20/04/2026 – En el ciclo “Un mundo artificial, ¿una sociedad más humana?”, Gustavo Béliz abordó uno de los debates más urgentes de nuestro tiempo: el vínculo entre inteligencia artificial, poder y paz mundial. Desde su participación en la Academia Pontificia de Ciencias Sociales, el especialista explicó que el desarrollo tecnológico abre oportunidades enormes para la humanidad, pero también plantea interrogantes éticos muy profundos sobre su uso.
Según señaló, uno de los temas centrales es la relación entre inteligencia artificial y conflicto. “El tema de la paz y de la guerra es central y tiene que ver con el uso del poder y con el uso que la inteligencia artificial está haciendo de la guerra y debería ser para la paz”, afirmó. En ese sentido, recordó que el desafío no es solamente tecnológico, sino profundamente humano y moral.
Las virtudes necesarias para gobernar la tecnología
Durante la reflexión también recordó un mensaje del Papa Francisco dirigido a la Academia Pontificia de Ciencias Sociales en el que se subrayan cuatro virtudes fundamentales para orientar el desarrollo de la inteligencia artificial: justicia, sabiduría, fortaleza y templanza.
Estas virtudes, explicó Béliz, permiten pensar el desarrollo tecnológico desde una perspectiva que no se limite al poder económico o militar. Se trata de orientar la inteligencia artificial hacia el servicio de la persona humana y del desarrollo integral de los pueblos.
En este marco, insistió en que las decisiones tecnológicas deben estar acompañadas por criterios éticos claros que permitan evitar abusos y promover el bien común.
El riesgo de una concentración tecnológica global
Otro de los puntos analizados fue la fuerte concentración de poder en el desarrollo de la inteligencia artificial. Actualmente, explicó Béliz, las capacidades más avanzadas de computación y desarrollo de modelos están concentradas en muy pocas empresas tecnológicas a nivel mundial.
Esta situación podría derivar en lo que algunos analistas denominan una “tiranía tecnocrática”, donde un pequeño grupo de actores concentre una influencia enorme sobre la economía, la política y la vida cotidiana.
El especialista señaló que esta concentración se vuelve aún más preocupante cuando se combina con el uso militar de la tecnología o con sistemas automatizados que pueden tomar decisiones críticas.
La gran infraestructura detrás de la inteligencia artificial
Béliz también invitó a comprender que la inteligencia artificial no es solamente software o algoritmos. Detrás de esta tecnología existe una compleja infraestructura global que incluye satélites, centros de datos, cables submarinos, minerales críticos y enormes cantidades de energía.
Este entramado constituye lo que algunos especialistas describen como una gran “fábrica de la inteligencia artificial”, que involucra a múltiples sectores industriales y estratégicos.
Por eso, afirmó que el debate sobre inteligencia artificial debe considerar no solo los aspectos digitales, sino también sus dimensiones económicas, geopolíticas y ambientales.
Alfabetización digital y ética para las máquinas
Frente a este escenario, Béliz planteó la necesidad de una doble alfabetización digital. Por un lado, es necesario que las personas comprendan cómo funcionan estas tecnologías y puedan utilizarlas de manera crítica y responsable.
Por otro lado, también se vuelve necesario incorporar principios éticos dentro de los propios sistemas tecnológicos. “Tenemos que desarrollar una alfabetización de doble vía: enseñar a las personas a comprender la inteligencia artificial y también enseñarle ética y sabiduría a las máquinas”, señaló.
Esto implica diseñar sistemas que integren criterios de responsabilidad, transparencia y protección de la dignidad humana.
Un tratado internacional para regular la inteligencia artificial
Retomando las enseñanzas del Papa Francisco, Béliz recordó la propuesta de avanzar hacia un tratado internacional vinculante sobre inteligencia artificial. Este acuerdo permitiría establecer reglas claras para el desarrollo y uso de estas tecnologías, con mecanismos de control y sanción frente a posibles abusos.
La propuesta apunta no solo a prevenir riesgos, sino también a promover prácticas tecnológicas orientadas al desarrollo humano integral.
En ese sentido, el especialista remarcó que el futuro de la inteligencia artificial dependerá de la capacidad de las sociedades para gobernar estas herramientas con responsabilidad ética y visión de largo plazo.
No resignarse a la “dictadura de los algoritmos”
Finalmente, Béliz invitó a mantener una actitud activa y crítica frente al creciente poder de los algoritmos en la vida cotidiana. “No nos resignemos a lo que los algoritmos quieran hacer de nosotros manipulándonos”, advirtió.
Para el especialista, la clave está en recuperar la capacidad humana de discernimiento y de responsabilidad moral frente a las tecnologías que se desarrollan.
Recordó también una frase de San Agustín que sigue teniendo plena vigencia en el debate actual: “Si de los gobiernos quitamos la justicia, ¿en qué se convierten sino en una banda de ladrones en gran escala?”. Con esta cita, subrayó que el desarrollo tecnológico no puede separarse nunca de la justicia y del bien común.