y luces que culmina con el repique de campanas a la medianoche.
Tradición que alimenta el almaEntre las prácticas más curiosas destaca la «cuarteada», donde los fieles adoran a la Virgen tirando de un cuarto de cordero hasta dividirlo en doce partes, simbolizando la gratitud por el alimento y la subsistencia.
La jornada central del 2 de febrero congrega a miles de fieles y agrupaciones gauchas en el Monumento a la Independencia. Allí, entre zambas dedicadas y el sonido ancestral de las cañas, Humahuaca reafirma su identidad. Como bien señala el profesor Vega, esta fiesta es el reflejo de siglos de historia grabados en el saber popular de una región que vive su fe con la intensidad de la tierra.
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