Reinventarse en medio de la crisis: una mirada desde la logoterapia

jueves, 5 de febrero de 2026

05/02/2026 – Perder el trabajo no es solo perder un ingreso: muchas veces es perder un lugar, una identidad, una rutina y un sentido. ¿Qué pasa cuando todo eso se desmorona y hay que volver a empezar?

Una realidad que duele y atraviesa a muchos

En un nuevo encuentro del ciclo “Buscadores de sentido”, la licenciada en Psicología y logoterapeuta Patricia Farías abordó en Radio María Argentina una de las experiencias más dolorosas y extendidas de nuestro tiempo: quedarse sin trabajo o no lograr encontrarlo después de mucho buscar.

Con una mirada profundamente humana, sin recetas ni frases hechas, Farías puso palabras a lo que tantos sienten y muchas veces callan: el shock inicial, la tristeza, la herida en la autoestima y la pregunta que aparece inevitablemente:
“¿Sirvo todavía? ¿Qué hago ahora con mi vida?”

El impacto emocional de quedarse sin trabajo

Cuando se pierde el trabajo, no solo se pierde una actividad. Se pierde un espacio existencial, un lugar de pertenencia, una organización del tiempo y, en muchos casos, una forma de nombrarse ante los demás.

“El trabajo organiza nuestra vida, nuestra identidad y nuestra rutina cotidiana. Cuando eso se cae, todo tambalea”, explicó Farías.

El impacto emocional puede ser profundo: tristeza, enojo, miedo, vergüenza y una fuerte sensación de inutilidad. Muchas personas viven este momento como un duelo, que necesita ser reconocido y atravesado, no negado.

Crisis: peligro y oportunidad

Desde la logoterapia, Patricia Farías recordó que toda crisis tiene dos caras: el peligro y la oportunidad. El peligro de quedarse atrapado en la queja, el enojo o la desesperanza; y la oportunidad de reinventarse, descubrir nuevas capacidades y abrir horizontes inesperados.

“La creatividad no aparece cuando estamos tomados por el dolor. Por eso primero hay que trabajar el duelo, tomar distancia y recién después preguntarse: ¿qué puedo hacer ahora con lo que soy?”

Volver a empezar no es fácil. A veces implica aceptar trabajos transitorios, distintos a los soñados, que funcionan como puentes para salir adelante sin perder la dignidad.

Identidad, dignidad y sentido

Uno de los golpes más fuertes de perder el trabajo es la herida en la identidad. Muchas personas se definen exclusivamente por lo que hacen o por la empresa a la que pertenecen.

“No soy ‘el que se quedó sin trabajo’. Soy mucho más que eso”, subrayó Farías.

Recuperar esta mirada es clave para no reducir la propia vida a una circunstancia. Nadie pierde su valor por perder un empleo. La dignidad no depende de un cargo, un sueldo o un reconocimiento externo.

Viktor Frankl y la libertad interior

La entrevista recuperó una enseñanza central de Viktor Frankl, creador de la logoterapia, quien en los campos de concentración descubrió que al ser humano se le puede quitar todo, menos la libertad interior.

“Nadie me puede arrebatar la libertad de elegir la actitud con la que atravieso esta crisis”, recordaba Frankl.

Esta libertad interior —la voluntad de sentido— es la que permite sostenerse día a día, aun en situaciones profundamente injustas. También hoy, quien pierde el trabajo está llamado a elegir cómo transitar ese momento: desde la desesperanza o desde la búsqueda de un nuevo sentido.

No se sale solo: la importancia de pedir ayuda

Otro punto clave fue la necesidad de no encerrarse. Compartir lo que se está viviendo, decir “estoy buscando trabajo”, pedir ayuda sin vergüenza, es un acto de humildad que abre caminos.

“No me salvo solo y nadie se salva solo”, insistió Farías.

Familiares, amigos, colegas y comunidades pueden convertirse en redes de apoyo fundamentales. Muchas oportunidades aparecen cuando uno se anima a hablar y a dejarse ayudar.

Acompañar a quien perdió el trabajo

La charla también ofreció orientaciones para quienes conviven con alguien que atraviesa esta crisis. Escuchar sin juzgar, proponer actividades, respetar los tiempos del otro y, cuando hace falta, confrontar con amor para ayudar a salir del encierro emocional.

Acompañar no es presionar ni resolverle la vida al otro, sino estar disponibles, con paciencia, afecto y presencia.

Emociones que hablan de necesidades

Hacia el final, Patricia Farías explicó que las emociones que surgen en estas crisis no aparecen para molestar, sino para mostrar necesidades insatisfechas: autoestima, pertenencia, autonomía y trascendencia.

Reconocer lo que se siente y ponerlo en palabras es un paso esencial para sanar y volver a ponerse en camino.

Reflexión pastoral: volver a empezar con esperanza

La fe cristiana no promete una vida sin crisis, pero sí la certeza de que ninguna crisis tiene la última palabra. Volver a empezar duele, cansa y da miedo, pero también puede convertirse en un tiempo fecundo, donde se purifican motivaciones y se redescubre lo esencial.

Dios no abandona en la incertidumbre. Camina con nosotros incluso cuando el futuro es borroso. Y allí, en medio de la fragilidad, sigue susurrando una pregunta que abre horizontes:
¿Qué vas a hacer ahora con todo lo que sos?