La violencia que impacta en la escuela

martes, 31 de marzo de 2026

31/03/2026 – La conmoción por el violento episodio ocurrido en un colegio de la ciudad de San Cristóbal, en el norte de Santa Fe, atraviesa hoy a todo el país. Un adolescente de 15 años ingresó armado con una escopeta y abrió fuego dentro de la institución, provocando la muerte de un estudiante de 13 años e hiriendo a otros compañeros que se encuentran fuera de peligro.

El hecho, de extrema gravedad, vuelve a encender las alarmas sobre una problemática que crece y se complejiza: la violencia que impacta de lleno en la escuela.

En un primer momento, se señaló que el agresor podría haber sido víctima de bullying, aunque esa versión fue luego descartada. Posteriormente, el abogado de la familia indicó que el joven presentaba problemas de salud mental y que había estado bajo tratamiento psicológico. Sin embargo, más allá de las causas particulares, el episodio expone una realidad más profunda: la escuela no está aislada, sino que recibe y refleja tensiones sociales más amplias.

En este contexto, la palabra del especialista en convivencia escolar Alejandro Castro Santander permite ampliar la mirada y comprender la dimensión del problema: “La violencia, de donde surja, termina impactando en la escuela. Estamos en una cultura violenta, América Latina y el Caribe es una de las regiones más violentas del mundo, y eso atraviesa todo: la familia, la escuela, el barrio y también lo que los chicos reciben a través de los medios y las redes sociales. Muchas veces no es solo un uso, sino un abuso de esas pantallas, y los chicos no están necesariamente bien acompañados”.

Desde esta perspectiva, lo ocurrido no puede pensarse como un hecho aislado, sino como la manifestación extrema de múltiples factores que interactúan: “La violencia es una conducta aprendida, que se construye en distintos ámbitos. No es solo la escuela ni solo la familia, es un fenómeno multicontextual. El chico está atravesado por todo eso al mismo tiempo, por su entorno, por sus vínculos, por lo que consume, por lo que vive. Por eso no alcanza con buscar una única causa, hay que entender la complejidad del proceso”.

Castro Santander también advierte sobre una debilidad estructural en el sistema educativo frente a estas situaciones: “La escuela aparece muchas veces como frágil, como insegura frente a estas situaciones de violencia. Falta prevención. Terminamos actuando cuando el problema ya explotó, cuando ya hay víctimas. Y eso muestra que no hay una mirada anticipatoria, que es lo que realmente necesitamos”.

En ese sentido, el especialista subraya la importancia de trabajar de manera sistemática en la convivencia escolar y en la detección temprana de señales de alerta: “No se trata de erradicar completamente el conflicto, porque eso es imposible, sino de generar herramientas para reconocerlo, abordarlo y evitar que escale. La escuela necesita programas integrales de convivencia, formación docente en estos temas y también articulación con salud, con seguridad, con las familias. No puede quedar sola frente a esto”.

El desafío, entonces, no solo pasa por analizar lo ocurrido, sino por asumir que estos hechos interpelan a toda la sociedad. La violencia, cuando no se aborda de manera integral y preventiva, encuentra caminos cada vez más graves de expresión. Y en ese escenario, la escuela queda en el centro de una problemática que exige respuestas urgentes, profundas y sostenidas en el tiempo.