La familia en tiempos digitales: ¿cómo educar en un mundo atravesado por pantallas?

jueves, 9 de abril de 2026

09/04/2026 – En un nuevo encuentro de «Espiritualidad para la Crianza y Familia», el padre Fernando Cervera sj reflexionó sobre el sentido profundo de la Resurrección y su impacto en la vida familiar, especialmente en la crianza de niños y adolescentes. Con un mensaje esperanzador, invitó a redescubrir la Pascua como un camino de transformación personal y comunitaria.

“Jesús ha resucitado y nos trae caminos de vida, camina al lado de nuestra vida mostrándonos la plenitud”, expresó al inicio, destacando que esta plenitud no siempre coincide con los deseos humanos, pero sí con el proyecto amoroso de Dios. Desde esta perspectiva, propuso mirar la vida familiar como un espacio donde también se vive el misterio pascual: morir a ciertas actitudes para dar lugar al crecimiento de los hijos.

En ese sentido, retomó la imagen evangélica del grano de trigo para aplicarla a la crianza: “algo de nosotros, un granito de trigo dentro nuestro, tiene que morir para dar vida”. Lejos de significar ausencia o indiferencia, esta “renuncia” implica acompañar desde otro lugar, favoreciendo la libertad y autonomía de los más jóvenes. Se trata de un cambio de paradigma respecto a modelos más autoritarios o, en el extremo opuesto, excesivamente permisivos.

En este marco, profundizó especialmente en el vínculo entre violencia, redes y tecnología, advirtiendo que, aunque no son lo mismo, hoy se entrelazan en la experiencia cotidiana de niños y adolescentes. La exposición constante a pantallas, la falta de límites y el refugio en espacios digitales pueden potenciar conductas agresivas o favorecer el aislamiento. “Esta hiperconectividad los aísla y los hace ir a otro mundo”, señaló, subrayando que el verdadero desafío es volver a generar vínculos reales que permitan a los jóvenes expresar lo que viven y sienten, evitando que ese aislamiento derive en situaciones más graves.

Asimismo, subrayó que el objetivo de la educación es formar personas libres y responsables: “la crianza es para que los niños y adolescentes puedan ser autónomos en sus decisiones”. Esto implica ayudarlos a atravesar experiencias de frustración, dolor y conflicto, entendidas como parte esencial del crecimiento.

Finalmente, remarcó que el amor auténtico es el eje de toda tarea educativa. Un amor que no busca imponerse ni llenarse a sí mismo, sino que se abre al otro y lo fortalece. En este camino, la Pascua se convierte en una invitación concreta a renovar el compromiso como adultos, dejando de lado el propio ego para dar lugar a una presencia más fecunda en la vida de los hijos.

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