28/04/2026 – “Ningún niño nace odiando”. La frase resuena con fuerza en un contexto donde la violencia parece cada vez más presente en la vida cotidiana. Pero entonces surge la pregunta: si no nacemos así, ¿qué nos pasa en el camino? En el ciclo “Buscadores de sentido” de Radio María Argentina, la licenciada en Psicología y logoterapeuta Patricia Farías abordó una temática urgente: la violencia, sus raíces y la posibilidad real de transformarla desde el amor, el perdón y decisiones concretas.
Uno de los puntos centrales de la reflexión es claro: la violencia no forma parte de la naturaleza original del ser humano, sino que se aprende. Retomando una frase de Nelson Mandela, Farías lo expresó con claridad: “Ningún niño nace odiando… eso tristemente se aprende”.
Ese aprendizaje puede darse en distintos ámbitos: el entorno familiar, la escuela, la calle o los vínculos cotidianos. Cuando una persona crece en contextos donde la agresión, el resentimiento o la desvalorización están presentes, es más probable que reproduzca esas conductas. Pero esto no significa que esté condenado a repetirlas.
Muchas veces la violencia aparece como una forma de descarga. Se dice: “necesitaba sacar lo que tenía adentro”. Pero la pregunta que propone Farías es más profunda: ¿hay otra posibilidad además de explotar? La respuesta es sí. El problema no es sentir enojo o frustración —emociones humanas y comprensibles—, sino la forma en que elegimos expresarlas. La agresión verbal, el desprecio o el intento de “aniquilar” al otro con palabras no resuelven el conflicto. Al contrario, lo profundizan.
Otro eje importante es el vínculo entre violencia y heridas personales. Muchas reacciones desmedidas tienen su raíz en experiencias no resueltas de la infancia o la juventud. Sin embargo, Farías advierte algo clave: esas heridas pueden explicar lo que nos pasa, pero no justifican nuestras acciones.
El desafío de la madurez es justamente no quedar atrapados en el pasado, sino asumir la responsabilidad de sanar. Esto implica reconocer las heridas, trabajar el perdón y dejar de justificar reacciones destructivas. De lo contrario, la persona queda atrapada en un ciclo que repite el daño recibido.
En la entrevista aparece un testimonio concreto que ilumina este camino. El esposo de Patricia Farías vivió situaciones de violencia en su historia familiar. Sin embargo, tomó una decisión clave: perdonar y no repetir esa historia. Esa decisión no fue automática ni sencilla, pero marcó un antes y un después.
“No tenemos que repetir las historias que nos han hecho daño”, compartió la especialista. Este testimonio muestra que siempre existe una posibilidad distinta. No estamos determinados por lo que vivimos. Podemos elegir.
Frente a la violencia, la propuesta no es ingenua ni superficial. No se trata de negar el daño ni de no buscar justicia. De hecho, Farías también señala la importancia de actuar cuando corresponde, hacer denuncias o buscar caminos legales cuando hay situaciones concretas de violencia.
Pero al mismo tiempo, invita a una pregunta interior más profunda: ¿qué hago con lo que queda en mí después de lo que pasó? El resentimiento, el odio o el deseo de venganza pueden instalarse y condicionar toda la vida. Por eso afirma con claridad: el amor es la respuesta a la violencia.
Un amor que se expresa en el perdón, la reconciliación, la decisión de no repetir el daño y el compromiso de construir vínculos nuevos.
La transformación no ocurre de una vez y para siempre. Es un camino cotidiano. “Es una decisión que tenemos que ir tomando solo por hoy”, señaló Farías hacia el final del programa.
Cada día presenta nuevas situaciones, nuevas tensiones, nuevas oportunidades. Y en cada una de ellas aparece la misma posibilidad: responder desde la violencia o elegir otro camino.