10/02/2026 – ¿Existe la verdad o solo interpretaciones?En una época donde las opiniones se mezclan con los hechos y la desconfianza crece, volver a pensar la verdad se vuelve una tarea urgente y profundamente humana. En el ciclo “Pensar lo que vivimos, para no vivir sin pensar”, el Licenciado Diego Fonti, doctor en Filosofía, profesor de la Universidad Católica de Córdoba e investigador del CONICET, propuso una reflexión clara y provocadora sobre el significado de la verdad, sus distintos sentidos y los riesgos de vivir en la llamada “era de la postverdad”.
La pregunta “¿qué es la verdad?” no es nueva. Atraviesa la historia del pensamiento y también la vida cotidiana. Fonti recordó una definición clásica de Aristóteles:
“Decir de lo que es que es, y de lo que no es que no es”.
Aunque parezca sencilla, esta definición encierra una enorme complejidad. Nuestro acceso a la verdad está mediado por el lenguaje, la cultura y la confianza en otros. Creemos, por ejemplo, que la tierra es redonda sin haberlo comprobado personalmente. Vivimos, inevitablemente, apoyados en testimonios y saberes compartidos.
Durante el diálogo, Fonti distinguió diversos modos de entender la verdad, que conviven y se complementan:
Inspirado en Martin Heidegger, Fonti subrayó que hay verdades que no se pueden medir científicamente, pero que son decisivas: “No tengo pruebas científicas del amor de mis hijos ni ellos del mío, pero existe”.
Reconocer que toda verdad está mediada por interpretaciones no significa negar la verdad. El problema aparece cuando se rompe cualquier referencia común y todo queda reducido a opiniones. Allí surge el riesgo de la postverdad, donde el poder reemplaza al argumento y la emoción suplanta al fundamento.
Fonti advirtió que esta desconfianza radical en la verdad termina dejándonos a merced de quien tiene más poder para imponer su relato.
La filosofía, la ciencia, el sentido común y la teología buscan la verdad en ámbitos distintos, pero no enfrentados. Cuando se respetan sus campos propios, pueden dialogar, corregirse mutuamente y enriquecerse.
En esa línea, Fonti recordó que también la fe cristiana es una búsqueda encarnada, comunitaria y histórica de la verdad, que se vive y se interpreta en diálogo constante con la realidad.
Jesús no definió la verdad como una idea, sino como una persona y un camino: “Yo soy la Verdad”. En tiempos de confusión, esta afirmación no invita al fanatismo, sino a una búsqueda humilde, dialogal y responsable.
Pensar la verdad hoy es un acto de amor al prójimo y de cuidado de la vida común. Cuando renunciamos a la verdad, no ganamos libertad: perdemos orientación. Como creyentes y como ciudadanos, estamos llamados a discernir, a escuchar al otro y a sostener espacios de diálogo donde la verdad pueda seguir revelándose como desocultamiento, encuentro y sentido.