06/05/2026 – En el marco del bicentenario del natalicio del beato Mamerto Esquiú, la Iglesia en Catamarca se prepara para vivir una serie de celebraciones que unirán la dimensión espiritual, histórica y comunitaria de una figura que dejó una huella profunda en la vida religiosa y política de la Argentina. Bajo el lema “Apóstol y ciudadano, servidor de la unidad”, las actividades previstas para los días 10 y 11 de mayo buscarán poner nuevamente en valor el legado del fraile franciscano, reconocido por su predicación, su amor a la patria y su compromiso con la reconciliación nacional.
Desde Piedra Blanca, tierra natal del beato, el padre Marcelo Amaya destacó el clima de preparación que se vive desde hace meses y remarcó el fuerte compromiso de toda la comunidad local con esta celebración histórica. “El año pasado ya arrancamos con reuniones, se formó una comisión junto a los franciscanos y muchos laicos comprometidos. Cuando llegué a la parroquia me encontré con una comunidad muy activa, con muchas ganas de preparar todo. Realmente todos aman mucho aquí a Fray Mamerto y trabajan tremendamente por la causa, deseosos también de que pueda concretarse el objetivo de verlo coronado con la gloria de los santos”, expresó.
Las jornadas incluirán peregrinaciones, celebraciones litúrgicas, actividades culturales, veladas artísticas y momentos populares que convocarán a fieles de distintos puntos del país. Entre las propuestas más significativas se destacan la misa en la Catedral de Catamarca junto a obispos de todo el NOA, una exposición sobre la vida del beato, una vigilia en Piedra Blanca y la gran celebración central del 11 de mayo con procesión, bendición y locro popular para los peregrinos. “A las doce de la noche vamos a hacer sonar las campanas, cantar el himno nacional, el himno a Catamarca y el himno a Fray Mamerto. Queremos que sea una verdadera fiesta del pueblo y de la fe”, señaló el sacerdote.
El padre Amaya también subrayó que el lema elegido sintetiza las dos grandes dimensiones que marcaron la vida de Esquiú: su profunda espiritualidad y su compromiso con la construcción de la Nación. “Queremos mirar estas dos facetas de Fray Mamerto: por un lado, su ser apóstol del Señor, testigo de Jesús con una vida espiritual profunda y franciscana; pero también su dimensión de ciudadano comprometido con una Argentina que estaba en plena construcción, con la búsqueda de la verdad, de la paz y de la conciliación”, explicó.
En ese sentido, el sacerdote consideró que el mensaje del beato conserva una enorme actualidad frente a los desafíos del presente argentino. “Necesitamos entendernos más, tenernos más paciencia y construir puentes donde podamos buscar una mayor reconciliación para la unidad. Porque en definitiva, cuando las posiciones se vuelven extremas, quienes terminan sufriendo son siempre los más pobres”, afirmó. Y agregó: “Creo que debemos reconocernos ciudadanos de una misma tierra, bajo un mismo manto, buscando el bien común y una patria fraterna, solidaria e inclusiva, donde haya lugar para todos”.
Al profundizar sobre las enseñanzas que deja la vida de Esquiú para la actualidad, Amaya sostuvo que el beato invita a vivir con hondura la fe y a asumir la responsabilidad ciudadana como parte de la vocación cristiana. “Lo primero es vivir profundamente nuestro bautismo, siendo verdaderos discípulos de Jesús. Lo segundo es entendernos ciudadanos de este tiempo y comprometernos con nuestra realidad concreta. Y lo tercero es trabajar por la paz, porque hoy más que nunca necesitamos pedirla como un don y construirla entre todos”, reflexionó.
Además, el párroco recordó que la figura de Fray Mamerto Esquiú trasciende las fronteras de Catamarca y Córdoba para convertirse en un referente nacional. “De niño yo lo reconocía sobre todo como el gran orador de la Constitución, pero con el tiempo fui descubriendo mucho más su dimensión espiritual, su humildad y su entrega. Él no buscaba honores ni gloria personal. Incluso cuando quisieron nombrarlo obispo de Buenos Aires, huyó de todo eso. Finalmente aceptó ser obispo de Córdoba porque entendió que era una misión que el Papa le pedía”, relató.
En la antesala de este bicentenario, la Iglesia catamarqueña espera que la celebración no sea solamente un homenaje histórico, sino también una oportunidad para redescubrir la vigencia de un mensaje profundamente ligado a la unidad, la paz y el compromiso con el bien común. Como resumió el padre Marcelo Amaya: “La vida y el compromiso de Fray Mamerto dicen muchísimo para este tiempo de nuestra Argentina”.