Crisis: cómo afrontarlas sin huir ni quedar atrapados en el problema

martes, 12 de mayo de 2026

12/05/2026 – Las crisis forman parte de la vida. Pueden surgir por problemas laborales, familiares, económicos, de salud o incluso por etapas de crecimiento personal. Algunas parecen pequeñas; otras nos desacomodan profundamente. Pero más allá de la situación concreta, hay una pregunta decisiva: ¿cómo respondemos frente a aquello que nos ocurre?

En el ciclo “Buscadores de sentido” de Radio María Argentina, la licenciada en Psicología y logoterapeuta Patricia Farías reflexionó sobre las distintas maneras de afrontar las crisis y explicó que, aunque muchas veces no podemos modificar lo que sucede, sí podemos trabajar la actitud interior con la que atravesamos esos momentos.

Desde la logoterapia —desarrollada por Viktor Frankl—, Farías señaló que toda crisis presenta dos posibilidades: peligro u oportunidad. El peligro aparece cuando la persona queda atrapada en el problema, generaliza y siente que “toda su vida” es una crisis. En cambio, la oportunidad surge cuando logra clarificar qué le está pasando, qué aspectos dependen de ella y cuáles no.

La importancia de “clarificar” lo que nos pasa

Uno de los conceptos más repetidos durante la entrevista fue la necesidad de “clarificar”. Para la especialista, atravesar una crisis no significa poner “todo dentro de la misma bolsa”, sino aprender a distinguir qué parte de la vida está realmente afectada y cuál no.

Muchas veces, explicó, un problema puntual termina contaminando toda la mirada sobre uno mismo: “me equivoqué en esto” y automáticamente aparece el pensamiento “soy un desastre en todo”. Ese mecanismo genera desesperanza y hace más difícil encontrar salidas. Por eso, el primer paso es “poner en limpio” qué está ocurriendo y no reducir toda la identidad a una sola dificultad.

En este proceso también resulta importante reconocer cómo cada persona está reaccionando frente a la crisis. Algunas respuestas aparecen casi automáticamente: huir, negar lo que pasa o querer controlar todo. Farías explicó que estas son las estrategias “primarias” o menos saludables.

La huida puede tomar muchas formas: evitar hablar del tema, distraerse constantemente, escapar físicamente o incluso rechazar cualquier intento de profundizar sobre lo que duele. En casos extremos, esa huida puede expresarse en conductas autodestructivas o en la búsqueda desesperada de algo que calme rápidamente el dolor.

La otra reacción frecuente es “luchar contra” todo lo que ocurre, intentando controlar situaciones que en realidad no dependen de uno. Allí aparecen la irritabilidad, el enojo constante, el mal humor y el desgaste emocional que termina afectando también los vínculos cotidianos.

Tomar distancia para encontrar una nueva perspectiva

Frente a estas respuestas impulsivas, la logoterapia propone estrategias más sanas: el autodistanciamiento y la autotrascendencia. Farías las describió como la posibilidad de tomar una distancia interior saludable para mirar el problema desde otra perspectiva, sin negarlo ni quedar absorbidos por él.

Esa distancia permite analizar mejor las emociones, clarificar qué se puede hacer realmente y descubrir nuevas oportunidades de crecimiento. A veces, explicó, la crisis invita a cambiar actitudes, salir de la queja, desarrollar empatía o abrirse más a la fe y al encuentro con otros.

En este camino, compartir lo que pasa también resulta fundamental. Sin embargo, Farías aclaró que no se trata de hablar con cualquiera, sino de encontrar “el mejor aliado”: alguien capaz de escuchar sin juzgar y ayudar a reflexionar.

La especialista compartió ejemplos muy concretos: hijos que no se animan a hablar con sus padres por miedo a respuestas duras, personas que atraviesan dificultades económicas en silencio o quienes rechazan ayuda porque sienten que aceptar límites físicos significa perder valor. Detrás de muchas de estas actitudes, explicó, suele haber pensamientos negativos que necesitan ser revisados.

Afrontar con valentía y abrirse a la esperanza

Para Patricia Farías, afrontar una crisis no significa pelearse con la realidad, sino mirarla de frente con valentía. “Lo afronto, voy para adelante”, resumió durante el programa.

Ese afrontamiento no garantiza resultados perfectos ni soluciones inmediatas, pero sí produce consecuencias profundas en la vida de la persona: más paz interior, claridad y capacidad de disfrutar nuevamente la propia vida.

La esperanza, en este sentido, no aparece como algo mágico, sino como el fruto de ponerse en camino. A través de la conciencia, la intuición, la fe y el diálogo con Dios, la persona puede ir descubriendo respuestas que le permitan salir del encierro y volver a ponerse al servicio de otros desde sus dones y capacidades.

Desde una mirada cristiana, este proceso también invita a confiar en que incluso las situaciones difíciles pueden convertirse en oportunidades de crecimiento interior. No porque el sufrimiento desaparezca automáticamente, sino porque toda crisis puede abrir preguntas profundas sobre quiénes somos, qué necesitamos cambiar y hacia dónde queremos seguir caminando.