Ante una multitud hambrienta en medio del desierto, los discípulos ven un problema imposible de resolver. Jesús, en cambio, ve una oportunidad para enseñarles algo esencial: cuando ponemos en sus manos lo poco que tenemos, Dios puede transformarlo en abundancia para muchos.
“Tomó Jesús los cinco panes y los dos pescados, levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los iba dando a los discípulos para que se los sirvieran a la gente.Comieron todos hasta saciarse; incluso se llenaron doce canastos con los pedazos de pan que sobraron.”(Mc 6,34-44)
El Evangelio nos muestra a una multitud que busca a Jesús. Lo siguen porque desean escuchar su palabra, porque necesitan ser sanados y porque buscan consuelo para sus heridas.
El texto dice algo muy profundo:
“Jesús vio a la multitud y sintió compasión de ellos.”
La compasión de Jesús revela el corazón de Dios. Él no permanece indiferente ante la necesidad humana. Escucha, enseña, sana y acompaña a quienes lo buscan.
Jesús dedica todo el día a estar con ellos. No los despacha rápidamente ni posterga el encuentro. Se detiene y los atiende con paciencia.
Así también hace con cada uno de nosotros.
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Oración de San Ignacio
Toma, Señor, y recibe toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad. Todo mi haber y mi poseer, Vos me lo disteis, a Vos, Señor, lo torno. Todo es tuyo. Disponelo a tu voluntad, dame tu amor y gracia que ésta me basta.
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