Los Pastores: el “hoy” de Dios que llega a los pequeños

miércoles, 4 de marzo de 2026

Seguimos avanzando en la Segunda Semana de los Ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola. Después de contemplar el nacimiento y la adoración de los Magos, nos detenemos ahora en un misterio profundamente kerigmático: los pastores (Lc 2, 8-20). Los Pastores

La gracia que volvemos a pedir es clara: conocimiento interno del Señor, que por mí se ha hecho hombre, para más amarlo y servirlo. No queremos solo entender la escena; queremos dejarnos transformar por ella.

Una anunciación en la periferia

El relato tiene estructura de anunciación: aparición del ángel, temor, mensaje, signo. Pero aquí hay una novedad decisiva: los destinatarios no son sacerdotes ni autoridades religiosas. Son pastores, hombres sencillos, socialmente marginales.

La primera proclamación pública del Evangelio no sucede en Jerusalén, sino en la periferia. Desde el comienzo, el Reino se revela a los pequeños. Los Pastores

“Hoy les ha nacido un Salvador”

El centro del anuncio es claro:
“Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor.” Los Pastores

Ese “hoy” es clave. No es solo una fecha histórica. Es el inicio del tiempo nuevo. Lo que la Iglesia proclamará tras la Resurrección —“Jesús es Señor”— ya está presente en el pesebre. El Niño frágil es el Señor glorioso.

Belén contiene ya la Pascua.

El signo inesperado

El ángel ofrece un signo:
“Encontrarán a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.” Los Pastores

No hay espectáculo. No hay prodigio visible. El signo es la pobreza.

El pesebre se convierte en señal del modo de obrar de Dios: humildad, cercanía, fragilidad asumida. Como la cruz, es un signo que no impresiona, pero salva. El Reino no se impone; se ofrece.

Gloria y paz

El anuncio culmina en el canto celestial:
“Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra…” Los Pastores

La gloria de Dios y la paz del hombre no se oponen. Cuando Dios manifiesta su amor, el hombre recibe paz. Cada vez que la Iglesia canta el Gloria en la Eucaristía, se une a esta liturgia del cielo.

De oyentes a anunciadores

Los pastores escuchan… y se mueven:
“Vayamos a Belén.” Los Pastores

Encuentran al Niño con María y José. Y luego anuncian lo que han visto y oído.

Este es el dinamismo ignaciano:
Escuchar → Contemplar → Reflectir → Actuar.

Reciben el kerigma y se vuelven kerigmáticos.

María: modelo del ejercitante

Entre los testigos está María. El texto dice que “conservaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón.” Los Pastores

Guardar. Conferir. Dar vueltas interiormente.

Ese es el “reflectir” ignaciano. María no se queda en la emoción del momento. Asimila, integra, deja que la Palabra madure en su interior. Es modelo de quien hace Ejercicios: corazón abierto, atento y contemplativo.

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Oración de San Ignacio

Toma, Señor, y recibe toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad. Todo mi haber y mi poseer, Vos me lo disteis, a Vos, Señor, lo torno. Todo es tuyo. Disponelo a tu voluntad, dame tu amor y gracia que ésta me basta.

En este espacio encontrarás todo el material diario y complementario para hacer los ejercicios en esta Cuaresma. (link a la categoría)