A un año de la partida del Papa Francisco, su palabra sigue resonando como un eco vivo en el corazón de la Iglesia: misericordia. No como idea, sino como camino concreto para vivir el Evangelio hoy.
En el ciclo La Catequesis de Radio María Argentina, el padre Javier Soteras dedicó una emisión especial para hacer memoria agradecida del Papa Francisco, recorriendo su legado espiritual, pastoral y humano. Desde su experiencia cercana al pontífice argentino, el padre compartió no solo enseñanzas, sino también gestos, encuentros y huellas que siguen iluminando el presente de la Iglesia.
Si hay una palabra que sintetiza el paso de Francisco por la Iglesia, es misericordia. No como teoría, sino como experiencia viva.
“La Iglesia no es una aduana, es la casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas.”
El padre Javier subraya que Francisco no solo habló de la misericordia: la encarnó. Fue un Papa que mostró que Dios no ama a pesar de nuestra fragilidad, sino atravesándola.
Desde esta mirada, la Iglesia está llamada a:
Una Iglesia con puertas abiertas, donde nadie quede afuera.
Una de las expresiones más recordadas de Francisco fue: “Hagan lío”. Pero, ¿qué significa realmente?
No se trata de desorden superficial, sino de una revolución espiritual. El padre Javier lo explica como un llamado a cuestionar estructuras que ya no responden al hambre de sentido del mundo actual.
Es el lío del Evangelio:
Francisco no solo lo dijo: lo vivió. Y nos invitó a hacerlo con él.
Otro eje central del legado de Francisco es su insistencia en una Iglesia en salida.
“Prefiero una Iglesia accidentada por salir, antes que enferma por encerrarse.”
Las periferias —geográficas y existenciales— se vuelven el lugar donde Dios habla con más fuerza. Allí donde hay dolor, exclusión o descarte, Cristo espera.
El Papa argentino nos enseñó que:
En su encíclica Laudato Si’, Francisco dejó otro legado clave: la ecología integral.
“El clamor de la tierra y el clamor de los pobres son un mismo clamor.”
No hay dos crisis —una social y otra ambiental—, sino una sola crisis socioambiental. Cuidar la creación es también cuidar a los más vulnerables.
Este llamado sigue siendo urgente: la fe también se juega en cómo habitamos el mundo.
Francisco tuvo siempre una palabra especial para los jóvenes:
“Ustedes son el ahora de Dios.”
Lejos de verlos como futuro, los reconoció como protagonistas del presente. Los animó a no esperar, a comprometerse, a entregar su vida con generosidad.
Una invitación que sigue vigente: vivir hoy con sentido, con audacia y con esperanza.
Recordar a Francisco no es un ejercicio de nostalgia, sino un llamado a la conversión. Su vida nos recuerda que el Evangelio no se anuncia desde la distancia, sino desde la cercanía, la ternura y el compromiso.
La misericordia que predicó no es pasividad, es dinamismo. Nos pone en salida, nos incomoda, nos desinstala.
En un mundo marcado por la fragmentación, su legado nos invita a:
Tal vez hoy la pregunta no sea cuánto lo extrañamos, sino cuánto estamos dispuestos a continuar su camino.
Porque, como bien expresa el padre Javier, hay vidas que no terminan… se vuelven semilla.