En medio de tantas búsquedas, Jesús nos propone una pregunta profunda: ¿de qué se alimenta realmente tu corazón? No de lo inmediato, no de lo superficial… sino de aquello que da vida para siempre.
El padre Javier Soteras compartió una reflexión del Evangelio del día (Juan 6, 35-40), adentrándose en el sentido del “pan de vida” y en el desafío de aprender a escuchar, mirar y discernir la voluntad de Dios en lo cotidiano.
El Evangelio presenta a Jesús diciendo: “Yo soy el pan de vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre.”
Sin embargo, quienes lo escuchaban —como la samaritana con el agua— interpretan todo desde lo material. Quieren un pan que resuelva necesidades inmediatas, sin comprender que Jesús está hablando de algo mucho más profundo.
El padre Javier lo explica con claridad:“Comer del pan del cielo es lo mismo que creer en Jesús.”
El problema no está en la falta de fe… sino en una fe superficial, que no logra entrar en el lenguaje simbólico del Evangelio. Por eso, el camino comienza con una purificación interior:
Evangelio según San Juan 6,35-40:Jesús dijo a la gente: «Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed. Pero ya les he dicho: ustedes me han visto y sin embargo no creen.Todo lo que me da el Padre viene a mí, y al que venga a mí yo no lo rechazaré,porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la de aquel que me envió.La voluntad del que me ha enviado es que yo no pierda nada de lo que él me dio, sino que lo resucite en el último día. Esta es la voluntad de mi Padre: que el que ve al Hijo y cree en él, tenga Vida eterna y que yo lo resucite en el último día».